El día de ayer acudí a las oficinas de un amigo para revisar algunos pendientes que teníamos. La zona es una mezcla rara entre oficinas y casas por lo que es algo difícil encontrar un lugar para estacionar el auto y más cuando éste mide más 4.5 metros de largo.

Finalmente encontré un lugar a unos metros de las oficinas y caminé entre calles. Terminada la cita, noté que la funda del Nextel se encontraba vacía, pensé que la había dejado en la primera cita que tuve ya que ahí contesté una llamada. Llamé por el iPhone – qué conveniente resulta a veces contar con varios medios de telecomunicación – pero me dijeron que no estaba ahí. La tensión ya era evidente; imaginé lo que tendría que hacer: 1. Cancelar la línea, levantar el acta de robo para que el seguro lo repusiera, avisar a los clientes con proyectos corriendo en este mes y el siguiente que no iba a estar disponible (el iPhone es sólo para familia y amistades), hacer los trámites para el nuevo equipo, etc.

Ya algo molesto, llamé a mi propio número con la esperanza de escuchar una voz conocida del otro lado. Sin embargo, contestó alguien desconocido – sentí como una descarga de adrenalina recorrió mi cuerpo y pensé para mí: “ya valió” 😦 – pero no fue así.

“Encontré un radio tirado en la calle de Sacramento, traté de marcarle a alguien en él pero no pude” – dijo el señor al otro lado del teléfono.

“Gracias señor efectivamente, es uno color azul, ¿no es así?” – apuré a contestarle –

“Sí es azul. Mire yo ya llegué a mi trabajo pero puede usted venir por él.” – dijo amablemente el señor. Mientras yo no cabía en mi de gusto. “Muchas gracias señor, en unos minutos llego con usted.” Le dí mi nombre, él el suyo y me dispuse a recoger el radio.

Al llegar a las “Memorables” cerca del WTC llamé nuevamente al Nextel y me indicó el señor dónde lo podía ver para entregarme el radio. Fue cuando conocí al buen Jesús Aguayo. Le quise dar una gratificación pero se negó y sólo me dio el teléfono y una sonrisa. De todos modos dejé mi tarjeta para que me llamara cuando tuviera alguna necesidad respecto a algo que tuviera que ver con tecnologías.

Actos como los de Don Jesús me devuelven la confianza de que todavía hay gente buena en esta ciudad. Es una frase trillada, sin embargo, así es. Suelo ser muy desconfiado en casi todos los aspectos de mi vida, me cuestiono de todo y casi siempre busco respuestas. Esta vez, no tuve que buscar los porqués, saltó ante mí la evidencia de una persona honrada 🙂

Saludos

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