Mi espacio utópico y catártico

Existencialismo

La conspiración de los empleados de salchichonería.

¿A cuántos nos ha pasado que compramos algún producto de salchichonería en nuestro supermercado favorito y al llegar a casa, nos encontramos con una sorpresa, muchas veces desagradable, acerca de lo que pedimos? Por ejemplo, un simple jamón de pechuga de pavo natural en rebanadas delgadas, se transforma en un mazacote de trozos de carne de distintos grosores y texturas que van desde el centro del paquete de jamón, hasta las orillas. Parece que les hicieron un nudo al empaquetar el trozo y se quedó permanentemente marcado en la carne. ¡¡No mamen!!!

He intentado romper la maldición yendo a distintos supermercados en distintos lugares. He usado distintas maneras de hacer mi solicitud: desde hiper amable, que implica usar diminutivos indiscriminadamente:

– Hola. Muy buenos días. ¿Sería tan amable de darme medio kilito de jamoncito de pechuguita de pavo natural  marca XXXXX (coloque aquí la que más le agrade) por favor? Si no es mucha molestia, rebanadas delgaditas por favor. Como si fuera para bebé si fuera usted tan amable.

Y te responden:

– No quiere pechuga salteada YYYYY la tenemos en oferta.

Ah porque ahora son “embajadores” de marca y a huevo te quieren vender algo de la marca que llevan bordada en la cofia o en la batita que les dan. Vamos, eso lo entiendo. Tal vez les den comisión por ventas. Pero si les estoy indicando la marca XXXXX explícitamente, ¿Qué chingados me tienen que llevar la contraria? Ni siquiera la venden bien. Podrían estar preparados con una rebanada de cada producto que quieren vender y realizar el approach de una manera más asertiva.

– ¿Gusta probar este producto que tenemos en oferta? Si le gusta llévese 100 gramos a casa y para la próxima ya sabe que somos una alternativa a XXXXX.

También he llegado con maneras mierderas sin rayar en lo grosero, onda bossy como para que me obedezcan y cumplan mi petición:

– ¡Hey! Quiero medio kilo de perchuga de pavo natural XXXXX. Y te voy a pedir que sean rebanadas delgadas y simétricas porque te juro que regreso, me quejo y devuelvo el jamón si llego a mi casa y no lo encuentro como lo pedí. Sin ofender. Gracias.

¡Carajo! Mismo resultado.

No siempre es el mazacote de carne. A veces parece que todo está bien y que por fin obtuviste lo que pediste, pero no. “Puras habas” – diría mi mamá – Al llegar a las rebanadas de en medio, te encuentras con un pedazo de plástico del empaque o una rebanada pellejuda o grasienta o la “malaondez” que te dejó el que te atendió materializada en rebanadas que, simplemente, no saben igual que las otras. ¡No mamen! ¿Qué pedo? ¿Porqué es tan dificil?

En una muestra de 30 visitas de hasta 5 tiendas y departamentos de salchichonería con pedidos de 4 productos distintos, sólo 12 veces recibí lo que pedí, ni más ni menos. Sólo el 40% de las veces obtienes el servicio y producto que esperas. Es una pésima estadística para un auditoría de control de calidad. Pero no hay alguien que te pregunte acerca de las carnes frías que compras.

– ¿Hola qué tal? Disculpe la pregunta. Cuando consume su producto ¿es lo que había solicitado? ¿Ha cubierto sus expectativas el dependiente que lo atendió?

Ni madres. A nadie le importa, más que a ti, lo que recibes de ese departamento. Curiosamente, está como en el limbo de las tiendas. O hasta atrás escondido en una esquinita y que tengas que recorrer la tienda hasta encontrarla. O en una isla estratégicamente ubicada para que la encuentres a huevo y no se te ocurra llegar a tu casa sin un producto de salchichinería. O sea, como que es parte y como que no.

No sólo es el jamón de pavo. Tambien pasa con jamón serrano e ibérico, salami, jamón gourmet (ese que tiene madre y media en la orilla y que lo hacen ligeramente más rico que el estándar), jamón de pierna de cerdo, en fin. Con cualquier carne que pida en esa mentada área de salchichonería de casi cualquier tienda.

Por esto me pregunto. ¿Habrá una conspiración en la que les han instruído para que el cliente nunca esté satsifecho con sus carnes? ¿Alguien llevará la estadística de cuántos “asociados”, “dependientes”, “empleados”, “ejecutivos de venta al menudeo”, “intermediarios de las carnes frías y el consumidor”, “embajadores de marca”, “técnicos rebanadores salchichoneros” se suicidan al año?

