¿Comentar o no comentar?

Cuando buscamos en la Web información generalmente nos enfocamos en leer las publicaciones que encontramos; tal vez unas 2 o 3 fuentes para poder tener referencias y confirmar lo que hallamos. Sin embargo, pocos hacemos caso de los incomprendidos comentarios. Sólo los pelamos cuando se trata de videos en YouTube o Vimeo o de los chistes o citas que publican nuestros amigos en Facebook o Twitter. ¿Por qué son olvidados cuando estamos buscando algo fuera del entretenimiento? Los comentarios a veces son más importantes que la publicación en sí.

Alguna vez leí el artículo “5 Ways iOS kicks Android in the Teeth” en un blog denominado ExtremeTech de por qué iOS (sistema operativo en iPhone, iPad y iPod) en su versión 5, era mejor que Android (sistema operativo de Google en varios teléfonos – Samsung, LG, HTC, etc.  El blog se supone que es serio y al leer la publicación se tenía la sensación que el que lo había escrito conocía de ambos sistemas operativos y los comparaba siendo inmisericorde con Android.

Si le echan un vistazo a los comentarios, los usuarios y conocedores de Android pusieron en su lugar al autor enumerando sus errores y evidenciando que no sabía de lo que estaba hablando. Si me hubiera quedado con el artículo, me hubiera quedado con la información equivocada, pero los comentarios no sólo evidenciaron y corrigieron lo que estaba mal, sino que proporcionaron más información y complementaron la publicación.

En resumen, es recomendable leer la publicación junto con sus comentarios por las siguientes razones:

–          Proporcionan un nivel de confianza, aunque sea relativo o sesgado, es mejor que nada.

–          Generan una discusión sana, en la mayoría de las ocasiones, donde los lectores proporcionan su punto de vista que puede diferir del autor y darnos un mayor criterio sobre lo que leemos.

–          Complementan la información de la publicación.

–          Mantienen la publicación más o menos al día dependiendo de la fecha de los comentarios.

–          Desmienten cualquier error u omisión que el artículo pudiera tener.

Así que, para la próxima que lean, comenten o si no, por lo menos lean los comentarios que hay.

Abur

What would XXX do?

Pienso que alguna vez en nuestra vida hemos escuchado a alguien decir la frase: “¿Qué haría _____ en esta situación?” Donde ____ varía dependiendo de la persona, sus creencias o hasta su humor. Los americanos mencionan a Jesús usando “What would Jesus do?” y es el título de esta columna (Me da risa los que usan la palabra “columna” para denominar a sus escritos) entrada.

La semana pasada estuve en San José, Costa Rica y ya tengo una entrada al respecto ya que me gustó la cultura ecológica que ahí se vive – pero eso es tema para otra ocasión – Estando en el hotel y regresando de trabajar con el cliente que fui a visitar, me encontré en una disyuntiva: eran alrededor de las 7 de la noche (8 en México de donde soy ouriundo ;)) y acababa de cerrar la puerta de la habitación del Holiday Inn donde me hospedé. Desabroché el pantalón – había comido abundantemente – me quité los zapatos y calcé unas pantuflas de $40 pesos de supermercado para descansar un poco los pies.

El confort que sentí al estar en mi habitación fue delicioso: 22°C según el clima automático. Las pantuflas acariciaban la planta de mis pies en cada paso. Tenía conmigo una botella con agua que había comprado en el Wal Mart cerca de las oficinas de mi cliente y en el iPad me esperaba un App que recién había comprado para llevar una bitácora.

Me había prometido llegar al hotel e ir a nadar o al gimnasio – generalmente no me cumplo esas “promesas” que surgen de la emoción de un momento de culpa como ese día por haber comido postre y café por gula.

“¡Joder! he comido demasiado hoy así que llegando voy al gym o me echo una buena nadada en la alberca”

Estrictamente hablando, no fue una promesa pero así me la tomo. Ahhh pero la habitación estaba más que deliciosa, me encontraba algo cansado y con el delicioso sopor de cuando al interior de mi panza los procesos digestivos están haciendo su chamba.

“Bueno. 10 minutitos de escuchar música y ver mis correos y luego parto.” – me dije a mi mismo en voz alta y tono condescendiente.

