La foto de la discordia en Soriana – JD & Coke

Como es ya de costumbre, de un tiempo acá, casi cada domingo salgo a desayunar con mis padres. Después de tomar los sacratísimos alimentos y de disfrutar de un momento familiar y de una que otra escena en la que mi padre es protagonista, pasamos a la tienda Soriana ubicada en Huipulco.

Dentro de la tienda, una edecán ofrecía una oferta de 1 1/2 x 1 de la nueva bebida de la familia Pepsi: La Pepsi Natural. Mi padre bromeó con ella: “oiga señorita, me ofrece un nuevo producto pero ni siquiera lo he probado.” Después de unos minutos de deambular – wanderear – por la tienda, nos alcanza la edecán y nos regala una botella de 600ml del producto 🙂 qué buen gesto. Pidió permiso y nos regaló una muestra. Le agradecimos por su atención y seguimos el camino hacia los refrigeradores de bebidas. La edecan me regaló un guiño al notar que mi mirada se centró unos segundos en su “espalda baja.” Lo que veía en realidad era el mega calzón que usaba que, junto con ese pantalón entallado que vestía, la hacía ver como si trajera pañal. Le contesté con una sonrisa, levantando la botella recién recibida en señal de “salud.”

Fue entonces cuando me encontré la lata de Jack Daniel’s con coca. Algunos amigos me critican el hecho de tomar Whiskey con Cola que es mi bebida preferida. Hoy me encuentro con que la enlataron y la ponen a la venta. No me imagino cómo pudiera saber pero por lo menos le tomo una fotografía para compartirla en el R@Utopia y en “caralibro”.

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Instantes después de tomar la foto aparece un ser humano prepotente (SHP) de no más de 30 años, flaco cuya playera y pantalones parecen heredados de su hermano mayor. Con su gafete colgando del cuello con la leyenda: “Gregorio Velázquez. Seguridad” del cuello, radio en mano y con cara de “yo soy la autoridad”. Se refiere a mi en tono prepotente: “disculpe joven” – imagínandome el porqué me llama, hago switch al modo “yo soy más mamón que tú” y le respondo con una sonrisa cínica y un cordial “sí. Dígame”

– SHP: “No puede tomar fotos de la tienda”
– R@U: “Ahh. No tomé fotos a la tienda. Tomé una fotografía de un producto que me gustó.”
– SHP: “Si. no puede tomar aquí fotos de nada. Es reglamento interno de la tienda.”
– R@U: “Dado que yo soy cliente y por lo tanto no pertenezco a su tienda, no estoy sujeto a reglamentos internos.”
– SHP: “Es reglamento general.”
– R@U: “¿Sería tan amable de mostrarme dónde dice en su reglamento que un cliente no puede tomar fotografías dentro de la tienda?”

Ya en tono firme y evidentemente molesto. Esta gente no sabe expresarse y piensa que agregando “interno” a la palabra “reglamento” sonará intimidante 😛

– SHP: “No.” – con el clásico tono de naco “nooo” jaja parecido a un mugido 😀
– R@U: “Lo que quiero es verificar que realmente exista el reglamento y no que esto sea por sus pistolas.”
– SHP: “Na más, le pido de favor que borre las fotos que tomo.”
– R@U: “Permítame un momento que voy a grabar esta conversación.”
– SHP: “No puede hacerlo.”
– R@U: “Puedo y lo hago. ¿Podemos ver al gerente?”
– SHP: “Claro que sí.”

Nos dirigimos a la entrada donde se encuentra Servicios al Cliente mientras esta descortés entidad le llamaba por radio a su gerente.

– SHP: “Y tampoco puede abrir el producto ¡eh!”

Refiriéndose a la botella de Pepsi que traía en la mano.

– R@U: “Éste me lo regalo la señorita. ¿Quiere que hablemos con ella también?”
– SHP: “Na más le digo.”
– R@U: “Es un producto que yo no conozco y por eso le tomé una foto. No es para que se ponga usted en ese plan.”
– SHP: “Na más le pedí de favor que la borrara.” en un tono nervioso y ahora sí, cordial.
– R@U: “Yo soy periodista” 😉 pongo atención a su rostro para ver si se prende alguna expresión; ésta fue de sorpresa. “Y quiero ahora conocer el servicio a cliente de Soriana y si realmente existe el dichoso reglamento y porqué no está a la vista.”