¿Será como los dentistas? Dice la leyenda que tienen el índice más alto de suicidios entre las profesiones. A mi me parece una mamada. Digo, no me late estar oliendo el aliento putrefacto y la halitosis de mis clientes para poder hacer mi trabajo. Pero eso a suicidarme porque me dedico a la dentadura, ya está cabrón.

¿Será que estos seres no son felices y el estar en la isla de la salchichonería necesitan librar su miseria haciendo mal su trabajo?

Son muchas cuestiones… sin respuesta.

Pero llegará el día en que pida jamón de pechuga de pavo natural Zwan en rebanadas delgadas y que estando en casa me encuentre precisamente con eso: rebanadas delgadas de pechuga de pavo natural zwan perfectamente acomodadas. Envueltas cuidadosamente por alguien que sabe lo importante que es hacer cada actividad de su vida, lo mejor posible. No sólo por gusto o profesionalismo, sino porque se crea el hábito de hacer siempre las cosas bien y lo mejor posible.

El proveer de carnes frías adecuadamente a tu cliente te puede hacer mejor persona.

L A.S. H.S.

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Querer no es poder… requiere adrenalina.

Hannibal_Lecter

Decían por ahí, “querer es poder” Y diciéndote esa frase querían decirte que, con el hecho de querer algo podías obtenerlo. Que lejos está de la realidad.

Hay días en los que todo es perfecto. Me despierto temprano – temprano es alrededor de las 7de la mañana – y con energías recuperadas. Con ganas de hacer cosas. Preparo huevos para el desayuno; la yema es perfecta, el sabor excelso. El jugo de naranja parece que lo acaban de exprimir de naranjas recién cosechadas, aunque es Florida’s Natural (algo caro pero bien vale la pena) Hablo a aquellos clientes que me deben información y en minutos la tengo en mi bandeja de correo. Me baño y el agua cubre al cuerpo como si fuera esa cobija con la que me cubría mi mamá estando pequeño y de la que no quería salir nunca.

El día transcurre así… todo pasa como debe de pasar. No hay sorpresas, parece que vivo en un capítulo de alguna serie aburrida de televisión. Llega la tarde y la mente se conforma con alguna actividad hueca: netflix, internet, nada interesante. Saco a pasear al perro y quiero regresar para poder dormir temprano y terminar de saborear el día “perfecto”

Pero no es un día perfecto. Es un día regular, plano y sin emociones. Si acaso quisiera algo, en ese día no lo iba a obtener porque me iba a encontrar cómodo y comfi en mi día perfecto. No querría más.

En un dia casi perfecto iba conduciendo tratando de entrar al periférico y no falta aquel que se quiere meter hasta adelante sin hacer fila. A veces pienso que lo hace porque tiene prisa y necesita llegar a tiempo a su destino. Pero otras veces sale la emoción y el deseo de aleccionar a todo aquel que osa a seguir acciones que atentan contra mi día perfecto.

Como me tocó 3 autos adelante que no lo dejaron pasar, “avienta lámina” y me obliga a pegarme a la izquierda casi pegando con la banqueta. *suenan alarmas en la cabeza* Voltea por el espejo lateral izquierdo buscando mi mirada y se ríe satisfecho porque le ganó a una camioneta.

– “Hijo de mil rameras bastardas” – Una vez que me pasó, frena y hace una seña que en México tomamos como ofensiva a nuestras madres. – “¿Muy calientito animal? Veamos cuánto lo estás” – pienso o lo digo mientras cambio al slot 6 del CD que contiene la música, ya sea para llegar rápido a algún lugar o para querer perseguir individuos que osan meterse conmigo cuando voy conduciendo.

En las bocinas se escucha “Ritualist” de Dimmu Borgir, acelero y me emparejo con el conductor del Toyota Corolla. El vidrio del pasajero ya está abajo y le grito la típica demanda que comienza toda reyerta callejera: “¿Qué te pasa pendejo?” Cierra su ventanilla y sigue hablando a a través de sus audífonos alámbricos. – ¿a qué tamaño de imbécil se le ocurre ponerse los audífonos para hablar y tomar el teléfono con una mano? ¿No es precisamente lo que quieres evitar? ¿Tomar el teléfono con una mano?

Dado que el resultado no fue el esperado, giro hacia él aventando las casi 2 toneladas que voy conduciendo cerrándole el paso. Apago rápidamente el motor y me bajo sintiendo la carga de adrenalina en el torrente sanguíneo. “A ver pendejo me vas a responder ahora. ¿Qué chingados te pasa? Haces que casi choque con la banqueta y luego te haces el que no hizo nada.”

Es verdad lo que mencionan en la película “Fight Club”: no es sencillo hacer que la gente quiera pelearse, por lo menos, no a golpes. El tipo asustado sólo movía su dedo haciendo giros en su oreja y murmurando temblando “bueno, usted está loco. ¡Ya! Lo siento.” Avienta el auto, se burla y luego no tiene los huevos para asumir las consecuencias de su actuar.