Me puse los audífonos que ahora  llevo cuando vuelo en avión: Unos Sony NC-60 que tienen una excelente fidelidad y además cancelan los sonidos parásitos del ambiente. Al escuchar Pink Floyd en ellos me transporté a una sala de conciertos con mi mismo como único espectador. Me senté en el coach y subí los pies a la cama para poder disfrutar “Hey you” Ahhh tuve un eargasm(orgasmo auditivo) cuando llegó la parte final y gritan: “Hey you, don’t tell me there’s no hope at all. Together we stand, divided we fall.”

Abrí el iPad y me puse a navegar por Apps y me detuve en el Eye Witness del diario británico The Guardian. Las fotografías son impresionantes y puede uno perderse varios minutos observando los detalles, el contexto y los tips de cómo se tomó cada una. Luego se me antojó jugar Plants vs Zombies y fue en ese momento cuando la “promesa” del gimnasio se hizo presente en mi mente.

“Fuck!, pero estoy bien rico” – pensé mientras me estiraba cual perro negro 😉

Apagué la música y me detuve un momento para tomar energías y, según yo, prepararme para ir al quinto piso donde se encontraba la alberca y el gimnasio. Entonce vino la trillada cuestión “Qué es lo que Jesús haría?” Pero ¿por qué Jesús? yo ni siquiera soy católico o religioso. ¿Por qué llegó a mi cabeza eso? … entonces, me quedé en la habitación.

¿Por qué me quedé en la habitación si seguramente Jesús de Nazareth hubiera tomado su túnica y sandalias deportivas para dirigirse al gimnasio?

Bueno, yo no soy Jesús. Soy Rodrigo y como tal, decidí quedarme en la habitación y echar la huevita cual salmón en temporada de desove. Pero el hacerme la pregunta de qué haría otra persona en mi lugar me dejó pensando. A veces actúo de acuerdo a lo que terceros esperan de mi. En el caso de mi vida profesional, es un hecho que a quien reporto espere que haga mi trabajo, pero fuera de eso, pienso que no deberíamos actuar acorde a lo que otros esperan que hagamos.

Alguna vez alguien me cuestionó acerca de convivir con una sobrina que en aquel entonces era menor de edad.

“Güey no mames. Está chiquita. ¿Qué es lo que estás buscando ahí? – recuerdo que me dijo en tono de sorpresa.

“No estoy buscando algo. Me gusta su compañía y en este momento tenemos algo en común de lo cual platicamos y compartimos.” – le contesté; palabras más, palabras menos.

“Pero es que, ¿qué va a pensar la gente? ¿Qué harías si fueras tú su papá? – me cuestionó en un tono inquisitivo.

“Si fuera su padre seguramente respetaría la decisión de mi hija de… Espera. No sé qué chingados haría si lo fuera, pero no lo soy. Creo que te estás proyectando. Has de pensar que voy a hacer algo que tú harías con ella o te tienes alguna especie de celo o incomodidad porque me siento en la libertad de hacer lo que me venga en gana sin preocuparme por gente como tú que hasta lo que no come les hace daño.”

Al final, mi amigo abrió su criterio y entendió mi punto y hasta se disculpó por haberme cuestionado.

Entiendo que por sociedad, tradición, medios de comunicación masivos y el “sentido común”, se pueden pensar cualquier cantidad de cosas de una situación extraordinaria. Y si nos preguntamos antes de actuar qué haría “fulanito de tal” sea Jesús de Nazareth, William Wallace, Batman, Hitler, la madre teresa de Calcuta, Ghandi o quién sea, no pasarían las cosas. No tendríamos oportunidad de vivir, experimentar y a veces equivocarnos.

Según los sacerdotes católicos y su biblia, Jesús era un bienhechor que no le interesaban las mujeres. Yo no lo creo. Si estaba galán, popular y además convertía el agua en vino, estoy seguro que tenía sus very own groupies. Su grupo de fans from hell que en la primera oportunidad le robarían un beso o todo si lo pudieran lograr. No me puedo imaginar un Jesús ajeno a ello, pero según la iglesa católica y en este caso mi amigo, no debería tratar a mi sobrina. Primero porque es menor de edad y segundo porque es eso: mi sobrina.

Mi recomendación, en vez de preguntarnos ¿qué haría XYZ en tal situación? podríamos preguntarnos lo siguiente:

  1. Si lo que haré va a afectarme o a terceros.
  2. Si al hacerlo obtendré algún beneficio, conocimiento, experiencia o simplemente seré mejor persona haciéndolo que dejándolo de hacer.
  3. Si al no hacerlo me sentiré inquieto o a disgusto por la omisión.

