Mi espacio utópico y catártico

Personal

La conspiración de los empleados de salchichonería.

¿A cuántos nos ha pasado que compramos algún producto de salchichonería en nuestro supermercado favorito y al llegar a casa, nos encontramos con una sorpresa, muchas veces desagradable, acerca de lo que pedimos? Por ejemplo, un simple jamón de pechuga de pavo natural en rebanadas delgadas, se transforma en un mazacote de trozos de carne de distintos grosores y texturas que van desde el centro del paquete de jamón, hasta las orillas. Parece que les hicieron un nudo al empaquetar el trozo y se quedó permanentemente marcado en la carne. ¡¡No mamen!!!

He intentado romper la maldición yendo a distintos supermercados en distintos lugares. He usado distintas maneras de hacer mi solicitud: desde hiper amable, que implica usar diminutivos indiscriminadamente:

– Hola. Muy buenos días. ¿Sería tan amable de darme medio kilito de jamoncito de pechuguita de pavo natural  marca XXXXX (coloque aquí la que más le agrade) por favor? Si no es mucha molestia, rebanadas delgaditas por favor. Como si fuera para bebé si fuera usted tan amable.

Y te responden:

– No quiere pechuga salteada YYYYY la tenemos en oferta.

Ah porque ahora son “embajadores” de marca y a huevo te quieren vender algo de la marca que llevan bordada en la cofia o en la batita que les dan. Vamos, eso lo entiendo. Tal vez les den comisión por ventas. Pero si les estoy indicando la marca XXXXX explícitamente, ¿Qué chingados me tienen que llevar la contraria? Ni siquiera la venden bien. Podrían estar preparados con una rebanada de cada producto que quieren vender y realizar el approach de una manera más asertiva.

– ¿Gusta probar este producto que tenemos en oferta? Si le gusta llévese 100 gramos a casa y para la próxima ya sabe que somos una alternativa a XXXXX.

También he llegado con maneras mierderas sin rayar en lo grosero, onda bossy como para que me obedezcan y cumplan mi petición:

– ¡Hey! Quiero medio kilo de perchuga de pavo natural XXXXX. Y te voy a pedir que sean rebanadas delgadas y simétricas porque te juro que regreso, me quejo y devuelvo el jamón si llego a mi casa y no lo encuentro como lo pedí. Sin ofender. Gracias.

¡Carajo! Mismo resultado.

No siempre es el mazacote de carne. A veces parece que todo está bien y que por fin obtuviste lo que pediste, pero no. “Puras habas” – diría mi mamá – Al llegar a las rebanadas de en medio, te encuentras con un pedazo de plástico del empaque o una rebanada pellejuda o grasienta o la “malaondez” que te dejó el que te atendió materializada en rebanadas que, simplemente, no saben igual que las otras. ¡No mamen! ¿Qué pedo? ¿Porqué es tan dificil?

En una muestra de 30 visitas de hasta 5 tiendas y departamentos de salchichonería con pedidos de 4 productos distintos, sólo 12 veces recibí lo que pedí, ni más ni menos. Sólo el 40% de las veces obtienes el servicio y producto que esperas. Es una pésima estadística para un auditoría de control de calidad. Pero no hay alguien que te pregunte acerca de las carnes frías que compras.

– ¿Hola qué tal? Disculpe la pregunta. Cuando consume su producto ¿es lo que había solicitado? ¿Ha cubierto sus expectativas el dependiente que lo atendió?

Ni madres. A nadie le importa, más que a ti, lo que recibes de ese departamento. Curiosamente, está como en el limbo de las tiendas. O hasta atrás escondido en una esquinita y que tengas que recorrer la tienda hasta encontrarla. O en una isla estratégicamente ubicada para que la encuentres a huevo y no se te ocurra llegar a tu casa sin un producto de salchichinería. O sea, como que es parte y como que no.

No sólo es el jamón de pavo. Tambien pasa con jamón serrano e ibérico, salami, jamón gourmet (ese que tiene madre y media en la orilla y que lo hacen ligeramente más rico que el estándar), jamón de pierna de cerdo, en fin. Con cualquier carne que pida en esa mentada área de salchichonería de casi cualquier tienda.

Por esto me pregunto. ¿Habrá una conspiración en la que les han instruído para que el cliente nunca esté satsifecho con sus carnes? ¿Alguien llevará la estadística de cuántos “asociados”, “dependientes”, “empleados”, “ejecutivos de venta al menudeo”, “intermediarios de las carnes frías y el consumidor”, “embajadores de marca”, “técnicos rebanadores salchichoneros” se suicidan al año?

¿Será como los dentistas? Dice la leyenda que tienen el índice más alto de suicidios entre las profesiones. A mi me parece una mamada. Digo, no me late estar oliendo el aliento putrefacto y la halitosis de mis clientes para poder hacer mi trabajo. Pero eso a suicidarme porque me dedico a la dentadura, ya está cabrón.

¿Será que estos seres no son felices y el estar en la isla de la salchichonería necesitan librar su miseria haciendo mal su trabajo?

Son muchas cuestiones… sin respuesta.

Pero llegará el día en que pida jamón de pechuga de pavo natural Zwan en rebanadas delgadas y que estando en casa me encuentre precisamente con eso: rebanadas delgadas de pechuga de pavo natural zwan perfectamente acomodadas. Envueltas cuidadosamente por alguien que sabe lo importante que es hacer cada actividad de su vida, lo mejor posible. No sólo por gusto o profesionalismo, sino porque se crea el hábito de hacer siempre las cosas bien y lo mejor posible.