“Maldito puñaloide” le grito dándome la media vuelta. Me subo a la camioneta y me doy cuenta que me tiemblan las manos. La respiración agitada parece que hubiera terminado una pequeña carrera de 20 minutos. “Pinche adrenalina. Es cabrona” pienso para mis adentros. Llego a casa y lo primero que hago es sacar la ropa deportiva e ir a correr al jardín con el perro.

Tengo meses queriendo hacer ejercicio para bajar poco a poco de tallas y por más que quiero “puras habas” La ropa ya me queda apretada, la condición se encuentra muy por debajo de lo que estoy acostumbrado, pero un evento que genera adrenalina logró moverme para realmente poder.

Entiendo que las riñas en las calles son una reverenda estupidez. Ahora que reflexiono mientras escribo, me siento un pendejo por haberme dejado llevar. Sin embargo, le agradezco al conductor del Corolla el haber provocado esa derrama de adrenalina… Ese día llegué a correr para recuperar condición por si se hubiera bajado y nos hubiéramos liado a golpes… ya tranquilo me repito “¡no mames! No seas pendejo”

En fin… el querer no es poder, requiere adrenalina.


La ilusión-desilusión de los reyes magos

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Se dice que hoy llegan los “reyes” en la noche a dejar regalos a los niños en México… Para no variar y siguiendo con la misantropía en mi vida no estoy de acuerdo que existan esas cosas. Hay gente que me dice que es para que los niños tengan la ilusión. ¿La ilusión de qué? ¿De que existen seres sobrenaturales que tienen el poder de llevar juguetes a millones de niños pero no les sirve para detener guerras, crimen y un cúmulo de cosas malas en el planeta? Aparte son pendejos porque a niños que son bullies, malcriados, groseros y patanes les traen los juguetes que les piden y a los que son educados, nobles y bien portados les traen de todo menos lo que pidieron… ¡Qué mamada!

Eso de la “ilusión” fue una idea sembrada por la propaganda que se alimenta de la derrama económica que los desesperados padres provocan al sentirse obligados a regalarle algo a sus hijos porque si no, cuando lleguen al otro día a la escuela y les pregunten,”¿Qué les trajeron los reyes?” no se sientan mal por quedarse atrás.

En fin… a veces un padre en las familias es cuerdo, revolucionario y quiere educar a sus hijos con criterio, diciéndoles la verdad siempre y dejándose de mamadas que no sirven más que para engrosar los bolsillos de los fabricantes de juguetes, tiendas departamentales y todos los eslabones de la cadena económica de la franquicia de los “Reyes” y para desilusionar y decepcionar terriblemente al niño cuando descubre que todos estos años le han mentido, se han burlado de su inocencia y le han estado viendo la cara y tomándole fotos para que quede registro de la ilusión de su “ilusión” al abrir los regalos pensando que un trío de magos sobrenaturales e ineptos les trajeron de todo menos lo que pidió. 

Lo malo es, que cuando un padre tiene cordura a veces el otro padre es borrego, o no tiene criterio o de plano es pendejo como para razonar e imaginar a su hijo viviendo en la verdad y estando por encima de sus compañeritos llenos de “ilusión” y echa a la basura el esfuerzo del otro padre. Solución: decirle a su hijo a escondidas del otro la neta y dejar que el otro padre que es pendejo, sea el engañado y al que le vean la cara haciéndole creer que el niño en cuestión se traga la fábula pueril e inverosímil del gordo inmortal ridículamente vestido de rojo y los dichosos reyes.

Menos mal que todo en esta vida tiene solución 🙂

Aprovecho para agradecer a mis padres la “ilusión” que me vendieron por unos 6 años, fuera de aquella vez que recuerdo con tristeza un 6 de enero. Abriendo mis regalos, les debí de haber dado la más triste sorpresa en esas fechas: salí corriendo de mi habitación a buscar en las medias que mi mamá había confeccionado especialmente para los días de reyes. En ellas depositarían mis regalos que, según dice la leyenda (qué nadie te puede decir de dónde chingados sale la dichosa leyenda), los regalos que te traen dependen de cómo te hayas portado en el año – es decir, no sólo te juzga el obeso mórbido de rojo, también estos 3 cabrones montados en bestias tienen el atrevimiento de juzgar tu comportamiento sin importar las circunstancias individuales de cada quién –

En fin… llegué a las medias y mi cara debe haber sido lo último que esperaban mis padres… pobres. Ahora que lo recuerdo tengo ganas de abrazarlos y de darles las gracias por el esfuerzo. Pero de chiquito pues ni modo, eres toda sinceridad. Yo había pedido las figuras de acción de Star Wars, ya fueran Han Solo, Luke Skywalker, Bobba Fett, R2 D2 o C3 PO.  Cuando vi la caja larga envuelta juré que había recibido, al menos cuatro. Pero oh desilusión: aparecieron 4 figuritas de una marca imitación playmobil de aquellos recién inaugurados 80s: Exin, que nada tenían que ver con la de Star Wars que era Lily Ledi.