No soy autoridad moral, pero escribo lo que pienso y lo que vivo. Si te sirve amable lector, te lo regalo. Si no… bueno, te entretuve unos minutos 😉

Abur.

Historia triste… de hotel

Hace una semana tuve a bien viajar a Panamá. Es un país bonito con muchísima inversión y desarrollándose a pasos agigantados. Aunque voy de trabajo, siempre me emociona la idea de salir de la ciudad, además de que es espacio y tiempo para mí – que estando en México luego no puedo tener – para reflexionar sobre “equis” o “ye” o simplemente para pensar tonterías.

La vez pasada que estuve en este país, a pesar de que iba con mis jefes – generalmente cuando van los jefes el viaje es más jet set 😉 – no hubo ningún tipo de lujo. El hotel en el que nos quedamos era viejo y con menos comodidades que cualquier motel de paso que se pueda uno encontrar en la Calzada de Tlalpan en la Ciudad de México – la gente que vive por esos lares sabe bien a qué me refiero al escribir “menos comodidades” – La conexión a la red era intermitente y dependía de cuánta gente había en el lobby y en el bar; no tanto porque esa gente se conectara a la red, sino porque con sus cuerpos atenuaban la señal.

En fin, esta vez quise cambiar la experiencia porque es imperativo que tenga conexión a mis correos y a mis carpetas de Dropbox. En la agencia de viajes de la oficina me enviaron una lista de hoteles y de ahí hice una búsqueda rápida verificando fotos de las instalaciones, ubicación y que tuvieran la bendita conexión a Internet, ya fuera por Ethernet en la habitación o por WiFi. Mi selección fue un hotel que presumía de tener alberca, una bella vista al océano Atlántico y por supuesto, con WiFi 🙂 Pedí entonces que me reservaran en ese hotel y me dispuse para disfrutar de una estancia feliz como casi todas las que he tenido cuando viajo por trabajo. Bien dice el dicho que la ignorancia es una bendición.

Seleccioné mi asiento en el sitio Web de la aerolínea y como casi nunca documento, pude llegar 1 y media hora antes al aeropuerto a pesar del tránsito tan pesado en la ciudad de México. Ya en el aeropuerto, tuve tiempo de comprar un té en el ya común Starbucks y leer acerca de la nueva Starbucks card 😛 – ya que consumo tanto de ahí, me pareció buena idea lo de los puntos – Una vez en el avión, el asiento junto a mi no se ocupó y en la ventana se sentó una mujer que no habló en todo el vuelo, me puse los audífonos para poder disfrutar de la película de “Stardust” en el iPad… todo parecía estar en perfecta armonía.

La pesadilla comenzó en el aeropuerto Tocumen de Panamá, llegué a las 8:00 de la noche y se había formado una fila inmensa en la línea de extranjeros para pasar migración. Por otro lado, la firma para residentes y nacionales vacía pero no atendían a ningún extranjero en ella. ¿Qué chingados tienen en la cabeza esas personas? Ya que salí de ahí, llegué al área de aduanas donde se formaron filas reales y virtuales. Éstas últimas, convergían al final en una real haciendo que ambas avanzasen más lento.

Al salir del aeropuerto no había dónde tomar taxi, era el aperre absoluto. Había unas entidades con gafetes cuyo trabajo se suponía que era el acomodar a la gente en el transporte. Sin embargo, no servían de mucho porque tan pronto se acercaba un shuttle o un auto con el letrero de taxi – o sin él porque la mayoría estaban pintados de blanco sin algo que los identificara como taxi – la gente se atiborraba robándoselos unos a los otros. Viniendo de México tal vez podría estar acostumbrado a este tipo de actitudes, pero no era así.

Me di cuenta que en Panamá los taxis son colectivos, es decir, un mismo taxi en el mismo viaje puede llevar a más de un pasajero con distintos destinos. La suerte me sonrió porque un par de mujeres de buen ver estaban abordando una SUV y una de ellas me preguntó “¿Buscas taxi?” – “Sí quiero un taxi” – me apresuré a responder – “Sube aquí con nosotras”. No sé si el cansancio y la desesperanza de no saber qué hacer hicieron que me subiera con ellas sin cuestionarme o el darme cuenta que me habían escogido a mi en lugar de un señor gordito que iba a abordar con ellas.