Llega el “Gerente” sin siquiera presentarse.

– Gerente: “¿Qué pasó?
– SHP: “El señor está tomando fotos dentro de la tienda. Le estoy pidiendo de favor que no se puede pero no entiende.”

Pacientemente lo dejo expresar su impotencia para el manejo de estas situaciones. No me quiero imaginar cuando esta entidad se encuentre con un ladrón o con alguien armado… tienen nulo entrenamiento y menos aún en trato con el cliente.

– R@U: “Le digo al señor que por favor me enseñe en qué parte del reglamento y porqué no está a la vista, donde dice que no puedo tomar fotografías.”
– Gerente: “Usted tiene la obligación de acatar las políticas de la tienda.”
– R@U: “¿Unas políticas que no tienen a la vista? Si usted me muestra dónde se encuentran las políticas que tenemos que acatar los clientes al entrar a su tienda entonces yo decido si entro o no vuelvo a pisar su tienda.”
– Gerente: “No tenemos obligación de enseñarle las políticas”
– R@U: “Perdone, ¿cuál es su nombre?”
– Gerente: “Miguel Ángel Simón” (o algo por el estilo porque tampoco sabe expresarse ni articular bien ni las palabras de su nombre)
– R@U: “¿Sabe lo que va a pasar?
– Gerente: “¿Qué?”
– R@U: “Que ya no voy a volver a regresar aquí. Y voy a escribir una nota negativa respecto a esta tienda.”
– Gerente: “pero tampoco…” – no lo dejé terminar.
– R@U: “Permítame terminar. Sabe? en Wal Mart me pasó una situación similar, pero ahí me pidieron amablemente mostrarles la foto tomada y me explicaron que por seguridad de la tienda y de sus cliente, las fotos no eran permitidas. Dado que fue foto de un producto, agradecieron mi atención y me dejaron ser. En cambio aquí, hacen sentir a uno como un delincuente y además me dice que tengo obligaciones respecto a un reglamento que no me quiere mostrar.”

Frunciendo el seño por encima del ojo izquierdo en mueca de “¡No mames pendejo!

– Gerente: “Bueno, lo puede ver en la Intrané. En la página de Soriana.”
– R@U: “¿Intranet? Por eso es Intra de Interno, es la red interna de Soriana. ¿Porqué no entra usted y me regala una copia?”
– Gerente: “Digo en la Interné” – en un tono claramente agraviado y desesperado por terminar esto lo antes posible.

La entidad prepotente observaba alternadamente al gerente y a mi con cara de perro cagando. La adrenalina del principio se convirtió en vitaminas. Acababa de hacerme del control de la situación y este par de entidades que se supone los contratan para encargarse de hacer la experiencia de compra agradable, se encontraban molestos, desarmados y con tendencias avestruciles por la expresión en su cara.

– Gerente: “Si quiere tomar fotos, debe llenar una forma indicando a qué compañía representa, para qué son las fotos, etc. y cuándo y a qué hora viene para que alguien lo acompañe.”
– R@U: “No soy de ninguna compañía, tengo una columna en Internet” – haciendo énfasis en la ‘t’ – “y esta foto la tomé porque es una presentación que no conozco de un Whiskey que me gusta y que quería compartir. Deme la forma y la llenamos ahorita. Quiero tomar más fotos.”
– Gerente: “No pues no se puede. Tiene que ser con anticipación.”

Voltea la vista hacia la entidad prepotente con cara de “Cabrón! ¿Ves lo que provocas?”

Notando yo esto y con una hueva dado que el Gerente éste no sirve más que para cobrar su sueldo, decido también ya “cortar por lo sano”

– R@U: “Mire yo no vuelvo a tomar fotos ni regresar a Soriana. ¿Qué le parece?”
– Gerente: “Usted puede tomar las fotos que quiera pero tiene que avisarnos para que no pase esto.”
– R@U: “¿No le digo? Bueno gracias por su ayuda. Ahh y éste refresco me lo regalaron eh!”

Con el tono más evidente de molestia que me fue posible expresar.

Gerente y entidad prepotente se miran mutuamente aliviados de que ya se acabo ésto.

Pongo cara de molestia y pienso para mis adentro “Carajo” pinche gente inútil.” y me dedico a buscar a mis padres que andan comprando por ahí.

