Mi espacio utópico y catártico

Historia triste… de hotel


Hace una semana tuve a bien viajar a Panamá. Es un país bonito con muchísima inversión y desarrollándose a pasos agigantados. Aunque voy de trabajo, siempre me emociona la idea de salir de la ciudad, además de que es espacio y tiempo para mí – que estando en México luego no puedo tener – para reflexionar sobre “equis” o “ye” o simplemente para pensar tonterías.

La vez pasada que estuve en este país, a pesar de que iba con mis jefes – generalmente cuando van los jefes el viaje es más jet set 😉 – no hubo ningún tipo de lujo. El hotel en el que nos quedamos era viejo y con menos comodidades que cualquier motel de paso que se pueda uno encontrar en la Calzada de Tlalpan en la Ciudad de México – la gente que vive por esos lares sabe bien a qué me refiero al escribir “menos comodidades” – La conexión a la red era intermitente y dependía de cuánta gente había en el lobby y en el bar; no tanto porque esa gente se conectara a la red, sino porque con sus cuerpos atenuaban la señal.

En fin, esta vez quise cambiar la experiencia porque es imperativo que tenga conexión a mis correos y a mis carpetas de Dropbox. En la agencia de viajes de la oficina me enviaron una lista de hoteles y de ahí hice una búsqueda rápida verificando fotos de las instalaciones, ubicación y que tuvieran la bendita conexión a Internet, ya fuera por Ethernet en la habitación o por WiFi. Mi selección fue un hotel que presumía de tener alberca, una bella vista al océano Atlántico y por supuesto, con WiFi 🙂 Pedí entonces que me reservaran en ese hotel y me dispuse para disfrutar de una estancia feliz como casi todas las que he tenido cuando viajo por trabajo. Bien dice el dicho que la ignorancia es una bendición.

Seleccioné mi asiento en el sitio Web de la aerolínea y como casi nunca documento, pude llegar 1 y media hora antes al aeropuerto a pesar del tránsito tan pesado en la ciudad de México. Ya en el aeropuerto, tuve tiempo de comprar un té en el ya común Starbucks y leer acerca de la nueva Starbucks card 😛 – ya que consumo tanto de ahí, me pareció buena idea lo de los puntos – Una vez en el avión, el asiento junto a mi no se ocupó y en la ventana se sentó una mujer que no habló en todo el vuelo, me puse los audífonos para poder disfrutar de la película de “Stardust” en el iPad… todo parecía estar en perfecta armonía.

La pesadilla comenzó en el aeropuerto Tocumen de Panamá, llegué a las 8:00 de la noche y se había formado una fila inmensa en la línea de extranjeros para pasar migración. Por otro lado, la firma para residentes y nacionales vacía pero no atendían a ningún extranjero en ella. ¿Qué chingados tienen en la cabeza esas personas? Ya que salí de ahí, llegué al área de aduanas donde se formaron filas reales y virtuales. Éstas últimas, convergían al final en una real haciendo que ambas avanzasen más lento.

Al salir del aeropuerto no había dónde tomar taxi, era el aperre absoluto. Había unas entidades con gafetes cuyo trabajo se suponía que era el acomodar a la gente en el transporte. Sin embargo, no servían de mucho porque tan pronto se acercaba un shuttle o un auto con el letrero de taxi – o sin él porque la mayoría estaban pintados de blanco sin algo que los identificara como taxi – la gente se atiborraba robándoselos unos a los otros. Viniendo de México tal vez podría estar acostumbrado a este tipo de actitudes, pero no era así.

Me di cuenta que en Panamá los taxis son colectivos, es decir, un mismo taxi en el mismo viaje puede llevar a más de un pasajero con distintos destinos. La suerte me sonrió porque un par de mujeres de buen ver estaban abordando una SUV y una de ellas me preguntó “¿Buscas taxi?” – “Sí quiero un taxi” – me apresuré a responder – “Sube aquí con nosotras”. No sé si el cansancio y la desesperanza de no saber qué hacer hicieron que me subiera con ellas sin cuestionarme o el darme cuenta que me habían escogido a mi en lugar de un señor gordito que iba a abordar con ellas.