El camino tomó cerca de una hora. Platicamos a gusto y en el mismo argot ya que ellas también trabajan en tecnologías de información y viajan continuamente como yo. Además, tenían apariencia agraciada; eran venezolanas. No me fijé que al lado del asiento del conductor iba sentado otro hombre en silencio y dado que estaba chaparrito no se notaba con la cabecera del asiento; él se bajó en el Crowne Plaza. El hotel se veía muy bien, una entrada elegante con un ser humano disfrazado del clásico chofer de limosina. Las mujeres descendieron en el Bristol, más pequeño pero igual de elegante. Una de ellas tenía un cuerpo curvilíneo y delgado y al despedirse me guiñó un ojo. Pensé para mi “Ah, ese guiño indica que de aquí en adelante todo va a salir bien”

El chofer me preguntó si estaba seguro de que el “Dos Mares” era mi hotel. Abrí la hoja de reservación que llevaba conmigo aun sabiendo que era el hotel correcto y le confirmé que sí. “Es que el hotel al que va no es de dos o de una estrella, no llega ni siquiera a una de las puntitas” – me respondió incrédulo. “No creo que esté tan mal porque en las fotos aparecía un restaurante moderno y la alberca tenía la apariencia del Fiesta Inn al que llegué alguna vez en Acapulco en México” – al terminar la frase me di cuenta de lo absurdo de mi argumento y que había tomado una mala decisión respecto al hotel.

El susodicho hotel del terror

La foto que pusieron en el Trip Advisor no mentía, era el mismo hotel pero en persona bajaba de categoría considerablemente. La mujer de la recepción parecía Aunt Jemima pero en cyborg y con toda la actitud de Roz de la película Monsters, Inc. “Aloha!” – me apresuré a saludar. – Cero expresión en esa cara regordeta y brillosa como charol. “Tengo una reservación a mi nombre” – le dije un tanto serio – “Su identificación” – sólo le faltó hacer beep al terminar la frase. Escribió el número de mi pasaporte en la hoja de registro (cuaderno Scribe forma italiana a doble raya) me dio la llave de la habitación y el control remoto de la TV.

Llaves y control remoto

Al tomarlos en mi mano, tuve un flashback a los días en los que iba a Acapulco y me hospedaba en cualquier hotelucho de mala muerte para ir a visitar a una novia que vivía allá. ¡Joder! ¿en qué lugar me habían hospedado?”

Al entrar en la habitación me encontré con una cama matrimonial cuyo colchón era más delgado de lo normal. No estaba muy aguado ni muy duro, ahí no puedo quejarme más que de la apariencia. Estaba vestida con una colcha cuya tela tenía textura como de cubre tapa de WC y tenía un olor peculiar… me recordó a un hotel de paso. Encima, dentro de una bolsa de plástico transparente estaban dos toallas y dos jabones Rosa Venus???

Abrí la bolsa incrédulo y ahí estaban frente a mi dos jabones Rosa Venus originales hechos en México. Suelo viajar con un pequeño kit que incluye jabón líquido (body wash), shampoo, rastrillo para afeitarme, pasta de dientes, mi crema de noche – sí aunque suene ridícilo -, la crema del día con SPF 30, la crema para párpados y el aplicador para eliminar las bolsas de los ojos cuando me desvelo. Precisamente esta vez no metí ni el jabón líquido ni el shampoo… shit happens! Pensé para mis adentros.

Una pequeña ventana con vista al mar y a una esquina del hotel Acapulco – para acabar de tener un flashback completo – y un bañito como de los años 80s pero con un tanque gigante que seguramente desperdicia mucha agua.

Hecho a la idea de no iba a tener las comodidades que generalmente espero cuando viajo, saqué el iPad y me decidí probar la red inalámbrica, puse la clave y entró sin problemas. Probé en el ya conocidísimo Speedtest.net y contaban con decentes 4Mbps. Me acosté boca abajo en la cama y aprovechando que la cama era chaparrita, coloqué el iPad en el suelo para desde ahí navegar.

La habitación sólo estaba iluminada por un foco por lo que no se tenía gran visibilidad y al estar usando el iPad estaba un poco “lampareado” De repente, el suelo parecía que tenía movimiento. “¿Pero qué carajos es esto?” – me levanté casi volando levantando el iPad del suelo y mirando a su alrededor verificando que no se le hubieran subido los bichitos que pululaban por el suelo. Eran diminutos como esas pulguitas que luego tienen las plantas, como la mitad de una cabeza de alfiler. No quise averiguar qué eran, pero parecía que sólo había uno que otro en el suelo. Me quedé observando detenidamente el suelo por algunos minutos para evaluar la magnitud del problema pero sólo apareció otro; no era una plaga.

