Mi espacio utópico y catártico

Los aromas de la ciudad


090428ReformaLa semana ante pasada tuve que dejar mi coche en un taller de Ford por la entrada de la ciudad en la Autopista México-Cuernavaca. Como consultor independiente, no es agradable la idea de quedarme sin coche más de una semana dado que mi trabajo es andar por toda la ciudad visitando clientes. El detalle es que la aseguradora me asignó ese taller, el más cercano al hogar y era eso o quedarme con mi golpe.

Después del inventario de rigor confirmé que la mayoría de la gente te cobra por como te percibe, ¿porqué?

La primera vez que llegué a ese taller, la persona que me iba a recibir el coche me cotizó un rayón que cubre las dos puertas del lado izquierdo. El presupuesto era $3,500.

Ahora que sí lo dejé, otra persona del mismo taller me lo cotizó 5,500. Si la diferencia fuera de un 10% podría ser por la variación en la estimación de cada persona. Pero aquí la diferencia fue del 60% Lo cual indica dos cosas: una, que la persona exageró en su estimación y dos, de plano ve una oportunidad para sacarse una “lanita extra” en caso de que yo hubiera caído.

Una vez ya a pie, me dirigí hacia la Carretera Federal donde podría tomar un microbús para llegar a la casa. Generalmente me toma de 9 a 12 minutos en coche, dependiendo del tráfico. En microbus es otra historia. Con tanta parada que hacen y la forma de manejar tan ineficiente de estas entidades, a veces hago hasta 40 minutos para el mismo tramo. Por esto, resignado por el recuerdo del tiempo a “tirar” en el proceso, me dispuse a caminar hacia el lugar donde puedo tomar los blanquiverdes botes con ruedas.

El camino a la “parada” más cercana incluye cruzar algunos puentes peatonales. Era curioso como la gente me miraba desde abajo como si fuera yo el loco por haber tomado el puente en lugar de sortear los coches en plena carretera. Una señora incluso llevaba un bebé cargando y a una niña de unos 5 años de la mano. Pero qué se le va a hacer. Les ponen puentes y no los usan y cuando no los tienen ahí están cerrando calles para exigir que se los pongan.

Me sentía turista al encontrar detalles de esta parte de la ciudad que no había notado cuando voy manejando: Una casas con el techo plagado de macetas, un gimnasio oxidado, casitas para perros, etc. La percepción del mundo es muy agradable desde las alturas. Y viendo los techos de casas y de coches decidí mejor irme caminando desde ahí e ir descubriendo las cosas que me he perdido por ir conduciendo el auto.

Después de bajar el puente me encontré con todo pequeño nuevo mundo del cual no estaba consciente. Un mundo lleno de colores, personas, lugares y sobretodo de aromas que me encanta percibirlos aunque a veces no tanto.

La mayoría de las calles por esta zona tienen una banqueta, pero es tan pequeña que, difícilmente se puede caminar por ellas. Hmmm y pensar que yo criticaba a esas personas que van debajo de la acera cuando yo voy circulando en mi coche. Voy a buscar ponerme en el lugar de las personas antes de hacer conclusiones.

Es curioso encontrar fachadas de casas y negocios cubiertas de garabatos y wannabes de grafitti, mientras que otras se encuentran sin rastro alguno de vandalismo. Perfectamente pintadas e intachables. ¿Será que los que viven en ellas son los que pintan y dejan su casa libre de estas rayoneadas?

Mientras iba caminando algo curioso sucedía. Mi nariz pasaba de percibir incienso a percibir aromas frutales. Luego, olor a encerrado, a humedad, a flores, a mercado, a carne, a humanos… Algunas casas despedían sus aromas individuales otras, “ni fú ni fa”. Al principio no le dí mucha atención, pero cambiaban tanto los aromas que me regresé más de dos veces a verificar que efectivamente el olor saliera la casa por la que estaba pasando.

Si lo pienso dos veces, no es raro el fenómeno. No acostumbro caminar por las calles – de hecho, me sentía como turista – y dado que el camino es todo el tiempo de subida – al menos 30 metros desde donde comencé a caminar – entonces por el esfuerzo iba hiperventilando. Quiero pensar que eso estimuló a la nariz y bueno.. . fue, como canta Enrique Iglesias, una “experiencia religiosa” La voy a repetir más seguido y voy a turistear por el D.F. para seguir percibiendo “los aromas de la ciudad”

🙂

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2 comentarios

  1. Karla Cano

    MMMMMM, todo un escenario para tu maravillosa capacidad olfativa.

    junio 25, 2009 en 12:40

  2. R@U

    =) Así es Karla… y quiero maaaas 😉

    junio 25, 2009 en 12:55

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