El camino tomó cerca de una hora. Platicamos a gusto y en el mismo argot ya que ellas también trabajan en tecnologías de información y viajan continuamente como yo. Además, tenían apariencia agraciada; eran venezolanas. No me fijé que al lado del asiento del conductor iba sentado otro hombre en silencio y dado que estaba chaparrito no se notaba con la cabecera del asiento; él se bajó en el Crowne Plaza. El hotel se veía muy bien, una entrada elegante con un ser humano disfrazado del clásico chofer de limosina. Las mujeres descendieron en el Bristol, más pequeño pero igual de elegante. Una de ellas tenía un cuerpo curvilíneo y delgado y al despedirse me guiñó un ojo. Pensé para mi “Ah, ese guiño indica que de aquí en adelante todo va a salir bien”

El chofer me preguntó si estaba seguro de que el “Dos Mares” era mi hotel. Abrí la hoja de reservación que llevaba conmigo aun sabiendo que era el hotel correcto y le confirmé que sí. “Es que el hotel al que va no es de dos o de una estrella, no llega ni siquiera a una de las puntitas” – me respondió incrédulo. “No creo que esté tan mal porque en las fotos aparecía un restaurante moderno y la alberca tenía la apariencia del Fiesta Inn al que llegué alguna vez en Acapulco en México” – al terminar la frase me di cuenta de lo absurdo de mi argumento y que había tomado una mala decisión respecto al hotel.

El susodicho hotel del terror

La foto que pusieron en el Trip Advisor no mentía, era el mismo hotel pero en persona bajaba de categoría considerablemente. La mujer de la recepción parecía Aunt Jemima pero en cyborg y con toda la actitud de Roz de la película Monsters, Inc. “Aloha!” – me apresuré a saludar. – Cero expresión en esa cara regordeta y brillosa como charol. “Tengo una reservación a mi nombre” – le dije un tanto serio – “Su identificación” – sólo le faltó hacer beep al terminar la frase. Escribió el número de mi pasaporte en la hoja de registro (cuaderno Scribe forma italiana a doble raya) me dio la llave de la habitación y el control remoto de la TV.

Llaves y control remoto

Al tomarlos en mi mano, tuve un flashback a los días en los que iba a Acapulco y me hospedaba en cualquier hotelucho de mala muerte para ir a visitar a una novia que vivía allá. ¡Joder! ¿en qué lugar me habían hospedado?”

Al entrar en la habitación me encontré con una cama matrimonial cuyo colchón era más delgado de lo normal. No estaba muy aguado ni muy duro, ahí no puedo quejarme más que de la apariencia. Estaba vestida con una colcha cuya tela tenía textura como de cubre tapa de WC y tenía un olor peculiar… me recordó a un hotel de paso. Encima, dentro de una bolsa de plástico transparente estaban dos toallas y dos jabones Rosa Venus???

Abrí la bolsa incrédulo y ahí estaban frente a mi dos jabones Rosa Venus originales hechos en México. Suelo viajar con un pequeño kit que incluye jabón líquido (body wash), shampoo, rastrillo para afeitarme, pasta de dientes, mi crema de noche – sí aunque suene ridícilo -, la crema del día con SPF 30, la crema para párpados y el aplicador para eliminar las bolsas de los ojos cuando me desvelo. Precisamente esta vez no metí ni el jabón líquido ni el shampoo… shit happens! Pensé para mis adentros.

Una pequeña ventana con vista al mar y a una esquina del hotel Acapulco – para acabar de tener un flashback completo – y un bañito como de los años 80s pero con un tanque gigante que seguramente desperdicia mucha agua.