Cerca de las 2 de la mañana me dio hambre… lo normal hubiera sido pedir room service pero aquí no habría eso. Decidí levantarme y preguntar si había algún bar o restaurante. En el lobby me indicaron que el hotel “Acapulco” abría las 24hrs, pero que no me recomendaban caminar más lejos… “Gracias” – asentí rápidamente y me dirigí a Acapulco.

No se veía tan mal el restaurante. Era como de los 70s con una barra y las mesas tipo tendero. Un señor de raza negra estaba sentado en la barra y un policía se encontraba sentado en una de las mesas cenando. Me acerqué a la barra y le saludé a la mesera que estaba cercana con un “Buenas noches. ¿Podría prestarme su menú por favor?” – se dignó a mirarme y me extendió su menú. Pinche gente, luego por qué no deja uno propina. Pedí un sandwich de jamón y queso y una coca cola. Más tarde llegó otra mesera quién me entregó el sandwich y también parecía que “amaba” su trabajo tanto como la otra. Esta vez, en vez de engancharme seguí siendo amable y cortés a pesar de su mal genio. Al final sirvió porque cuando le pagué me sonrió – le di propina – y me deseó buenas noches. Parece que la gente no ha de ser muy amable con ellas y al final se dio cuenta que mi intención era tratarla con respeto.

Por la mañana pasé al restaurante y fue cuando caí en cuenta por qué no pensé mal del hotel. El restaurante es el que aparece en la foto de Trip Advisor y se ve más que decente. El desayuno – incluído en la tarifa de la habitación – no estuvo mal, pero decidí irme a lo seguro. Pensé que cuando me hospedo en Holiday Inn en otros países siempre he quedado satisfecho, decidí cambiarme al de Panamá. El único detalle es que se encuentra algo lejos del área donde iba a trabajar ya que, de “City of Knowledge” donde yo estaba, hasta Punta del Este, son casi 45 minutos de camino. Sin embargo, valió la pena ya que quedé casi frente al canal y la vista era extraordinaria. Nuevamente el equilibrio del Universo me había puesto donde tenía que estar.

La vista desde el Hotel del Terror

La vista desde el Holiday Inn – City of Knowledge 🙂

La historia de terror terminó bien y como experiencia la agradezco, pero con el equipo que cargo en cada viaje ya no me vuelvo a arriesgar a los comentarios de Trip Advisor o de Despegar dado que los dueños pueden colocar los únicos comentarios positivos dando una idea errónea de la experiencia de hospedarse en el lugar.

Consejo: Si hay menos de 8 reseñas… mejor no pelarlas y buscar otro lugar.

Abur

Actualización Agosto de 2013

Cambié el título de la entrada porque hubo varias entidades lectoras que se sintieron engañadas por el título. Esperaban encontrarse con una historia que les calara los huesos y se encontraron con una entrada con una experiencia cuyo título, debo aceptar, estuvo exagerado 😉 Así que ahora la llamé “Historia triste… de hotel” 😛

Historias de gimnasio S02-1

Ahh hoy es el segundo día de gimnasio del año. Ayer otro poco y no voy, pero todos esos fracasos de los años pasados sirvieron para empujarme y no dejar de ir. Además me animé pensando “¿Quién demonios va a estar yendo con este frío, el segundo día del año y a estas horas?” Pues creo que los de siempre ya que el gimnasio estaba casi con la misma cantidad de personas de siempre.  Esta va a ser la historia de gimnasio S02-1. La primera fue muy corta L de hecho, sólo fue el preliminar, pero comenzaré ahora con la experiencia.

Las estadísticas…

Los números a esta altura son horribles L pero servirán para registrar el avance y también para apreciar el volumen adiposo acumulado en partes estratégicas de mi anatomía.

– Peso neto encueradín por la mañana    105Kg

– Talla de pantalón (que no apriete)         38

– Talla de camisa (White collar dude)        17 ½ 44

– Largo de… bueno no, ya es demasiada información.

Éste es el máximo peso en el que he estado y para mis 1.74m de altura es sumamente pesado. Nunca he estado delgado, bueno sí 😛 pero mi constitución es robusta y no es por narcisista pero no me veo mal 😉
Pero bueno, los objetivos son los siguientes:

– Peso 85 Kg de musculín y grasita en pompas y piernas

– Talla de pantalón ni muy muy ni tan tan 33 (sip algunas marcas tienen talla 33)

– Talla de camisa 16 ½ 33 (era la talla que usaba cuando salí de la universidad)

– Lo demás seguro se modifica para bien 😉

Ayer llevé el monitor cardiaco Polar FT 80 super plus que alguna vez comenté aquí. Pero necesito cambiar mi rutina.