Eran como robots alienígenas de un plástico de no tan buen ver (se le notaban las rebabas del ensamblado a los lados) en una cajita mediocremente impresa que semejaba aquellas en las que venían los “monitos” de Star Wars.

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Lloré desconsoladamente y debí haber dicho algo onda “Pinches reyes magos hijos de la chingada. Me porté bien y me trajeron esto.” sólo que no recuerdo exactamente qué dije pero seguro quise decir eso.

Mis papás preocupados me preguntaban si no era lo que yo había pedido. Entonces les expliqué con lujo de detalles lo que yo esperaba y como, lo que había recibido era una mentada de madre para mí…

Ya me imagino a mis padres como locos buscando los caprichos del escuincle, para que al final del día, no hubiera sido lo que él esperaba 😦 Qué distinto hubiera sido si yo hubiera sabido la verdad sobre los reyes y hubiéramos ido juntos, padres e hijos a comprar los regalos; sin prisas, de paseo familiar, todos contentos. Pero el “hubiera” no existe y fue lo que fue. Creo que el siguiente año supe la verdad y así mis padres dejarían de sufrir cada año en la compra de regalos.

Para acabarla de chingar recuerdo que a mis compañeros en la escuela les decía:

– “Si no crees en ellos no te van a traer regalos.”

– “Es que tú te portas mal y como no te van a traer nada, por eso dices que no existen.”

Ahí estaba yo haciendo el ridículo cuando había niños que ya sabían que todo era un vil teatro maquinado para conservar la “ilusión” de ilusos como yo 😦

Padres: no cometan el error borrego de seguir tradiciones estúpidas y sin sentido. Mejor digan la verdad a sus hijos y disfruten estas fiestas búrlandose de los que sí conservan la ilusión y literalmente, creen en Santa Claus.

Abur.


El último del año…

2014Último día del año y aquí me encuentro frente a la computadora descargando palabras. Este año estuvo lleno de sorpresas. Podría decir que algunas no fueron agradables. Sin embargo, sigo pensando que todo es positivo en esta vida. Todo sucede para que seamos mejores y para que pasemos al siguiente nivel. Sí, sí, sí… ya sé que es cliché y suena horriblemente trillado el “todo pasa por algo.”

Yo prefiero “el Universo es sabio y acomoda las cosas para lo mejor” así que, aunque algunas sorpresas dolieron o parecieron en su momento de lo peor, sé que sucederá siempre lo mejor. Por otro lado, las sorpresas que de entrada fueron agradables han enriquecido enormemente mi existencia. 

Está por comenzar un nuevo año y es natural que en momentos me quede observando al horizonte con la mirada perdida, sin expresión en la cara. Son momentos de reflexión que me gustaría tener más seguido. Una amiga Zen me diría que esos momentos deberían suceder diario y varias veces; eso es la meditación. Concuerdo perfectamente con ella. Necesito esos momentos para saber en dónde me encuentro física, mental y emocionalmente y así poder dar el siguiente paso con un poco de certidumbre del lugar a donde quiero llegar. Es relativo porque no tenemos certidumbre más que de que vamos a morir, pero ayuda a la planeación a corto plazo.

De esas reflexiones me doy cuenta que TODO – con mayúsculas, subrayado y negrita – tiene un efecto. Toda acción tiene una reacción. Nada pasa desapercibido. Todo lo que hacemos tiene un efecto. No estoy seguro sobre eso de la causa, pero el efecto sí. Si hago algo estando solo, no pasa desapercibido para el Universo, tiene también su efecto y si involucra a otra persona indirectamente, con más razón, aunque nadie me vea. 

Ahora estoy convencido que esto sucede también a nivel mental. No sé en qué medida pero sucede. La mente es una herramienta poderosísima y que la mayoría del tiempo está ahí jodiendo junto con el ego. Cuando pienso algo se refleja en mi cara. Esa expresión tiene una reacción. 