Hecho a la idea de no iba a tener las comodidades que generalmente espero cuando viajo, saqué el iPad y me decidí probar la red inalámbrica, puse la clave y entró sin problemas. Probé en el ya conocidísimo Speedtest.net y contaban con decentes 4Mbps. Me acosté boca abajo en la cama y aprovechando que la cama era chaparrita, coloqué el iPad en el suelo para desde ahí navegar.

La habitación sólo estaba iluminada por un foco por lo que no se tenía gran visibilidad y al estar usando el iPad estaba un poco “lampareado” De repente, el suelo parecía que tenía movimiento. “¿Pero qué carajos es esto?” – me levanté casi volando levantando el iPad del suelo y mirando a su alrededor verificando que no se le hubieran subido los bichitos que pululaban por el suelo. Eran diminutos como esas pulguitas que luego tienen las plantas, como la mitad de una cabeza de alfiler. No quise averiguar qué eran, pero parecía que sólo había uno que otro en el suelo. Me quedé observando detenidamente el suelo por algunos minutos para evaluar la magnitud del problema pero sólo apareció otro; no era una plaga.

Cerca de las 2 de la mañana me dio hambre… lo normal hubiera sido pedir room service pero aquí no habría eso. Decidí levantarme y preguntar si había algún bar o restaurante. En el lobby me indicaron que el hotel “Acapulco” abría las 24hrs, pero que no me recomendaban caminar más lejos… “Gracias” – asentí rápidamente y me dirigí a Acapulco.

No se veía tan mal el restaurante. Era como de los 70s con una barra y las mesas tipo tendero. Un señor de raza negra estaba sentado en la barra y un policía se encontraba sentado en una de las mesas cenando. Me acerqué a la barra y le saludé a la mesera que estaba cercana con un “Buenas noches. ¿Podría prestarme su menú por favor?” – se dignó a mirarme y me extendió su menú. Pinche gente, luego por qué no deja uno propina. Pedí un sandwich de jamón y queso y una coca cola. Más tarde llegó otra mesera quién me entregó el sandwich y también parecía que “amaba” su trabajo tanto como la otra. Esta vez, en vez de engancharme seguí siendo amable y cortés a pesar de su mal genio. Al final sirvió porque cuando le pagué me sonrió – le di propina – y me deseó buenas noches. Parece que la gente no ha de ser muy amable con ellas y al final se dio cuenta que mi intención era tratarla con respeto.

Por la mañana pasé al restaurante y fue cuando caí en cuenta por qué no pensé mal del hotel. El restaurante es el que aparece en la foto de Trip Advisor y se ve más que decente. El desayuno – incluído en la tarifa de la habitación – no estuvo mal, pero decidí irme a lo seguro. Pensé que cuando me hospedo en Holiday Inn en otros países siempre he quedado satisfecho, decidí cambiarme al de Panamá. El único detalle es que se encuentra algo lejos del área donde iba a trabajar ya que, de “City of Knowledge” donde yo estaba, hasta Punta del Este, son casi 45 minutos de camino. Sin embargo, valió la pena ya que quedé casi frente al canal y la vista era extraordinaria. Nuevamente el equilibrio del Universo me había puesto donde tenía que estar.

La vista desde el Hotel del Terror

La vista desde el Holiday Inn – City of Knowledge 🙂

La historia de terror terminó bien y como experiencia la agradezco, pero con el equipo que cargo en cada viaje ya no me vuelvo a arriesgar a los comentarios de Trip Advisor o de Despegar dado que los dueños pueden colocar los únicos comentarios positivos dando una idea errónea de la experiencia de hospedarse en el lugar.

Consejo: Si hay menos de 8 reseñas… mejor no pelarlas y buscar otro lugar.