El proveer de carnes frías adecuadamente a tu cliente te puede hacer mejor persona.

L A.S. H.S.


La ilusión-desilusión de los reyes magos

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Se dice que hoy llegan los “reyes” en la noche a dejar regalos a los niños en México… Para no variar y siguiendo con la misantropía en mi vida no estoy de acuerdo que existan esas cosas. Hay gente que me dice que es para que los niños tengan la ilusión. ¿La ilusión de qué? ¿De que existen seres sobrenaturales que tienen el poder de llevar juguetes a millones de niños pero no les sirve para detener guerras, crimen y un cúmulo de cosas malas en el planeta? Aparte son pendejos porque a niños que son bullies, malcriados, groseros y patanes les traen los juguetes que les piden y a los que son educados, nobles y bien portados les traen de todo menos lo que pidieron… ¡Qué mamada!

Eso de la “ilusión” fue una idea sembrada por la propaganda que se alimenta de la derrama económica que los desesperados padres provocan al sentirse obligados a regalarle algo a sus hijos porque si no, cuando lleguen al otro día a la escuela y les pregunten,”¿Qué les trajeron los reyes?” no se sientan mal por quedarse atrás.

En fin… a veces un padre en las familias es cuerdo, revolucionario y quiere educar a sus hijos con criterio, diciéndoles la verdad siempre y dejándose de mamadas que no sirven más que para engrosar los bolsillos de los fabricantes de juguetes, tiendas departamentales y todos los eslabones de la cadena económica de la franquicia de los “Reyes” y para desilusionar y decepcionar terriblemente al niño cuando descubre que todos estos años le han mentido, se han burlado de su inocencia y le han estado viendo la cara y tomándole fotos para que quede registro de la ilusión de su “ilusión” al abrir los regalos pensando que un trío de magos sobrenaturales e ineptos les trajeron de todo menos lo que pidió. 

Lo malo es, que cuando un padre tiene cordura a veces el otro padre es borrego, o no tiene criterio o de plano es pendejo como para razonar e imaginar a su hijo viviendo en la verdad y estando por encima de sus compañeritos llenos de “ilusión” y echa a la basura el esfuerzo del otro padre. Solución: decirle a su hijo a escondidas del otro la neta y dejar que el otro padre que es pendejo, sea el engañado y al que le vean la cara haciéndole creer que el niño en cuestión se traga la fábula pueril e inverosímil del gordo inmortal ridículamente vestido de rojo y los dichosos reyes.

Menos mal que todo en esta vida tiene solución 🙂

Aprovecho para agradecer a mis padres la “ilusión” que me vendieron por unos 6 años, fuera de aquella vez que recuerdo con tristeza un 6 de enero. Abriendo mis regalos, les debí de haber dado la más triste sorpresa en esas fechas: salí corriendo de mi habitación a buscar en las medias que mi mamá había confeccionado especialmente para los días de reyes. En ellas depositarían mis regalos que, según dice la leyenda (qué nadie te puede decir de dónde chingados sale la dichosa leyenda), los regalos que te traen dependen de cómo te hayas portado en el año – es decir, no sólo te juzga el obeso mórbido de rojo, también estos 3 cabrones montados en bestias tienen el atrevimiento de juzgar tu comportamiento sin importar las circunstancias individuales de cada quién –

En fin… llegué a las medias y mi cara debe haber sido lo último que esperaban mis padres… pobres. Ahora que lo recuerdo tengo ganas de abrazarlos y de darles las gracias por el esfuerzo. Pero de chiquito pues ni modo, eres toda sinceridad. Yo había pedido las figuras de acción de Star Wars, ya fueran Han Solo, Luke Skywalker, Bobba Fett, R2 D2 o C3 PO.  Cuando vi la caja larga envuelta juré que había recibido, al menos cuatro. Pero oh desilusión: aparecieron 4 figuritas de una marca imitación playmobil de aquellos recién inaugurados 80s: Exin, que nada tenían que ver con la de Star Wars que era Lily Ledi.

Eran como robots alienígenas de un plástico de no tan buen ver (se le notaban las rebabas del ensamblado a los lados) en una cajita mediocremente impresa que semejaba aquellas en las que venían los “monitos” de Star Wars.

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Lloré desconsoladamente y debí haber dicho algo onda “Pinches reyes magos hijos de la chingada. Me porté bien y me trajeron esto.” sólo que no recuerdo exactamente qué dije pero seguro quise decir eso.

Mis papás preocupados me preguntaban si no era lo que yo había pedido. Entonces les expliqué con lujo de detalles lo que yo esperaba y como, lo que había recibido era una mentada de madre para mí…

Ya me imagino a mis padres como locos buscando los caprichos del escuincle, para que al final del día, no hubiera sido lo que él esperaba 😦 Qué distinto hubiera sido si yo hubiera sabido la verdad sobre los reyes y hubiéramos ido juntos, padres e hijos a comprar los regalos; sin prisas, de paseo familiar, todos contentos. Pero el “hubiera” no existe y fue lo que fue. Creo que el siguiente año supe la verdad y así mis padres dejarían de sufrir cada año en la compra de regalos.

Para acabarla de chingar recuerdo que a mis compañeros en la escuela les decía:

– “Si no crees en ellos no te van a traer regalos.”

– “Es que tú te portas mal y como no te van a traer nada, por eso dices que no existen.”