Esta gente saca a relucir su nulo entrenamiento respecto a servicio y trato al cliente. Tal vez creen que con la tarjetita de puntos y las ofertas ya van a tener contenta a la gente. A mi no. Me dejaron un mal sabor de boca, pero gracias a la Pepsi y al pensamiento de que me regalaron un tema para R@Utopia, me alegro, registro la hora y doy otro trago a la Pepsi. Pienso que no ya no vuelvo a comprar en Soriana…. a ver si se quitan la espina.

Abur

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Metrobús hecho al “aventón”?

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Circulando por la tortuguil Av. Insurgentes, he coincidido en momentos en los que arranca un metrobús y el humo del escape lateral se mete dramáticamente en los autos que tienen la desventura de ir distraídos y no notar que tiene a la izquierda un escape apuntando a su rostro.

¿Cómo es posible que hayan aprobado la compra de estos metrobuses, porque no son todos, con el escape a la altura y del lado que van los autos?

Ahhh, pues las compras al aventón para entregar lo antes posible, cobrar su tajada y presumirlo a lo pendejo.

Ese Marceloco. No sólo destruyó una de las avenidas más importantes de la ciudad, haciéndola fea y más lenta de lo que era, si no que además se los restrega -literalmente- en la cara a algunos ciudadanos, cuando arranca el metrobús a su izquierda.

La nueva moda en chucherías de la suerte

En vez de abrir galletitas y tonterías de la suerte como las que aparecen en las redes sociales como el Facebook o MySpace, yo fui al baño y me encontré con esto:

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Green Tea Frapuccino con un shot de vainilla – Voyeureando en Starbucks

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13:00 horas de un 7 de  agosto del 2009. Me acerco con case de laptop en el hombro al Starbucks más cercano de mi locación actual. Creo que omitiré la locación real para evitar que la gente mencionada en el mismo se sienta aludida 😛

Me acerco a la caja donde se encuentra una mujer con cara de “… qué chingaos?” Los dependientes la miran con cara de falsa paciencia mientras yo les busco la cara para que me atiendan a mi primero. Carraspeé discretamente para hacerme notar y después de unos segundos, me sonríe la mujer preguntándome qué quiero pedir. Le recito mi ya clásica letanía: Green Tea Frappuccino grande sin crema batida y con un shot de vainilla. Amén.

Localicé un sillón donde mi detector de corriente alterna fijó la mirada y me dispuse a abrir mi incase case 😉 para sacar mi laptop y adelantar los proyectos que tengo corriendo. Recogí mi bebida y noté que la mujer con cara de “… qué chingaos?” ahora tenía cara de “… para qué me metí aquí?” mientras le indicaban las combinaciones que podía pedir para su bebida. Cabe mencionar que el “chavo” que la atendía se veía amable y sinceramente interesado en ayudar. – Punto a favor de Starbucks –

Ya sentado y con laptop en pierna, esperaba que saliera de su estado de hibernación. Frente a mi, un par de mujeres de no más de 15 años compartía un clásico Cappuccino. me dio curiosidad cuando escuché que una dijo algo respecto a que nunca iba a volver a hablarle a “fulanito”. Chocaron palmas con un juego de manos parecido a los saludos entre bandas, se levantaron y se fueron. Inmeditamente me senté donde estaban ellas. El contacto de energía estaba más cerca y así podía poner la laptop conectada en mis piernas. La pila marcaba 25% y cargando.

Sorbía con placer del popote de mi bebida… me encanta este tecito. Es muy caro, tiene 380 calorías y 20gramos de grasa según el sitio oficial del café, pero me encanta. Es un pequeño vicio pero creo que lo valgo 😉 Observaba a mi alrededor y parecía como si hubiera seleccionado el mejor spot para observar a casi todo el lugar. Sólo me faltaba un área de 2 mesas donde se sentaban pseudojecutivos con sus laptops.