Los números registrados on site

– Caminadora: 2.20Km en 20mins (Estoy comenzando poco a poco. ¿Ok?)

– Bicicleta: 9Km, 18mins en resistencia 8 y 12mins en resistencia 6.

– 80 abdominales con peso añadido en silla vertical

– Frecuencia Cardiaca:

  • Zona 1 (de huevita) 19:25mins
  • Zona 2 (quema de grasa) 31:08
  • Zona 3 (cardio) 14:36
  • 807 Kcal quemadas de las cuales 16% fueron grasita
  • Promedio 139 al 76%
  • Máxima 167 al 91%

– Tiempo total del ejercicio: 65mins

– Playlist: Metal… no me gustó.

To do:

– Cambiar la rutina en el Polar.

– Cambiar el playlist por uno de Workout con un poco de todo.

– Llevar mis sandalias porque ayer no me pude bañar porque las olvidé.

Al rato escribiré la aventura del día en el gimnasio 😉

Actualización del 05/Ene

Pues estuvo, no hasta su madre, pero con bastante gente. Éste club “Entrenna” me agrada porque tiene alberca, se encuentra convenientemente cerca de mi casa y porque tiene poco más de un año de haber abierto. Lo que no me agrada es que, una vez que has probado los “Fitness” ya nada es igual:

  1. Hay que pagar 6 pesos por toalla mediana y 3 por la chica
  2. Las regaderas no tienen puerta por lo que todo aquel que le guste el mismo sexo se echa unos tacos de ojo de miedo.
  3. Son más económicos por ende, lo frecuentan más entidades que no quisieras encontrarte, porque en los Fitness también hay, pero no son tantas.
  4. Algunos aparatos no son tan high tech como en los “otros”.
  5. No tiene cuadrilátero de box ni la pared para escalar que encuentras en algunos de los “otros”.

En fin, no es tan crítico. Sin embargo, casi todos los días me encuentro con al menos, 2 entidades que o me hacen reir o me incomodan; tampoco hay medias tintas, me río o los odio. Este día me subí a la caminadora a trotacaminar los reglamentarios – por ahora – 20 minutos. Como había algo de gente, sólo había una libre y la tomé. El ritual es como sigue:
Subo a la caminadora, hago el hand shake del iPhone con los audífonos – son Bluetooth -, selecciono el Playlist, dado que acabo de comenzar, activo el monitor cardiado aka Polar y selecciono el tipo de ejercicio. Finalmente selecciono el programa en la caminadora y me aseguro que el ritmo cardiaco se lea en la misma.

¿Cuánto me puede tomar? 1 minuto, máximo 2. Ah pero fue demasiado para una señora con constitución tipo “Hut” de Star Wars y que, literalmente, sólo le faltaba traer puesto el delantal. Vestía unos pants, no sucios, puercos. Con una playera dos tallas la que debía usar y que dejaba ver tres hileras de lonjasenos – no se sabía cuál era cuál – con trenzas y una cinta, quiero pensar que para el sudor, en la cabeza.

Se acercó a mi y percibí ese aroma a rancio de una persona con problemas hepáticos o con poca higiene bucal. Volteé a verla antes de que dijera palabra alguna alertado por el buqué que emanaba de su humanidad y fue cuando preguntó con desdén:

“¿Qué? ¿La va a usar o va a jugar con su teléfono joven?” – dijo con un tonito como de “viene viene”

Desafortunadamente, el tufo me tomó por sorpresa y sólo alcancé a contestar con un “Disculpe, no le oigo” – y señalé los audífonos. Se dio la vuelta y se dirigió a una caminadora donde una mujer parecía estar terminando su rutina. ¡Joder! ¿Por qué no se reservan el derecho de admisión?” Pero bueno, esa mujer debió haber pagado también para estar ahí pero no deja de ser desagradable. Lo que sí, eso me motivó a caminar un poco más rápido imaginando a ese “Hut” persiguiéndome.