Abur

Actualización Agosto de 2013

Cambié el título de la entrada porque hubo varias entidades lectoras que se sintieron engañadas por el título. Esperaban encontrarse con una historia que les calara los huesos y se encontraron con una entrada con una experiencia cuyo título, debo aceptar, estuvo exagerado 😉 Así que ahora la llamé “Historia triste… de hotel” 😛

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9 comentarios

  1. Eres bárbaro al escribir! Ya te lo había comentado, tienes talento escribiendo y acomodando las ideas; definitivamente transportas al lector al lugar… Y bueno, hasta eso no te fue tan mal; ya que buscabas una excelente conexión, y no leo queja alguna de ello.Para la otra no olvides tu body wash 😉

    enero 16, 2012 en 21:50

    • R@U

      Eso sí, cada piso tenía su Access Point por lo que no había atenuación en la señal. Ya leerás en breve el desenlace 😉 Y sip ya no vuelvo a olvidar mi body wash jajaja

      Saludos y gracias por comentar

      enero 16, 2012 en 23:08

  2. velia

    que buena historia de terror jajajaa tiene razón la chica del comentario anterior, transportas al lugar y lo que vives, hermosa la vista del canal de panama

    bsitos

    junio 30, 2012 en 00:37

  3. Alguien ha estado en el Gran Hotel Armele? Mi madre y yo viajaremos a Asuncion a fines de agosto y nuestro agente de viajes nos sugirió este hotel. Alguna recomendacion? El vecindario o la zona donde esta este hotel es seguro y centrico?

    septiembre 18, 2012 en 05:36

  4. Paola

    Hoteles de panama casi todos son asquerosos ni hablar de los restaurante

    noviembre 15, 2012 en 16:11

    • Vete a la mierda

      Estás segura que son casi todos asquerosos? se deberán parecer a los de méxico…quizá buscas lo más barato tacaña…

      abril 1, 2013 en 15:01

    • Luis

      Disculpame pero hay muchos restaurantes buenos en Panama, y areas muy buenas para hospedarse tambien, apuesto a que no pagaste mas de 50 dolares por noche, te comento, con 50 dolares, conseguiste un lugar relativamente bien, you get what you pay for, porque si comentas que te cambiaste al holiday inn de la ciudad del saber seguramente has tenido que pagar una diferencia, noto por tu estilo de escribir, “aunt jemima” y sr de raza negra, que has de ser una persona de tez blanca que le dan miedo entonces el 90 porciento de la poblacion panameña o de cierta forma repudia nuestro color de piel, sencillamente, te recomiendo, si no te gusta, no vengas todas las culturas son diferentes, y recuerda, hay tres tipos de servicio, barato, rapido, y bueno. Si es barato y rapido no puede ser bueno, si es bueno y rapido no puede ser barato, y si es barato y bueno no puede ser rapido, atte un panameño que tristemente entro en tu blog.

      septiembre 2, 2013 en 17:20

      • R@U

        Estimado Luis, tienes razón, “I got what I paid for” el hotel estaba listado en 60Euros por noche que serían razonables 90USD. Pero esperaba mucho más por esa tarifa.

        Respecto a lo que comentas sobre la gente de color, te equivocas. No tengo ningún repudio ya que tengo amigos y clientes de diversas razas y los de raza negra o de color – ya no sé como escribirlo para que no te sientas ofendido – son sumamente cálidos y amables. Hice la distinción con el señor en la barra porque, estando en otro país, soy descriptivo para que el hipotético lector se haga la idea de lo que escribo. Pudo haber sido de raza criolla, oriental, blanca, o cualquier otra. El señor era de raza negra y lo escribí.

        La señora de la recepción, además de que se veía como la señora de la marca de Hot cakes, también se veia como la Monsters.

        Pienso que no hay porqué ofenderse. Tal vez estás más sensible de lo común. Lo que sí, nota también, que al principio elogio el desarrollo y lo impresionante que fue para mi Panamá.

        Siento en verdad haberte ofendido porque es lo último que busco en el blog. SIn embargo, no se puede dar gusto a todo el mundo.

        septiembre 23, 2013 en 11:50

  5. karo

    No le vi nada de TERROR perdi el tiempo

    diciembre 31, 2012 en 12:30

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