Ahí estaba yo haciendo el ridículo cuando había niños que ya sabían que todo era un vil teatro maquinado para conservar la “ilusión” de ilusos como yo 😦

Padres: no cometan el error borrego de seguir tradiciones estúpidas y sin sentido. Mejor digan la verdad a sus hijos y disfruten estas fiestas búrlandose de los que sí conservan la ilusión y literalmente, creen en Santa Claus.

Abur.


El último del año…

2014Último día del año y aquí me encuentro frente a la computadora descargando palabras. Este año estuvo lleno de sorpresas. Podría decir que algunas no fueron agradables. Sin embargo, sigo pensando que todo es positivo en esta vida. Todo sucede para que seamos mejores y para que pasemos al siguiente nivel. Sí, sí, sí… ya sé que es cliché y suena horriblemente trillado el “todo pasa por algo.”

Yo prefiero “el Universo es sabio y acomoda las cosas para lo mejor” así que, aunque algunas sorpresas dolieron o parecieron en su momento de lo peor, sé que sucederá siempre lo mejor. Por otro lado, las sorpresas que de entrada fueron agradables han enriquecido enormemente mi existencia. 

Está por comenzar un nuevo año y es natural que en momentos me quede observando al horizonte con la mirada perdida, sin expresión en la cara. Son momentos de reflexión que me gustaría tener más seguido. Una amiga Zen me diría que esos momentos deberían suceder diario y varias veces; eso es la meditación. Concuerdo perfectamente con ella. Necesito esos momentos para saber en dónde me encuentro física, mental y emocionalmente y así poder dar el siguiente paso con un poco de certidumbre del lugar a donde quiero llegar. Es relativo porque no tenemos certidumbre más que de que vamos a morir, pero ayuda a la planeación a corto plazo.

De esas reflexiones me doy cuenta que TODO – con mayúsculas, subrayado y negrita – tiene un efecto. Toda acción tiene una reacción. Nada pasa desapercibido. Todo lo que hacemos tiene un efecto. No estoy seguro sobre eso de la causa, pero el efecto sí. Si hago algo estando solo, no pasa desapercibido para el Universo, tiene también su efecto y si involucra a otra persona indirectamente, con más razón, aunque nadie me vea. 

Ahora estoy convencido que esto sucede también a nivel mental. No sé en qué medida pero sucede. La mente es una herramienta poderosísima y que la mayoría del tiempo está ahí jodiendo junto con el ego. Cuando pienso algo se refleja en mi cara. Esa expresión tiene una reacción. 

Por ejemplo, puedo estar desnudando con la mente a la mujer que está haciendo fila frente a mi. Podría pensar que no pasa nada, al fin y al cabo sucede en mi mente. Pero si alguien me filma sin que me dé cuenta, me daría cuenta que mi cara revelaría que por mi mente pasa algo agradable – para mí – y por la dirección a la que apuntan mis ojos tiene que ver con las nalgas de la mujer delante de mí. A menos que uno piense como si fuera una estatua o un cyborg sin expresiones pues tal vez se queda en la mente, pero ese pensamiento se puede recordar, puede predisponer a una acción o a no actuar. Al final, SÍ sucede algo con sólo pensarlo. 

No creo que en esas mamadas de “El Secreto” de que ya con pensarlo y programarme y decretar puedo hacer que las cosas sucedan. Se necesita más que eso, se necesita voluntad, entusiasmo, pasión y tal vez más dependiendo de cada persona. Pero si creo que en la mente uno puede crear monstruos que se materializan cuando ejercemos acciones o cuando dejamos de hacer algo.

Este choro-reflexión viene porque este año que está empezando ya me he resuelto a hacer lo mejor que pueda de mi vida. He desperdiciado mi tiempo y el de otras personas 😦 haciendo cosas que no quiero hacer, llevando a cabo actividades por guardar las apariencias y estupideces sociales por el estilo. A veces me encapricho y me enterco y me quejo de las personas, de los lugares, de las situaciones y me olvido que el único que puede hacer algo soy yo y ha llegado el momento de tomar acción.

Navidad… año nuevo… reuniones familiares… etc. no me gustan esas fechas y eventos porque me las paso mal. Por fuera puedo parecer que estoy estable; incluso que me la estoy pasando bien, pero ¿a quién engaño? Yo preferiría quedarme en casa a ver una película o terminar de leer el cúmulo de libros y artículos que tengo guardados para cuando “haya tiempo”, cenar normal pero rico y dormirme a las 10 de la noche sin tener que haber salido de casa. Mejor me reúno después de las fechas con la gente querida evitando borrachos nocturnos, desvelos y todos los problemas que conllevan las reuniones de estas “festividades”. 

Navidad no tuvo nada de extraordinario pero me doy cuenta que yo fui el culpable. No por haber aceptado ir o no ir con tal o cual familiar, sino porque yo decidí pasarla mal, sufrir por dentro, pensar estar en otro lugar en vez de ahí. Qué distinto hubiera sido si hubiera decidido pasarla bien. Simplemente aceptando que estaba en ese lugar y que quería pasarla bien. 

Experimenté en una comida que hubo y para mi sorpresa me la pasé muy bien. Estaban todos los elementos molestos de siempre y sin embargo, al salir de la comida sentí una calidez del anfitrión que, además, se preocupó porque estuviera a gusto. ¡Wow!