Por ejemplo, puedo estar desnudando con la mente a la mujer que está haciendo fila frente a mi. Podría pensar que no pasa nada, al fin y al cabo sucede en mi mente. Pero si alguien me filma sin que me dé cuenta, me daría cuenta que mi cara revelaría que por mi mente pasa algo agradable – para mí – y por la dirección a la que apuntan mis ojos tiene que ver con las nalgas de la mujer delante de mí. A menos que uno piense como si fuera una estatua o un cyborg sin expresiones pues tal vez se queda en la mente, pero ese pensamiento se puede recordar, puede predisponer a una acción o a no actuar. Al final, SÍ sucede algo con sólo pensarlo. 

No creo que en esas mamadas de “El Secreto” de que ya con pensarlo y programarme y decretar puedo hacer que las cosas sucedan. Se necesita más que eso, se necesita voluntad, entusiasmo, pasión y tal vez más dependiendo de cada persona. Pero si creo que en la mente uno puede crear monstruos que se materializan cuando ejercemos acciones o cuando dejamos de hacer algo.

Este choro-reflexión viene porque este año que está empezando ya me he resuelto a hacer lo mejor que pueda de mi vida. He desperdiciado mi tiempo y el de otras personas 😦 haciendo cosas que no quiero hacer, llevando a cabo actividades por guardar las apariencias y estupideces sociales por el estilo. A veces me encapricho y me enterco y me quejo de las personas, de los lugares, de las situaciones y me olvido que el único que puede hacer algo soy yo y ha llegado el momento de tomar acción.

Navidad… año nuevo… reuniones familiares… etc. no me gustan esas fechas y eventos porque me las paso mal. Por fuera puedo parecer que estoy estable; incluso que me la estoy pasando bien, pero ¿a quién engaño? Yo preferiría quedarme en casa a ver una película o terminar de leer el cúmulo de libros y artículos que tengo guardados para cuando “haya tiempo”, cenar normal pero rico y dormirme a las 10 de la noche sin tener que haber salido de casa. Mejor me reúno después de las fechas con la gente querida evitando borrachos nocturnos, desvelos y todos los problemas que conllevan las reuniones de estas “festividades”. 

Navidad no tuvo nada de extraordinario pero me doy cuenta que yo fui el culpable. No por haber aceptado ir o no ir con tal o cual familiar, sino porque yo decidí pasarla mal, sufrir por dentro, pensar estar en otro lugar en vez de ahí. Qué distinto hubiera sido si hubiera decidido pasarla bien. Simplemente aceptando que estaba en ese lugar y que quería pasarla bien. 

Experimenté en una comida que hubo y para mi sorpresa me la pasé muy bien. Estaban todos los elementos molestos de siempre y sin embargo, al salir de la comida sentí una calidez del anfitrión que, además, se preocupó porque estuviera a gusto. ¡Wow!

Año nuevo no pinta mejor que navidad, de hecho, pinta de la reverenda y absoluta verga. Pero esta vez he decidido pasarla bien y no tiene que ver con emborracharme o sacar temas polémicos y hacer caca a los que traten de imponer su forma de pensar con argumentos débiles o estúpidos acerca de esos temas. Se trata de sonreír genuinamente, de sentirme bien porque quiero. Porque estoy vivo, con salud, con padres amorosos con seres cercanos que me enriquecen y otros que sirven para forjar mi carácter y tal vez para poder guiarlos de alguna forma con el ejemplo. Ya lo hice apenas en esa comida. ¿Por qué no hacerlo también para esta noche?

Regresando a la reflexión inicial acerca de que TODO tiene un efecto. Entonces mi actitud y pensamiento respecto a una situación non grata debe acomodar el universo para que la gente se sienta también bien. – Lo comprobé con el anfitrión de la comida – Es muy evidente cuando hay molestias. Nos ponemos de jeta y eso provoca la jeta de los demás. Los más inteligentes y versados emocionalmente te ignoran y siguen en su mood. Los sopes que estamos aprendiendo a vivir en este planeta nos enganchamos y creamos un ambiente tenso. Así que esta noche, igual que dice la canción de los Hombres G, voy a pasármela bien. Y no sólo esta noche, quiero que 2014 sea así. Va a ser una tarea difícil dado el pinche carácter que me cargo, pero será un experimento interesante y ya estaré desahogando la experiencia por aquí.

Alguna vez escribí cómo, sin darme cuenta, he influenciado para bien o para mal, en terceros. He creado monstruos que dejo regados por todos lados. Yo evoluciono en mis actitudes y emociones, pero con el mal ejemplo dejo a personas actuando de la misma forma monstruosa en la que yo me comportaba y he ahí el efecto de esas acciones. Me impresiona mucho cada vez que identifico una actitud negativa que yo tenía en alguien más. Y se evidencia porque no la tenía. Mi forma de ser a veces puede ser contagiosa y me preocupa que no sea mi mejor forma. Me preocupa porque la reacción natural será el que obtenga lo mismo de vuelta.