A mis 13 – según el argot aeronáutico – había 2 sillones individuales dándome la espalda. En ellos, un niño de unos 10 años en uno; sorbiendo un frappuccino de algo y regresándolo por el popote :s. En el otro, una señora que hablaba sin cesar ignorando por completo su bebida: un posible cappuccino. Frente a ellos un love seat con dos jóvenes: una delgada de bellísimos ojos verdes y seguramente consciente de su belleza; tomaba un frappuccino de forma demasiado insinuante para su edad; su expresión un tanto arrogante. Cuando mi mirada se cruzaba con la de ella, noté su expresión – ya estudiada varias veces en un espejo – de semi coqueteo indiferente. Me contuve para no arrojar una carcajada… oops vengo simple. Creo que es buen momento para escribir. La otra niña, un poco llenita y sumamente relajada y con mirada amigable, devoraba su frappuccino. Como experimento, también le busqué la mirada y me regaló una sonrisa de esas que te hacen el día 🙂

En los sillones más a mis 14, una señora que parecía estar esperando a su acompañante o simplemente le gustó el lugar para sentarse y descansar. Observaba por el vidrio, tal vez, de la misma manera voyeur que yo. Su mirada era triste. Parecía que estaba a nada de derramar una lágrima. La observé varios minutos mientras abrí el documento para el blog y apenas volteó un momento. Se acaba de dar cuenta que la observo y me mantiene la mirada. Por dentro dialogo con ella: “Hola. ¿No va a pedir un café señora? Están caros pero vale la pena la experiencia. No la vayan a correr por no consumir” Ya me quitó la mirada, se rasca la nariz y hace una expresión de perro Shar pei por las arrugas que salieron con la mueca. Una blusa roja ceñida al regordete cuerpo, una cola de caballo, unos pantalones de manta blancos y una chamarra “Preslow” amarrada a su cintura.

Me distrae una “pareja” que me pregunta si se pueden sentar en el love seat frente a mi. Les contesto con un amigable “adelante” Ella viste unos jeans deslavados y una blusa roja con un gran escote que permite asomarse a unos senos llenos de barros pobremente maquillados. Yikes! 😐

Él viste un traje azul marino con rayas de tela y corte baratos. Las costuras se notan y la caída de los hombros le crea unas alitas a la altura de los hombros. Su camisa a cuadros color rosa claro contrastaba con su corbata Scappino de hace unos 10 años, evidentes en el nudo acatornado y con la marca de mugre que indicaba las pocas o nulas veces que la lleva a la tintorería.

Resulta ser una entrevista de trabajo. Escucho los clásicos ¿Cuánto tiempo tiene de experiencia?, ¿Cuál es su máximo nivel escolar? ¿Ha tenido gente a su cargo? Mientras tanto, pienso para mis adentros “Bueno mujer, ¿qué no pides un CV antes de hacer la entrevista?” el joven de 35 según dijo, contestaba con una teatralidad que era obscena. Fue más natural la ojiverde de hace rato al sorber su bebida que este individuo al responder. Usaba palabras que ni el podía pronunciar correctamente y su nerviosismo se notaba horriblemente en el exagerado mover de manos y su gesticular.

Me recordó los días en los que pasaba toda la gente de sistemas por mi oficina en el lugar donde trabajaba. Fueron buenos días, me divertí mucho, no sólo por el excelente e irrepetible ambiente de trabajo que generamos, sino porque las entrevistas eran un lugar donde podía jugar con la gente, sus expresiones, fortalezas y debilidades y además, nunca podía perder. Sip, soy un cabrón jajajaja (risa malévola) 😀

La señora de la blusa roja sigue absorta en su voyeurismo y vuelve la mirada hacia mi. Yo me volteo fingiendo ver al grupo de señoras que está a mis 14:30. Parece que se dedican a algo relacionado con la educación. Ha terminado la entrevista. Después de varias bromas de mal gusto que no hicieron ni reir al que las expresó, se levantan y se despiden mutuamente. La mujer se sienta en otra mesa al lado de la señora voyeur y le informa al que debe ser su jefe. La mirada burlona de él me dice que no necesitó decirle mucho su subordinada. No creo que lo contraten.

Una de las señoras educadoras llega al sillón ahora vacío y me sonríe mientras conecta su Toshiba al plug de corriente. Le digo “Justo y necesario, ¿cierto?”. “Sí así es”. Me responde sentándose junto con su colega. Noto 3 USB Flash drives – si suena mamón pero asi se llaman – 😉 conectados al equipo. Ojalá y no se les vaya de lado la lap con los drives dentro y se rompan. Saco una tarjeta de presentación para dársela cuando se vayan. Nunca se sabe cuándo pueden necesitar de un consultor en Tecnologías de Información.

Afuera del “estarbucs” como dijo la colega de la dueña de la laptop sucede un desfile de entidades digna de un zoológico. Parejas de jóvenes tomadas de la mano. Muchísimo oficinista de todos los niveles, predomina la camisa blanca y las corbatas oscuras. Por otro lado, pienso “¿Serán tal vez estudiantes de medicina?” aquellos que desfilan con su bata blanca y el cuello levantado jajaja parecen condecitos.

