Mi espacio utópico y catártico

Cómo me viví el mundial


Nunca he sido afecto a disfrutar los deportes en TV. Tal vez sea porque desde pequeño me gustó más jugarlos y el verlos en TV me parecía sin chiste ya que no era yo el que tenía control sobre los marcadores. Los juegos que disfruto son los finales sobre todo del Super Bowl porque ya sólo son dos equipos y casi siempre no le voy a alguno, sólo los veo por la convivencia.

Este mundial de soccer no fue la excepción, me emocionó un poco al ver un factor de unión para prácticamente cada persona que se denominara Mexicano. Sin embargo, me empecé a sentir invadido al ver soccer, literalmente, por todos lados, sentí que era demasiado. Después, la molestia aumentó porque se detenía el país cuando la selección mexicana jugaba. No me gustaba ya que lo poco que vi de los partidos era evidente una selección laxa que distaba mucho de los súper jugadores a los que los medios se empeñaban en idealizar.

Lo que fue colmando mi tolerancia hacia los “aficionados” y al mundial en general fueron varias cosas no tan positivas:

– Los borregos. Gente que nunca le había gustado el soccer, de repente ya era aficionada “de hueso colorado” Tenían que ver los partidos a como diera lugar, se sentían directores técnicos porque sabían la alineación ganadora y opinaban convencidos de que tenían la razón en la boca. ¿De cuándo a acá? Tal vez es el deseo de pertenecer a algo… y el mundial les dio esa oportunidad: patético.

– Los medios, empeñados en meter el mundial a los televidentes por todos lados. Santificando a unos jugadores, ignorando a los poco comerciales y satanizando a quién les convenía. Complacientes con el vulgo y seguramente con el gobierno que necesita proveer de circo a su nación ignorante, conformista y fácilmente manejable.

– El gobierno, que aprovechó para bombardear con sus nauseabundos comerciales proselitistas y mezclarlos con el ambiente del mundial para que la euforia fuera contagiada. Aprovechó para crear impuestos, subir precios y aprobar leyes sin importancia pero con un seguro valor personal para ellos.

– Los vándalos y parásitos que so pretexto de “festejar” se emborrachan, realizan actos vandálicos y molestan y atacan a todo aquél que use estar en desacuerdo con su equipo, su deporte o sólo por que sí. Lo peor es que los verdaderos aficionados los justifican pregonando que están contagiados por la emoción del mundial. O sea que todo se vale porque está el mundial.

– La intolerancia hacia los que no nos gusta celebrar al deporte. De plano tuve que tomarlo a broma y asentar mi posición “No mundialista” porque si no era tachado de antisocial, de sangrón, arrogante, intelectual (como si fuera un insulto) y tontería sin razón; sólo porque no comparto “la emoción del mundial”

– El que se les pague tan bien a un grupo de jugadores para que regresen perdedores, sin dar la satisfacción de haber jugado con todo. Más bien parece que van, juegan como pueden y al final saldrán con un “se hizo lo que se pudo pero al final ellos nos superaron” Me recuerdan a los juegos olímpicos donde la mayoría de los que no ganaron medalla o tronaron a medio camino salían diciendo que estaban SATISFECHOS con su actuación porque habían dado todo. AHHHH! Asqueroso porque si eso era todo para ellos quería decir que está el país en un hoyo muy por debajo de todos los otros países. Daban ganas de ahorcarlos.

En fin, los días con los juegos fueron pasando y este domingo jugó la selección mexicana con la selección Argentina. La gente confunde y dice “juega México contra Argentina” ¡NO PENDEJOS! juegan sólo un puñado de cabrones y no van en contra, no es guerra, no es política, no son naciones, son sólo jugadores. Y me dicen “Tú me entendiste. Así se dice. No seas mamón” Claro, como la mayoría se refiere así a los juegos entonces ya debe decirse así. Lo correcto está mal.

Mi hermano tuvo a bien reservar en un restaurante al sur de la ciudad de México. Confieso que la idea no me emocionó ya que hay que lidiar con los “aficionados”, el tráfico y además pagar para a veces sufrir pero bueno, hay que convivir y podría ser interesante.