No quiero dejar basura a mi paso como herencia en el Universo. Quiero dejar algo bueno en cada lugar o momento que pueda. Se me olvidará seguramente, pero si se vuelve hábito lo estaré haciendo en automático y tengo la esperanza que influencie a aquellos monstruitos que he creado y que evolucionen en algo mejor. 

Desde que salí de casa he regalado sonrisas genuinas y paciencia por donde he ido. Y lo único que he recibido de vuelta es lo mismo. Estoy contento… un tanto nostálgico porque extraño y extraño mucho mientras escucho la canción de Rihanna. Pero sé que el Universo regresará el equilibrio y las acciones positivas tendrán reacciones positivas. Cada día es una aventura, es un nuevo episodio en la serie de nuestra propia vida y lo bello de cada episodio es, que sin importar el guión y las escenas que nos ponga la vida, nosotros decidimos cómo vamos a actuar y cómo queremos que sea. No sabemos el final, nadie lo sabe, pero yo sé que quiero que cada episodio sea entretenido, intenso, enriquecedor y que además trascienda para que mí mundo y el mundo en general sea mejor. 

Gracias a los que llegaron hasta acá en la lectura…

Que 2014 sea una oportunidad de dar “reset” en nuestra vida y que seamos lo que queremos ser. 

 


Historias de cafetería S1-E02 … Starbucks 2

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Ahora me tocó estar en el Starbucks de Patio Pedregal. Me queda cerca de uno de los clientes que veo y en caso de necesitar visitarles, puedo caer rápidamente. Dado que la madrugada del lunes se robaron 47 metros de cable de la calle donde vivo y la CFE no ha colocado el nuevo cable, al menos 20 familias nos encontramos en el limbo de la ausencia de energía eléctrica. Por lo tanto, agoté la maravillosa batería de la Macbook Pro de 13″ (hasta 5 horas algunas veces) y me dirigí a trabajar a esta cafetería.

Se encuentra ubicada en la plaza “Patio Pedregal”. La mayoría de sus clientes son empleados de las empresas aledañas o, como en mi caso, proveedores o visitantes de las mismas. Aquí no hubo mayoría de algún género, entraban hombres y mujeres por cantidades similares.

Pedí un Caramel Machiatto Light y un Panini de pavo y queso panela. Hoy fue de esas veces que me sentí ridículo pidiendo: “¡Hola! Quiero un grande caramel machiatto light deslactosado y un panini de pavo y queso panela para comer aquí” ¡Qué mamada! pero bueno… es el café que me gusta y es el sandwich que más me latió.

El café lo prepararon más o menos, no me hizo sonreír como otras veces en otras sucursales de la sirena contorsionista y el panini estuvo realmente de la chingada. El pan seco, sin chiste, sin mayonesa, sin mantequilla, sin salsa, sin jalapeños, sin sabor. Me lo tragué porque era media mañana y ando manteniendo el metabolismo activo… shit fucking happens.

Mientras esperaba mi orden, me senté en una “periquera” (silla alta donde, para sentarte tienes que dar un saltito y te quedan las piernas colgando. Además no tiene respaldo por lo que te sientes incómodo a los 40 segundos de haberte sentado) De la fila de comensales escuché una señora joven con voz chillona y desagradable

– “¿Podrías por favor tirarle un poco de agua al té?”

Segundos después la misma señora salió con

– “Por favor ya cambia el vaso y ponle los hielos”

El barista (Güey que te prepara y sirve la bebida) no estaba de ocioso, estaba preparando el té de la señora, pero por lo que noté, en estas cafeterías llega la gente a sacar sus complejos y a sentirse nice. ¡Qué hueva!

Segundos después, como si con mi reflexión la hubiera llamado, entró una entidad que bien pudo haber sido César Romero, el actor que interpretaba a The Joker en la serie de Batman de los 60s. Un escalofrío recorrió mi espalda. El señor lucía irreal, vestía una camisa tejida color hueso y del pecho salía una mascada como la usaban los directores de cine de antaño. Los kakhis algo viejones y mocasines blancos perforados… scary dude.

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Y la voz… la voz literalmente hacía que voltearas a ver de dónde venía esa voz. Parecía que el tipo traía un megáfono pegado a la garganta.

– “Señorita, quiero que me dé…”

1, 2, 3, 4, 5… segundos pasaron mientras fijaba la mirada en la barista a la que se dirigió este personaje.

– “… un grande expreso doble.” Evidentemente tenía implícito un doble sentido esa incómoda pausa en su solicitud. La chavita que no tenía mal ver le preguntó con un leve dejo de molestia en la voz si lo quería “cortado”.