Después de las abdominales y los ejercicios de pierna, ya había olvidado el incidente. Además de que debo reconocer que también asisten unas criaturas que, mentiría si dijera que los ojos no se desvían de repente, excelsos cuerpos esbeltos, bien torneados y además que se ven sanos y fuertes. Espero hoy encontrármelas ya que prefiero ver a “Padmés” que “Jabba the Huts”

Abur

La primer entrada de 2012

Como ha sido costumbre, es primer día del año y estoy escribiendo la primer entrada del mismo. El 2011 se fue y no lo extrañaré. Por supuesto tuvo sus momentos especiales que tienen su espacio importante en mis recuerdos, pero fue también un año donde estuve cerca de personas que quiero y que no les fue tan bien y personalmente no llevé a cabo prácticamente nada de lo que me propuse.

Hace 7 años no había Twitter. Facebook se percibía complejo – obvio lo decían los usuarios de una cosa rara llamada Hi5 – y pocas personas lo usábamos en México. Si quería compartir algo con el mundo, éste era el medio ideal. Aquí publicaba mis pensamientos, mis fotografías, mis mentadas de madre, etc.

Ahora que Twitter es tan común y que prácticamente toda entidad que usa computadoras tiene su cuenta en Facebook, blogs como éste – que no es tan famoso y por lo mismo visitado por uno que otro despistado o amable lector que me conoce – han perdido el valor con el que contaban antes. Habrá gente que no esté de acuerdo, pero a la mayoría le da flojera leer y dado que Twitter te regala en 140 caracteres el sentir inmediato de alguien pues…

En fin, uno de mis propósitos es compartir mis pensamientos y andanzas aquí. Twitpic está interesante, igual que Yfrog, Flickr y demás servicios para compartir “media” pero aquí se queda en un sólo lugar. Mi blog es completa y absolutamente mío. No tiene nadie que abrir una cuenta, ni ser mi contacto, ni seguirme, ni pedir permisos … nada. Sólo tienen que entrar aquí y listo.

Gradualmente iré revisando lo que he compartido en TwitPic y me lo traeré para acá. No me es tan importante que lo vean diez o veinte personas, con que quedé aquí para la posteridad para la gente que quisiera saber de mi, qué pienso, qué hago y qué les quiero compartir, me doy por servido 🙂

Finalmente, quiero sugerir algo para este 2012. A varios les dará hueva, otros comulgarán conmigo en esto, no hay medias tintas.

Aprovecha que empieza el año para hacer un inventario de contraseñas. Es atemorizante la cantidad de logins y contraseñas de los lugares donde tenemos cuenta. En mi caso, tengo 266 entonces puede volverse una pesadilla el tratar de mantener o recordar contraseñas diferentes para esto. Por ello, he querido desde hace tiempo compartir estos tips 😉

1. Registra tu información de acceso tan pronto generes una nueva cuenta.

Existen herramientas para administrar contraseñas. Yo uso SplashID desde que tenía la Clié. Si no quieres adquirir una herramienta, una tabla en una hoja de cálculo con cinco columnas (sitio o aplicación, fecha de acceso, usuario, contraseña, clave para recuperar contraseña) sirve perfectamente.

2. Usa nemotecnia para generar contraseñas.

– Escoge una palabra “maestra”, para casos del ejemplo -> “macintosh”

– Intercala números y mayúsculas en la misma palabra -> “M4c1nt05H

– Va a haber lugares que te pidan además, agregar símbolos, entonces agrega en medio y al final algo sencillo, un guión bajo “_”, un ampersand “&” o una diagonal “/” -> “M4c1&nt05H/

– Finalmente agrega las iniciales de la aplicación, cuenta o sitio Web al que pertenece la contraseña. Por ejemplo:

Yahoo -> “M4c1&nt05H/Y

Google -> “M4c1&nt05H/G

Linked In -> “M4c1&nt05H/LI

y así…

Siempre recordarás tu palabra maestra y la forma en que lo generaste dado que no estás usando sólo la memoria, sino que estás razonando tu contraseña: la palabra, con letras y números, caracteres especiales y el lugar a donde pertenece 🙂

3. Cambia tus contraseñas, por lo menos cada año. Aprovecha que ya empezó el 2012 y así podrás ademas, identificar las cuentas que ya no usas o las que necesitas activar.

4. NUNCA compartas tus contraseñas, ya que si alguien conoce tu palabra “maestra” y el algoritmo a través del cual generas tus contraseñas… bueno, va a tener acceso a todas tus cuentas. Olvídate eso de que “mi pareja y yo no tenemos secretos” Algún día algo  pasará que recordarás este post. Ni tu pareja, ni tus padres, ni tu mejor amig@ deben tener acceso a tus contraseñas. No es porque quieras guardar secretos. Es porque TÚ y SÓLO TÚ puedes hacerte 100% responsable de ellas. No puedes dejar la responsabilidad a terceros.