A la entrada del restaurante estaba un señor vistiendo una playera con la leyenda “Argentina” no era deportiva, no era de su selección, era sólo una playera como la que se puede adquirir en el aeropuerto del país en cuestión. Me pareció loable ya que, a pesar de estar en un país hostil y retrógrado, arriesgándose a ser agredido, él la portaba orgulloso. Me quise tomar una foto con él, pero podría haber sido mal interpretada mi intención. Yo lo admiraba pero podría pensar que me burlaba.

Había ya familias donde sólo faltaba el perico. Casi todos con playera negra o verde, maquillaje, peluca, con todo, una combinación o alguna de todo. Desde niños de menos de 5 años hasta los abuelos. Todos con cara de ilusión y esperando que el sueño se cumpliera: la selección de México en la final. También llegaron unos sacerdotes que pudieron ser o no católicos pero eso sí, comieron, bebieron y se fueron… viva la austeridad de las iglesias.

Durante los primeros minutos todo fue emoción, gritos, mentadas de madre y uno que otro tocando su vuvuzuela. Me encantó estar ahí ya que actualizaba Twitter, Facebook, tomaba fotos, observaba a la gente y todo era un circo divertido con actos y caras de todo tipo. Había niños que compartían la emoción de los padres. Otros a punto de llanto al ver a su mamá gritando groserías o a su papá golpeando la mesa y tirando los vasos. Eso ya no me gustó.

El juego tuvo sus “detalles” igual que en el de Inglaterra que le robaron un gol. La gente intolerante mentaba madres e insultaba al por mayor: al árbitro, al director técnico mexicano, a Armando Maradona, a Heinze (que por cierto es un teatrero) y así. El timeline de Twitter se notaba cargado de emociones de todo tipo: esperanza, ánimo, desesperanza, ira, miedo, tristeza. Parecía una guerra entre naciones. Pensaba en aquel Argentino del otro lado del restaurante. ¿La gente lo respetaría? ¿Saldría vivo del restaurante?

Al terminar el juego salimos a pedir el auto al estacionamiento y ahí estaba el Argentino platicando con otra persona. Parece que había ido con la esperanza de encontrarse a un connacional o tal vez lo dejaron plantado ante el miedo de lo que podría pasar de ganar Argentina. Nadie le prestaba mucha atención, la mayoría mentado madres pero en voz baja y cuidando que él no los escuchara. Cabe mencionar que el Argentino tenía cara de pocos amigos y además se notaba de constitución fuerte. Cualquier altercado hubiera podido controlarlo con un puñetazo y para eso, en la cara nadie se le puso enfrente, todo a espaldas.

Ya en casa, sentado frente a mi computadora a eso de las 9PM, me puse a leer los estatus y comentarios de las redes sociales en las que estoy. Fue una desilusión terrible el leer amistades, familiares y colegas haciendo comentarios xenofóbicos y por demás estúpidos contra los argentinos. Pocos admiraban o felicitaban a la selección argentina por su desempeño, que por cierto, fue muy superior al de la selección mexicana. Otra razón por la que no me gustan estos eventos mundiales. La gente se lo toma mal y se deja llevar por las emociones y sacan lo peor de sí. Nadie piensa, se vuelve cavernícola y se lleva entre las patas a quién no esté de su lado. Una verdadera tristeza.

Los pocos que tenían el valor de discutir mi comentario – “Qué triste leer los comentarios xenofóbicos contra Argentina… Jugaron bien y son favoritos de siempre para ganar mundiales, ya supérenlo.” – se justificaban diciendo que ellos hacen lo mismo para con nosotros y que nosotros somos mejores por darles empleo cuando tuvieron problemas. Reverendas estupideces que hacen que dé vergüenza el saber que son directores de empresa, padres de familia o jóvenes futuro de México.

Tal vez algún día esos eventos mundiales sirvan para que la gente reflexione y se supere; para unir personas en vez de separarlas y para ejercitar la tolerancia. Acepto que hice varias cosas por molestar a los aficionados pero sirvió para que unos pocos quisieran preguntarme porqué lo hacía, y en vez de atacarme de ahí surgió un diálogo por más, positivo y enriquecedor.