– “No. Me gusta así como sale”

¿Así como sale? What the fucking fuck con este guasón? Me dio pena ajena por la chavita. Ya me imagino cuántos seres extraños han de atender y por qué luego son jetonas cuando es tu turno.

Un lugar “normal” en una silla y mesa de altura estándar se liberó a un lado del lugar donde se encuentran las servilletas, el azúcar y demás. Me moví ahí para estar más cómodo quedando el área de entrega frente a mi.

– “Mocha latte deslactosado light para Chucho. Chai, fruit passion helado shaken para Carol. Half half, cinamon dolce, double shot para Tyler” gritaba el barista para que el cliente pasara por su bebida.

Efectivamente… en este lugar, la gente puede sentirse por un instante mínimamente interesante o por lo menos, salir de su monotonía.

Curiosamente, yo era el único vestido con jeans y polo. Los hombres iban trajeados y las mujeres con traje sastre o en su defecto, blusa, falda y tacones… formales en su mayoría, algunos de buen gusto, otros no tanto, pero en “gustos se rompen géneros”

Finalmente ya cuando había cargado la batería de la Mac y había terminado con los pendientes del día, volví a presenciar una entrevista de trabajo. No me parece un lugar adecuado para llevar a cabo una entrevista pero parece que es la moda o, por lo menos, algunas personas creen que así es.

El empleador era un señor que rondaba los 70 años, vestía un traje café claro que exudaba calidad. Sin embargo, la cagó en la corbata: el nudo excesivamente grueso, chueco y dependiendo del ángulo que la vieras, aparecía y desaparecía una mancha como si fuera billete con tinta iridiscente. Los zapatos lucían limpios y de buena calidad pero al cruzar una pierna sobre la otra se evidenciaba un tacón gastado supinador. Sin ver los detalles, bien podía dar el “gatazo”

La futura o posiblemente futura empleada era una mujer de unos cincuenta y tantos años. Vestida con una blusa que podría ser seda, una mascada floreada en tonos pastel alrededor de su cuello, falda de lana color beige, medias obscuras y zapatos de tacón medio color café impecables. ¡Ah! y la clásica bolsa de mano con las LVs por todos lados.

No podía escuchar bien su plática pero de repente notaba, palabras más, palabras menos, que el empleador decía “… y la persona debe ser de mi entera confianza porque si no confían en mi no puedo trabajar así. ¿Usted podría tenerme toda la confianza?” La señora hablaba bajo y no entendí nada de lo que decía, pero no se veía muy entusiasmada… yo tampoco lo estaría.

Después de hacer unas llamadas cerré el changarro y pregunté si perforaban el boleto de estacionamiento. Con la perforación “regalaban” 1 hora de estacionamiento de las casi 4 que estuve ahí. Ya no pasé con mi cliente porque necesitaba confirmación de algunas cosas antes de la visita por lo que tal vez mañana regrese y dependiendo de lo que vea u oiga, podría escribir entonces un 3er episodio de Historias de cafetería.

Abur


Historias de cafetería S1-E01 … Starbucks

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Hoy me encuentro en el Starbucks de Interlomas. Generalmente no ando por estos rumbos y como casi siempre que acudo a estas cafeterías, me encuentro con personalidades diversas. No me refiero a personalidades de la farándula, como el uso coloquial del término sugiere, sino a seres humanos con personalidades variadas y únicas y que al mismo tiempo, tienen características comunes entre sí dependiendo de la zona donde se encuentre el local.

Es evidente que los comensales que acuden a estos sitios son aquellos que les queda de paso a sus actividades diarias, ya sea casa, trabajo, mandados, etc. Es por esto que dichos comensales logran tener entre sí ciertos puntos de convergencia en su personalidad. En mi caso, depende de mis antojos, de la parte de la ciudad en la que me encuentre cuando se da el antojo o la necesidad de sentarme en un lugar con Internet y que me permita estar “cómodamente” trabajando.

Los clientes de este local a esta hora – 13:50 – son, en su gran mayoría, mujeres jóvenes. Tal vez con negocios propios o con maridos que les permiten estar en horas laborales tomándose un café. En la parte superior, casi nunca falta una persona con su laptop conectada en el “latptop bar” haciendo llamadas de negocios mientras su vaso vacío le hace compañía por horas.

Uno que otro hombre ha entrado, pero compra la bebida deseada y se va sin quedarse a degustarlo o a esperar algún interlocutor que le haga compañía.

De las mujeres que se encuentran aquí, casi todas visten a la moda. Están perfectamente maquilladas, sin excesos y sus edades rondan los treinta años. El tono de su voz y la cantaleta que usan al hablar es un denominador común de su personalidad, donde parece que cada frase que dicen es una pregunta. Se refieren a los demás con diminutivos pseudo cariñosos como “chaparrita”, “nena”, “bombón”, etc. Entre sí, parecen amigables, amables y respetuosas. Sin embargo parecen militares on-duty cuando van caminando o arriba de sus medios de transporte.