Año nuevo no pinta mejor que navidad, de hecho, pinta de la reverenda y absoluta verga. Pero esta vez he decidido pasarla bien y no tiene que ver con emborracharme o sacar temas polémicos y hacer caca a los que traten de imponer su forma de pensar con argumentos débiles o estúpidos acerca de esos temas. Se trata de sonreír genuinamente, de sentirme bien porque quiero. Porque estoy vivo, con salud, con padres amorosos con seres cercanos que me enriquecen y otros que sirven para forjar mi carácter y tal vez para poder guiarlos de alguna forma con el ejemplo. Ya lo hice apenas en esa comida. ¿Por qué no hacerlo también para esta noche?

Regresando a la reflexión inicial acerca de que TODO tiene un efecto. Entonces mi actitud y pensamiento respecto a una situación non grata debe acomodar el universo para que la gente se sienta también bien. – Lo comprobé con el anfitrión de la comida – Es muy evidente cuando hay molestias. Nos ponemos de jeta y eso provoca la jeta de los demás. Los más inteligentes y versados emocionalmente te ignoran y siguen en su mood. Los sopes que estamos aprendiendo a vivir en este planeta nos enganchamos y creamos un ambiente tenso. Así que esta noche, igual que dice la canción de los Hombres G, voy a pasármela bien. Y no sólo esta noche, quiero que 2014 sea así. Va a ser una tarea difícil dado el pinche carácter que me cargo, pero será un experimento interesante y ya estaré desahogando la experiencia por aquí.

Alguna vez escribí cómo, sin darme cuenta, he influenciado para bien o para mal, en terceros. He creado monstruos que dejo regados por todos lados. Yo evoluciono en mis actitudes y emociones, pero con el mal ejemplo dejo a personas actuando de la misma forma monstruosa en la que yo me comportaba y he ahí el efecto de esas acciones. Me impresiona mucho cada vez que identifico una actitud negativa que yo tenía en alguien más. Y se evidencia porque no la tenía. Mi forma de ser a veces puede ser contagiosa y me preocupa que no sea mi mejor forma. Me preocupa porque la reacción natural será el que obtenga lo mismo de vuelta.

No quiero dejar basura a mi paso como herencia en el Universo. Quiero dejar algo bueno en cada lugar o momento que pueda. Se me olvidará seguramente, pero si se vuelve hábito lo estaré haciendo en automático y tengo la esperanza que influencie a aquellos monstruitos que he creado y que evolucionen en algo mejor. 

Desde que salí de casa he regalado sonrisas genuinas y paciencia por donde he ido. Y lo único que he recibido de vuelta es lo mismo. Estoy contento… un tanto nostálgico porque extraño y extraño mucho mientras escucho la canción de Rihanna. Pero sé que el Universo regresará el equilibrio y las acciones positivas tendrán reacciones positivas. Cada día es una aventura, es un nuevo episodio en la serie de nuestra propia vida y lo bello de cada episodio es, que sin importar el guión y las escenas que nos ponga la vida, nosotros decidimos cómo vamos a actuar y cómo queremos que sea. No sabemos el final, nadie lo sabe, pero yo sé que quiero que cada episodio sea entretenido, intenso, enriquecedor y que además trascienda para que mí mundo y el mundo en general sea mejor. 

Gracias a los que llegaron hasta acá en la lectura…

Que 2014 sea una oportunidad de dar “reset” en nuestra vida y que seamos lo que queremos ser. 

 


Historias de gimnasio S03-2 (conversaciones de vestidores)

Lockers

Ya voy para cuatro meses de estar yendo constantemente al gimnasio. Efectivamente me siento más fuerte, tengo mejor condición y todo lo que ya había escrito en Historias de gimnasio S03-1. Sin embargo, he bajado ligeramente de medida de cintura, pierna y demás. Leyendo otro blog acerca de una corredora de nombre Araiz, me doy cuenta que, aunque el ejercicio ayuda mucho, es sólo una parte de todo el proceso de bienestar y salud. Lo que necesito también es llevar una dieta o más bien, cuidar lo que como. Le he dicho adiós ya a refrescos, postres, cerveza y bebidas alcohólicas en general. No para siempre porque, en el caso de las bebidas alcohólicas, tengo gusto por el vino, whiskey y ron. La cerveza, gracias a una dermatitis quedó a un lado hasta nuevo aviso 😦 a ver qué tal me va.

Referente al tema de esta entrada: “conversaciones de vestidores” voy a explayarme.

Obviamente desconozco las conversaciones en los vestidores de mujeres, en los de hombres creo que son muy estándar en cualquier vestidor de centros deportivos. Los he escuchado varias veces y a veces me espero un poco para disfrutar lo que dicen y para comprobar lo constante que estas conversaciones pueden ser.

El Saludo

Este generalmente es el trillado “¿Ya estuvo?” o simplemente un “¿Ya?

¿Pues que no es evidente? Si estás todo sudado jadeando y estás en el vestidor con tu maleta generalmente ya terminaste. A menos que hayas entrado a ver tu teléfono o a pasar al baño porque los de afuera están llenos. Si no estás sudado y estás hasta peinadito, pues no, no estuvo y es obvio que está llegando el sujeto al que es dirigido el saludo.

Otros son “¡Qué milagro!“, “¡Ya era hora cabrón!“, “¿Qué te pico?

Estos saludos emanan de esas entidades que porque van varias veces a la semana – sea a hacer ejercicio o hacerse tontos socializando y no haciendo ejercicio – creen que todos los que van menos veces, necesitan ser objeto del burlón saludo. Da risa el ver que el saludo lo contestan, casi siempre, de manera emocional defendiendo su posición de por qué no han ido tantas veces como la entidad que les pica el amor propio.