Tal vez estoy mal por no emocionarme lo suficiente. Sin embargo, estoy seguro que estoy en lo correcto al reconocer las diferencias, las fortalezas y debilidades de los equipos y el verlo como lo que es: un juego y no tomarlo personal y en contra de todo un país. Ok ok también soy intolerante, sobre todo ante la estupidez, pero no insulto y miento madres a toda una nación sólo porque le ganaron a 11 pendejos que jugaron soccer.

En fin… escribiendo aquí me ahorro el psicólogo 😛

Abur

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5 comentarios

  1. Daniela

    Pienso que el enojo y sobre todo la desilusión de la gente se produjo por el hecho de que el equipo estaba jugando bien. Bastaba ver como Maradona no dejaba de gritar y dar manotazos tratando de encauzar a su equipo (antes del primer gol, claro).

    No pienso que la culpa la tengan los argentinos (ellos sólo aprovecharon la desconcentración del equipo mexicano que no daba crédito de lo que les estaba pasando) ni el árbitro.

    Si bien el equipo y los técnicos mexicanos no supieron aprovechar los juegos contra Sudáfrica y Uruguay lo que hace la FIFa es una mentada de madre.

    ¿Cómo es posible que a estas alturas los árbitros no puedan utilizar la repetición para salir de dudas? Ellos que tanto hablan del – fair play – son los primeros que con sus reglas arcaicas provocan este tipo de situaciones. Si no, pregúntale a los ingleses qué piensan del gol que les robaron 😉 jajaja estoy segura que tampoco se expresaron muy bonito de los alemanes.

    Si la gente de aquí se sintió robada, puedo imaginarme lo que sintío la que pagó para ir hasta Sudáfrica!

    Para que veas que no sólo en México se cuecen habas eh! 😉 Donde hay dinero, hay ratas.. por muy internacional que sea el evento.

    junio 28, 2010 en 15:13

  2. julian alvarez

    Coincido contigo, el problema es el fanatismo estúpido. Como pasa con las religiones, mientras no se ponen fanáticos no pasa nada.
    Excelente blog

    junio 29, 2010 en 12:42

  3. Christina

    Bueno bueno, yo que sí soy aficionada, leyendo esto me siento como “del pueblo” pero nimodo…en verdad a mí sí me gusta el futbol. Desafortunadamente el gobierno aprovecha para aprobar leyes, subir precios, etc, pero no por eso voy a dejar de ver un partido, lo disfrute o no.

    junio 29, 2010 en 18:23

  4. Christina

    Por cierto qué mal se ve el conejo en esa foto…jaja.

    junio 29, 2010 en 18:24

  5. Leo

    buena columna para ser de alguien que no le gusta el fut, pero pues ahi de todo, borregos fanaticos, gente que es analista o estudioso, en este ultimo ento yo, a mi en lo personal si suelo hacerme espacio para vcr mundiales y partidos los fines de semana, al menos para mi es una distraccion de todas las cosas que pasan en el mundo y prefiero estar atento a eso que a las malas noticias en la tele, ahora bien, al momento de ver un partido tambien tiene cosas de fondo que si lo analizas, es muy parecido a la vida porque es: impredecible, emocionante, en cierto punto justo, y te muestra cosas como por ejemplo, si en un partido fallas 3 o 4 ocasiones de gol, paralelismo con la vida seria, deja pasar oportunidades de crecimiento y probablemente no llegues a un punto mejor que en el que estas; o del lado piscologico como cambia un equipo despues de recibir o anotar un gol, en la vida esto entra en una satisfaccion o una mala noticia, y depende de ti como lo encamines, a veces un partido de futbol no solo son 22 monos corriendo atras de un balon, tambien tiene otros puntos de analisis que se pueden sacar y tomar una actiud buena para mejorar nuestras vidas!
    y sino cuando menos ya nos distrajo 2 horas de las malas noticias que rondan en el mundo
    saludos viejo y animo solo quedan 1 semanas de mundial

    julio 5, 2010 en 04:04

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