Que sea entonces un 2012 en el que nos elevemos por encima del ego, lo mundano y lo vanal y que podamos ver el mundo con ojos de amor, comprensión y hermandad.

Abur y gracias por leer.

R@U

2011 in review

The WordPress.com stats helper monkeys prepared a 2011 annual report for this blog.

Here’s an excerpt:

The concert hall at the Syndey Opera House holds 2,700 people. This blog was viewed about 39,000 times in 2011. If it were a concert at Sydney Opera House, it would take about 14 sold-out performances for that many people to see it.

Click here to see the complete report.

Correo BBVA falso (phishing)

Otro caso mediocre de phishing.

El correo llega con el asunto:

“07/07/11 -Estimado cliente, favor de realizar el proceso de verificacion para evitar una futura perdida de datos.”

Desde la dirección Bancomer.com <notificacionbcom@serviciobancomer.com>

Desde ahí ya podemos sospechar que es un engaño dada la dirección del remitente que hasta eso, se rompieron la cabeza pensando en una dirección de remitente. El remitente real es nobody@tank.rack25.net fácilmente identificable al leer el encabezado del correo. El rastreo de la IP de la fuente nos lleva hasta España, para ser más preciso Madrid. ¿Será que allá está el servicio a cliente de Bancomer México? 😉

El contenido del correo es el siguiente:

 

Puede engañar a más de uno, parece el contenido de un correo válido de Bancomer. Sin embargo, al colocar el cursor sobre la dirección supuesta de http://www.Bancomer.com que, por cierto, no debería tener el Bancomer en mayúsculas por simple convención de la gente de sistemas , nos encontramos con una dirección que no tiene nada que ver con Bancomer:

http://xxxxxxxxxxxx.mx/hdznava/100023.html que, aunque el dominio es mexicano, se encuentra en Estados Unidos

Lo único que hace esta página es redireccionar a otra en otro dominio que también está en Estados Unidos

 

Si vemos a dónde nos  lleva en la barra de direcciones notaremos que no tiene nada qué ver con Bancomer. Si hacemos clic en cualquiera de las ligas no llevan a ninguna parte. Las ligas están rotas. Ni siquiera se tomaron la molestia de ligar a la página real de Bancomer.

Ya te imaginas que pasa si introduces tu número de tarjeta y tus claves: Le estás facilitando a un delincuente el acceso a tu cuenta.

 

Ya que colocaste todas tus claves, la página se tarda convenientemente un par de minutos en responder, dándole tiempo para revisar tu cuenta y hacer operaciones fraudulentas.

¿Cómo identificar el  phishing?

1. El contar con un antivirus de verdad ayuda mucho. De verdad me refiero a comprar uno no esas versiones “lite” que puedes descargar gratis, porque eso es precisamente lo que vas a obtener: un antivirus gratis con protección gratis. Aunque hasta el mejor antivirus es falible, aquí con todo y mi antivirus pude abrir el sitio y en el correo sólo me dio una advertencia respecto a las imágenes adjuntas.

2. Verificar el remitente de los correos que te llegan de instituciones bancarias o de cuentas tipo PayPal, Amazon, etc. La dirección debe tener sentido bancomer.com, paypal, amazon, etc. Esto es fácilmente truqueable, pero por lo menos es una pista. Si te es posible, revisa el encabezado del correo, ahí te indica exactamente de dónde viene el correo, en este caso, aunque decía que el correo era de notificacionbcom@serviciobancomer.com el remitente real era nobody@tank.rack25.net. 

3. Verificar las ligas dentro del correo. Éstas aunque muestren una dirección en el texto, al colocar el cursor sobre ellas, se muestra el destino real. Deben apuntar a un dominio que te haga sentido o que conozcas ya. Por ejemplo, esta liga dice www.microsoft.com pero si das clic en ella te lleva a Apple 😉

4. Al entrar a un sitio web donde debas introducir tu usuario y contraseña, revisa que la dirección empiece con https y no sólo con http. Esto quiere decir que estás entrando a un sitio que debió verificar su identidad para poder emitir esa “s” en su dirección, además de que toda la información que entra y sale de esa página, se encuentra cifrada, es decir, viaja en clave y no en claro.

5. Usa el sentido común. Todo el conocimiento y antivirus del mundo pueden ser confundidos o inahbilitados, pero tu sentido común ayuda a librarte de situaciones potenciales de robo de información.

Abur