Otros que vale la pena mencionar es: el saludo que quieras seguido de la palabra “Champ” o “Campeón”

¿Qué onda campeón?, Hey chaaaamp, Campeón ¿cómo estás?, ¿Qué? ¿Ya estuvo campeón?

¿Se sentirán todos entrenadores, o coaches o sólo están sacando su reprimida paternidad con sus compañeros de vestidor? Personalmente no me gusta cuando me salen con esos sustantivos que les dan una impresión de falsa seguridad a quienes lo dicen… viejo, amigo, compadre, padrino, brother, champ, campeón… a menos que venga de un niño, amigo, compadre, ahijado, hermano o muy buen amigo respectivamente. Pero me da risa cuando llega alguien y saluda refiriéndose a su  “campeón” Como si el gimnasio fuera el lugar donde pueden usarlo sin verse mal. 😉

El tema de conversación

Este podría ser muy variado, pero los temas predominantes son:

El fútbol  ya sea el partido que acaba de ocurrir, el que va a ser o en su defecto, cuando los protagonistas de la conversación juegan en algún equipo. La conversación o va dirigida a ridiculizar al equipo que pierde o que a la siguiente le van a ganar al equipo que gana.

“¡No mames güey! que madriza le pusimos al otro equipo” y pusimos en negrita porque la gente platica como si ellos hubieran estado en la cancha partiéndose la crisma jugando.

“¿Cómo viste el pavitos, felinos? El arbitraje fue una porquería.” Curiosamente casi nunca escucho que alguien habla calmo al referirse al fútbol. Sólo perciben injusticias cuando pierden y cuando ganan arrasan con el equipo perdedor en perfecta lid y sin injusticia alguna.

Las mujeres y la pachanga este tema es el clásico de los machos que se quieren sentir más machos; hablando en pelotas frente a sus interlocutores, presumiendo las “viejas” que conocieron y lo pedos que estaban. La conversación tiene un lado activo y otro pasivo. El activo es el que está contando cómo le fue en la pachanga. El pasivo es el que lo escucha y trata, en vano, de ponerse “al nivel” del activo.

– “… Ah sí, yo también he ido.” – “No güey, pero hubieras visto qué viejas y la más buena me estaba sonriendo. Generalmente está equis, pero esta vez estuvo de lujo cabrón.”

– “… a mí también me toco una vez que…” – “Cabrón! pero esta vez nos fuimos de ahí pedísimos y a su casa directito. O sea estuvo de huevos cabrón.”

… y así sigue la conversación… siempre el güey que no fue se perdió de la pachanga de su vida y el que sí fue tuvo la mejor de las suertes.

También salen a la conversación las mujeres que comparten piso mientras estas entidades se ejercitan.

“¿Viste quién estaba ahí? – “Sí la morena que se la pasa una hora corriendo como si la persiguiera un burro en brama. No mames cada vez está más buena.” – “Lástima que yo estaba terminando mi rutina; ahora que me la vuelva a encontrar la voy a abordar.”

El  vestidor es el mejor lugar para desahogar las frustraciones sobre mujeres o para presumir las conquistas, sean o no reales 😛

El trabajo que algunas veces suena como que la persona que habla fuera un magnate. Pocas veces escucho conversaciones normales de trabajo. En el gimnasio hay que sacar el estrés provocado por el trabajo. Y en los vestidores, hay que desahogar lo mucho que costó ganar esos miles de pesos.

“… ya ves ese pedido que estábamos esperando. Fue un problema las aduanas y el transporte, pero vale la pena. ¿Sabes cuánto vamos a sacar de ahí?” – “No sé. ¿Cuánto?” – “Pues unos 700 varos. Ya sabes cómo es el business pero es buena lana a pesar de tanto problema.”

Es curioso se quejan al principio de la conversación y al final justifican todo por las inmensas utilidades que les traerá el negocio.

Otros. Por supuesto que hay otros temas de conversación, pero es costumbre el escuchar uno de esos tres temas después del clásico “¿Ya estuvo?”

Sería curioso poder entrar a un vestidor de mujeres. No sólo para escuchar las conversaciones que se dan ahí, sino también, para echar un vistazo a los cuerpos 😉

Abur.


What would XXX do?

Pienso que alguna vez en nuestra vida hemos escuchado a alguien decir la frase: “¿Qué haría _____ en esta situación?” Donde ____ varía dependiendo de la persona, sus creencias o hasta su humor. Los americanos mencionan a Jesús usando “What would Jesus do?” y es el título de esta columna (Me da risa los que usan la palabra “columna” para denominar a sus escritos) entrada.

La semana pasada estuve en San José, Costa Rica y ya tengo una entrada al respecto ya que me gustó la cultura ecológica que ahí se vive – pero eso es tema para otra ocasión – Estando en el hotel y regresando de trabajar con el cliente que fui a visitar, me encontré en una disyuntiva: eran alrededor de las 7 de la noche (8 en México de donde soy ouriundo ;)) y acababa de cerrar la puerta de la habitación del Holiday Inn donde me hospedé. Desabroché el pantalón – había comido abundantemente – me quité los zapatos y calcé unas pantuflas de $40 pesos de supermercado para descansar un poco los pies.

El confort que sentí al estar en mi habitación fue delicioso: 22°C según el clima automático. Las pantuflas acariciaban la planta de mis pies en cada paso. Tenía conmigo una botella con agua que había comprado en el Wal Mart cerca de las oficinas de mi cliente y en el iPad me esperaba un App que recién había comprado para llevar una bitácora.