En la entrada se encuentra un ser humano de más de 120Kg vestido de azul navy con macana al cinturón. Es el personal de seguridad. Me pregunto qué tan interesante podrá ser su trabajo… bastante yo creo. La gente que acude se le puede clasificar como “bonita”. Las conversaciones que se escuchan pueden ser aburridas y frívolas, pero otras no tanto. Acabo de escuchar alguien criticando a su pareja por tener gustos extravagantes. Si “para oreja” de repente debe divertirse mientras observa sin disimulo a todos los que nos encontramos dentro del local.

Curiosamente todos los comensales que se encuentran aquí, incluyéndome, traemos un iPhone con nosotros. El mismo descansa en las mesas boca arriba siendo tomado múltiples veces al emitir el clásico tri-tono de la alerta de que algún mensaje acaba de ser recibido.

Las bolsas que traen algunas mujeres son espectaculares. El tamaño, la calidad de la piel con la que están hechas que salta a la vista al observarla y las formas que tienen. Es evidente que tienen un alto poder adquisitivo que también se evidencia en los zapatos. No entiendo cómo pueden caminar con semejantes plataformas y tacones.

Acaba de entrar otro hombre, pero éste se sentó con una mujer que estaba sola en las mesas de afuera fumando y sorbiendo de un vaso grande.

Curioso… este local se encuentra dentro de una plaza con un supermercado… el del pelícano blanco en fondo naranja. No es tan nice como el de un centro comercial, pero vaya que tienen clientela.

En fin… sólo compartiendo el 1er capítulo de la 1er temporada de “Historias de Cafetería”


Siempre espera lo mejor…

Como escribí en el último post de Historias de Gimnasio S03-01he estado yendo al gimnasio, al menos, 3 veces por semana. El día de ayer me tocaba ir. El día había estado algo pesado ya que surgieron varios imprevistos y han provocado que no atienda las prioridades como quisiera. Tuve que salir a recoger un equipo que necesito para un demo con un colega y, finalmente y aprovechando que hice demasiado tiempo en el proceso, decidí sacar el estrés en el gimnasio.

Una vez en los vestidores me encontré que había olvidado llevar calcetines en la maleta.
– ¡Carajo otra vez!
– ¿Me voy para la casa?
– ¿Hago ejercicio con los calcetines que traigo?
– No, aparte de que me vería muy ridículo, estos no se prestan para correr, se resbalarían con los tenis.
– Pero aquí hay una tienda de deportes y puedo comprar unos nuevos “tines”
– Ah, pero tengo como 10 pares, ¿para qué quiero uno más?

Finalmente, con toda la molestia, decidí salir a comprar unos “tines” para no perder el día de ejercicio. la idea no me agradaba del todo porque no necesitaba unos nuevos, pero era lo más práctico al momento.

Dentro de la tienda, me encontré con una sección dedicada a corredores y en ella, toda la variedad de “tines”. Fue toda una experiencia. había de colores, delgados, gruesos, con refuerzo, y los que me cautivaron, fueron unos Nike con doble capa, ventilación y una combinación de telas dry-fit y algodón. Me emocioné y pagué los $150 pesos que costaban preguntándome si realmente serían tan especiales como para costar 5 veces más que unos “normales”

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De vuelta en el vestidor procedí a vestir mi reciente compra. Al principio costó un poco de trabajo ponerlos porque la punta (medio pie) es un tanto ajustada. Están marcados y diseñados para usarse en el pie derecho o izquierdo para mayor comodidad. Una vez puestos, entraron perfectamente bien en los tenis. De hecho, entraron como ningún otro calcetín antes. Resbalaron perfectamente y se sentían en verdad cómodos.

Con los “tines” que había estado usando sentía que el pie se me hinchaba y que los tenis quedaban un poco apretados. Por primera vez el pie tenía un pequeño juego dentro de los tenis por lo que apreté un poco más las agujetas y me dispuse a calentar en la bicicleta fija. Ahí no se sintió gran diferencia, pero 15 minutos después arriba de la caminadora vino la total diferencia.

Al final agradecí haber olvidado meter los “tines” a la maleta porque tuve la oportunidad, primero de comer tres deliciosos “nigiri” en el food court del centro comercial, segundo y más importante, porque tuve la oportunidad de conocer estos increíbles “tines” que, aunque caros, me sorprendieron gratamente.

De ahora en adelante voy a ver con agrado las “desventuras” porque ahora sé que son ventanas abiertas a nuevas oportunidades. ¿De qué? de cualquier cosa 🙂