Me había prometido llegar al hotel e ir a nadar o al gimnasio – generalmente no me cumplo esas “promesas” que surgen de la emoción de un momento de culpa como ese día por haber comido postre y café por gula.

“¡Joder! he comido demasiado hoy así que llegando voy al gym o me echo una buena nadada en la alberca”

Estrictamente hablando, no fue una promesa pero así me la tomo. Ahhh pero la habitación estaba más que deliciosa, me encontraba algo cansado y con el delicioso sopor de cuando al interior de mi panza los procesos digestivos están haciendo su chamba.

“Bueno. 10 minutitos de escuchar música y ver mis correos y luego parto.” – me dije a mi mismo en voz alta y tono condescendiente.

Me puse los audífonos que ahora  llevo cuando vuelo en avión: Unos Sony NC-60 que tienen una excelente fidelidad y además cancelan los sonidos parásitos del ambiente. Al escuchar Pink Floyd en ellos me transporté a una sala de conciertos con mi mismo como único espectador. Me senté en el coach y subí los pies a la cama para poder disfrutar “Hey you” Ahhh tuve un eargasm(orgasmo auditivo) cuando llegó la parte final y gritan: “Hey you, don’t tell me there’s no hope at all. Together we stand, divided we fall.”

Abrí el iPad y me puse a navegar por Apps y me detuve en el Eye Witness del diario británico The Guardian. Las fotografías son impresionantes y puede uno perderse varios minutos observando los detalles, el contexto y los tips de cómo se tomó cada una. Luego se me antojó jugar Plants vs Zombies y fue en ese momento cuando la “promesa” del gimnasio se hizo presente en mi mente.

“Fuck!, pero estoy bien rico” – pensé mientras me estiraba cual perro negro 😉

Apagué la música y me detuve un momento para tomar energías y, según yo, prepararme para ir al quinto piso donde se encontraba la alberca y el gimnasio. Entonce vino la trillada cuestión “Qué es lo que Jesús haría?” Pero ¿por qué Jesús? yo ni siquiera soy católico o religioso. ¿Por qué llegó a mi cabeza eso? … entonces, me quedé en la habitación.

¿Por qué me quedé en la habitación si seguramente Jesús de Nazareth hubiera tomado su túnica y sandalias deportivas para dirigirse al gimnasio?

Bueno, yo no soy Jesús. Soy Rodrigo y como tal, decidí quedarme en la habitación y echar la huevita cual salmón en temporada de desove. Pero el hacerme la pregunta de qué haría otra persona en mi lugar me dejó pensando. A veces actúo de acuerdo a lo que terceros esperan de mi. En el caso de mi vida profesional, es un hecho que a quien reporto espere que haga mi trabajo, pero fuera de eso, pienso que no deberíamos actuar acorde a lo que otros esperan que hagamos.

Alguna vez alguien me cuestionó acerca de convivir con una sobrina que en aquel entonces era menor de edad.

“Güey no mames. Está chiquita. ¿Qué es lo que estás buscando ahí? – recuerdo que me dijo en tono de sorpresa.

“No estoy buscando algo. Me gusta su compañía y en este momento tenemos algo en común de lo cual platicamos y compartimos.” – le contesté; palabras más, palabras menos.

“Pero es que, ¿qué va a pensar la gente? ¿Qué harías si fueras tú su papá? – me cuestionó en un tono inquisitivo.

“Si fuera su padre seguramente respetaría la decisión de mi hija de… Espera. No sé qué chingados haría si lo fuera, pero no lo soy. Creo que te estás proyectando. Has de pensar que voy a hacer algo que tú harías con ella o te tienes alguna especie de celo o incomodidad porque me siento en la libertad de hacer lo que me venga en gana sin preocuparme por gente como tú que hasta lo que no come les hace daño.”

Al final, mi amigo abrió su criterio y entendió mi punto y hasta se disculpó por haberme cuestionado.

Entiendo que por sociedad, tradición, medios de comunicación masivos y el “sentido común”, se pueden pensar cualquier cantidad de cosas de una situación extraordinaria. Y si nos preguntamos antes de actuar qué haría “fulanito de tal” sea Jesús de Nazareth, William Wallace, Batman, Hitler, la madre teresa de Calcuta, Ghandi o quién sea, no pasarían las cosas. No tendríamos oportunidad de vivir, experimentar y a veces equivocarnos.

Según los sacerdotes católicos y su biblia, Jesús era un bienhechor que no le interesaban las mujeres. Yo no lo creo. Si estaba galán, popular y además convertía el agua en vino, estoy seguro que tenía sus very own groupies. Su grupo de fans from hell que en la primera oportunidad le robarían un beso o todo si lo pudieran lograr. No me puedo imaginar un Jesús ajeno a ello, pero según la iglesa católica y en este caso mi amigo, no debería tratar a mi sobrina. Primero porque es menor de edad y segundo porque es eso: mi sobrina.

Mi recomendación, en vez de preguntarnos ¿qué haría XYZ en tal situación? podríamos preguntarnos lo siguiente:

  1. Si lo que haré va a afectarme o a terceros.
  2. Si al hacerlo obtendré algún beneficio, conocimiento, experiencia o simplemente seré mejor persona haciéndolo que dejándolo de hacer.
  3. Si al no hacerlo me sentiré inquieto o a disgusto por la omisión.

No soy autoridad moral, pero escribo lo que pienso y lo que vivo. Si te sirve amable lector, te lo regalo. Si no… bueno, te entretuve unos minutos 😉

Abur.


El mejor regalo del día del padre.. para el hijo

Horno cool

Horno cool

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Hoy es otro de esos días comerciales impuestos por la tradición en un afán de recordar a una de las partes que nos dio la vida, crió y nos dio una oportunidad para estar en este planeta: nuestro padre.

Respeto al mío y la mayoría del tiempo podemos comunicarnos bien y tener conversaciones enriquecedoras. Todavía nos reímos y podemos enojarnos con los comentaristas de box. Claro, como todos y cualquier persona, tiene sus detalles no tan agradables y otros que rayan en la incomodidad y molestia. Pero no deja de ser mi padre y no dejo tampoco de quererlo. Hoy tuve una desilusión que, en pocos minutos, convertí en alegría y en algo sumamente valioso.

Mi papá siempre ha sido la persona que más me agobia al querer hacerle un regalo. Desde hace 15 años que empecé a trabajar, quise darle presentes que expresaran mi agradecimiento y admiración aprovechando ocasiones como su cumpleaños o, como esta vez, el famoso día del padre. Las historias son varias, así que sólo compartiré las más representativas.

Alguna vez, estuve recorriendo tiendas durante días de nevadas por las calles de Munich. Quería encontrar una Meisterstück de Mont Blanc que no fuera la “clásica” negra que tiene todo el mundo. Encontré una color marrón que parecía dedicada a la realeza. La pluma está guardada en algún lugar de su oficina. Nunca se la he visto en la bolsa de la camisa o que siquiera la use.

En otra ocasión, llegué a oler decenas de fragancias y a donde llegara, incluso en los SkyMall y tiendas de aeropuertos, preguntaba y pedía muestras. Quería darle opciones para comprar la loción perfecta para él. Sin embargo, al llegar y preguntarle y decirle y mostrarle, él prefirió su loción de siempre: Guerlain Vetiver que, por cierto, tenía dos botellas sin abrir todavía.

Varias veces he querido invitarlo a un restaurante de mejor categoría que los Vips, Toks que, por cierto, le encantan. Casi en todas las ocasiones y salvo una o dos excepciones, se siente incómodo y termina peleándose con el mesero, el gerente o al que ose traer su corte menos que bien cocido o sus ya famosos “dos chipotles aparte” No es buena idea ir a comer con él.

La única vez que le ha gustado un regalo y que usa prácticamente todos los días fue la vez que le regalé un Gameboy rojo que le traje de los Estados Unidos cuando aquí todavía no llegaban. Recuerdo que no estaba tan seguro porque era rojo, pero era el único que había. Tenía un solo cartucho con un juego muy parecido a Tetris; pero a él le encantó. Hasta la fecha, lo juega antes de dormir y a veces o por la mañana para distraerse. Dado que se “comía” las baterías en menos de una semana, optó por comprarle un eliminador y un adaptador para la corriente; mismo que ha mandado reparar como 3 veces de que se trozan los alambres por el uso. Fue el mejor regalo que jamás le haya dado.

El día de ayer pensé que tenía otro regalo que podría ser útil, que no guardaría o le haría cara como los otros fuera del Gameboy. Había escuchado que se quejó alguna vez con mi mamá de no poder calentar su comida porque se había descompuesto el microondas de su oficina. El viernes aún no había ido el “técnico” que llamó para que se lo reparara, así que pensé: “un nuevo horno de microondas para su oficina será el regalo perfecto parte 2”. Lo usaría todos los días, se evitaría de esperar la reparación del otro y además le permitiría tener café caliente y tal vez saciar el antojo de comer palomitas de maíz o una maruchan.

Cerca de las 9 de la noche estaba ya en WalMart comprando el microondas. No tenía que ser el más caro, tenía que ser pequeño, elegante y fácil de usar – mi padre, como la mayoría de las personas mayores de 65 años, no comulga, ni tiene interés en la tecnología. Hace uso de ella sólo que le sea indispensable – por lo que opté por un LG pequeñito con puerta de aluminio y cristal negro que se veía elegante.

Hoy por la mañana saliendo a desayunar quise darle la sorpresa. Le pedí que abriera la cajuela de su coche para que me ayudara con algo. Estaba ansioso por ver su cara al ver el microondas y saber que mañana podría calentar su comida, café, o lo que fuera. Al abrir la cajuela y sacar la caja le dije: “Es para ti, lo compré para que ya no sufras con el tuyo que está sin servir”

Silencio.

Una pequeña mueca con la boca medio abierta fue todo lo que acertó a expresar.

Más segundos… más silencio.

Al ver su cara, el corazón me dio un vuelco y la expectativa se tornó en decepción.

“¿No te gustó? ¿Está muy grande?” –le cuestioné rompiendo el silencio incómodo que se generó. “No. No es eso.” “Es que el mío todavía está en garantía y pues ya lo voy a reparar.” – me dijo él con un tono que no acerté a descifrar.

He desarrollado cierta habilidad para descifrar diversos comportamientos en algunas personas: Clientes, amistades familiares y gente que acabo de conocer. Pero con mi padre, es imposible saber qué piensa o por qué hace lo que hace.

“Ok, te lo dejo en la cajuela y al rato vemos.” –  cerré la conversación y me subí a mi auto.

Odio cuando una situación me descontrola y esta vez odié más porque una lágrima peleaba por salir de un ojo.

“¿A dónde vas cabrona lágrima?” “No se te ocurra salir ahorita” – Me acomodé las gafas de sol y camuflé mi decepción e impotencia con lo que acababa de suceder.

Suena ridículo y simplista. Pero era mucha la expectativa de que después de años, por fin iba a poder regalar a mi papá algo que le gustara y el que se hubiera caído en sólo 5 segundos golpeó duramente mi orgullo y sistema emocional.

Ya en el coche conduciendo y teniendo la odisea de ver dónde desayunar, volví a tomar color y tranquilidad. El esquivar microbuses y la plática que derivó de encontrar periférico cerrado por la carrera del día del padre lograron la magia: paz.

Llegando a su casa le pedí la caja del microondas comentando que no se preocupara, dado que estaba cerrado y la compra había sido apenas ayer, lo iba a regresar y no habría cargo extra ni nada. Dudó en aceptarlo cuando mi mamá comentó que era mejor tener uno nuevo que esperar a que le repararan el viejo, pero interrumpí la escena metiendo el horno a la cajuela de mi coche.

Esto pudo ser un capítulo más de la serie “Dale de regalo a tu padre algo que no le guste y que no use” pero no me enganché. Quise compartir lo que pasó por mi mente antes de llegar a comprender nuevamente el equilibrio de las cosas en el universo, por más ridículo que suene.

Mi padre es así, es difícil de complacer y casi siempre pone un “pero” a las cosas. Si compro algo, siempre pregunta el precio y sale con que él lo puede conseguir más barato a excepción de cuando hablo de cualquier cosa con chips o metales que no entiende.

Cuando iba en tercero de primaria hubo una competencia de natación. Me partí el lomo y luché contra un calambre y contra el chavito que ganó el primer lugar. Al terminar y salir de la alberca volteé hacia las gradas buscando a mis papás con la convicción de que habían notado el titánico esfuerzo que acababa de hacer. No fue así. El recuerdo de mi papá moviendo la cabeza oscilando de lado a lado mientras levantaba su mano con el pulgar apuntando hacia abajo en desaprobación, todavía me estremece y hace que me duela el pecho al recordarlo.

Así es él. No piensa en lastimar a alguien al ser como es. Es su forma de ser y su cariño lo ha demostrado siempre proveyendo lo que necesitábamos, preguntando cómo nos iba en la escuela, el trabajo, etc. Haciendo todo por satisfacer nuestros caprichos: mi Commodore 64, mi primer cámara fotográfica, el Atari, el reproductor de CDs para la casa en los 80s, las llantas y el equipo de sonido para el coche que él manejaba pero que nosotros presumíamos, toda la escuela de mi hermano y la mía, vacaciones dos o tres veces al año, los Reebok, luego los Nike, los Guess, los RayBan, mi tarjeta de crédito y un larguísimo etc. No nos ha fallado y ahora que a mí me cuestan las cosas, me doy cuenta que debe haber sido un esfuerzo brutal de su parte para que no nos faltara eso y más.

Sus regalos favoritos que le damos son el platicar con orgullo cada vez que salgo de viaje. Contar a los familiares que compré un coche deportivo o que cambio de computadora más que de calzones. Él puede ver que su esfuerzo no se fue a la basura del todo; hasta eso, no salí tan mal 😉

Gracias a que fui ayer a comprar su horno, encontré que los electrónicos tienen descuento y están a 24 meses en WalMart. Quiero regalarme una pantalla de LED y gracias a que fui por su regalo ahora no será de 40” sino de 46”y por el mismo precio.

Entonces, recordando las veces que ando sufriendo – por mi elección porque el único que se pone en posición incómoda soy yo – buscando qué regalarle, siempre ha habido algo positivo y una sorpresa que resulta ser un regalo para mí.

Me siento egoísta porque ahora me doy cuenta que quiero ver su rostro de satisfacción al darle mi regalo. Sí pienso en él y en qué le puede gustarle o serle útil, pero estoy esperando su aprobación. ¿Entonces el regalo es para él o es para mi?

Finalmente, él es como yo; o más bien, yo soy como él. A mí tampoco me gustan mucho los regalos. Prefiero comprarme las cosas porque siento que nadie me da lo que realmente me gustaría… hmm ¿Entonces de qué me quejo?

Ambos somos felices como estamos. Yo no tengo problema si no me felicitan en mi cumpleaños o si no me dan regalos, él es así también. Es feliz teniéndonos cerca y estando con mi mamá. Los que buscamos regalarnos algo al darle a él, somos los demás.

Lo admiro y me siento contento de tenerlo conmigo al igual que a mi mamá.

Gracias por el regalo papá. Porque sin saberlo, el que me regaló algo muy valioso desde que nací y  esta vez hoy, eres tú…

Feliz día del padre.


Hace algunos minutos…

… que mi cerebro estaba a punto de generar ondas delta y entrar en un rico sueño cuando se azota la puerta de mi habitación. Como tenía puestos los audífonos, dudé por un momento si el azotón provenía de ellos o realmente de la puerta que había sido azotada. Me incorporé de un salto y al dirigir la mirada hacia la puerta abierta casi me da un infarto al ver una sombra negra dirigiéndose hacia mi.

Pero para mi sorpresa esa sombra tenía cola y venía acompañada de pelos. “¡Pinche Hamish cabrón!” le dije al peludo perro que acababa de entrar cual pesadilla de terror a mi recámara. Debió de haberse quedado en alguna habitación jetón y como tiene costumbre de acompañarme durante el día debe de haber dicho “ah pues de noche también”

Del susto pasé a la risa, pero la adrenalina derramada me dejó con un pulso acelerado, espantó al sueño que estaba llegando y pues decidí escribir la experiencia Hamonovica.