Acaba de salir la niña de la caja con un vaso con agua y un popote en mano. Al unísino noto varias cabezas de hombres en el local que se dirigen hacia sus bien torneadas nalgas. Mea culpa, a mi también me llamaron la atención; son demasiado fuera de lo común en esta ciudad de México. Regresando al desfile, las de moda más atrevida son las mujeres. Vestidos ceñidos al cuerpo que dejan ver sus curvas, tanto las que deben estar naturalmente ahí, como los excesos de tejido adiposo que se desparraman como una fila adicional de senos. Sin embargo, los de peor gusto son los hombres. Pantalones cuyo tiro llega casi a las rodillas dejando ver unos boxers tan viejos que algunos brillan con el sol. Playeras playeras de Acapulco o Cancún y uno con una donde se lee “Hard Rock Nuevo Vallarta” … ah chingá, ¿será nuevo ese jar roc?

Ya casi son las 15 horas por lo que que ha llegado mi momento para partir. El local casi se ha vaciado; sólo queda un ser humano bien vestido frente a mi y la señora voyeur con una expresión ya no tan triste. ¡Joder! Acabo de notar que las mujeres educadoras partieron y me quedé con mi tarjeta de presentación. En fin ya será para la próxima. Ooops se acerca nuevamente la mujer del pantalón blanco del mostrador botella con atomizador en mano. Está limpiando la mesa a mi derecha dejando frente a mi, ese bello atributo que mencioné líneas arriba. Me pregunto si los calzones se los comió o de plano no trae.

Antes de partir, noto que la señora de rojo se encuentra roncando ajena a todo el movimiento a su alrededor 🙂 Casi dos horas sentada, sin consumir, voyeureando. Me dejó pensativo la señora. Ojalá se encuentre bien.

Abur

Foto tomada de engadget.com

Los aromas de la ciudad

090428ReformaLa semana ante pasada tuve que dejar mi coche en un taller de Ford por la entrada de la ciudad en la Autopista México-Cuernavaca. Como consultor independiente, no es agradable la idea de quedarme sin coche más de una semana dado que mi trabajo es andar por toda la ciudad visitando clientes. El detalle es que la aseguradora me asignó ese taller, el más cercano al hogar y era eso o quedarme con mi golpe.

Después del inventario de rigor confirmé que la mayoría de la gente te cobra por como te percibe, ¿porqué?

La primera vez que llegué a ese taller, la persona que me iba a recibir el coche me cotizó un rayón que cubre las dos puertas del lado izquierdo. El presupuesto era $3,500.

Ahora que sí lo dejé, otra persona del mismo taller me lo cotizó 5,500. Si la diferencia fuera de un 10% podría ser por la variación en la estimación de cada persona. Pero aquí la diferencia fue del 60% Lo cual indica dos cosas: una, que la persona exageró en su estimación y dos, de plano ve una oportunidad para sacarse una “lanita extra” en caso de que yo hubiera caído.

Una vez ya a pie, me dirigí hacia la Carretera Federal donde podría tomar un microbús para llegar a la casa. Generalmente me toma de 9 a 12 minutos en coche, dependiendo del tráfico. En microbus es otra historia. Con tanta parada que hacen y la forma de manejar tan ineficiente de estas entidades, a veces hago hasta 40 minutos para el mismo tramo. Por esto, resignado por el recuerdo del tiempo a “tirar” en el proceso, me dispuse a caminar hacia el lugar donde puedo tomar los blanquiverdes botes con ruedas.

El camino a la “parada” más cercana incluye cruzar algunos puentes peatonales. Era curioso como la gente me miraba desde abajo como si fuera yo el loco por haber tomado el puente en lugar de sortear los coches en plena carretera. Una señora incluso llevaba un bebé cargando y a una niña de unos 5 años de la mano. Pero qué se le va a hacer. Les ponen puentes y no los usan y cuando no los tienen ahí están cerrando calles para exigir que se los pongan.

Me sentía turista al encontrar detalles de esta parte de la ciudad que no había notado cuando voy manejando: Una casas con el techo plagado de macetas, un gimnasio oxidado, casitas para perros, etc. La percepción del mundo es muy agradable desde las alturas. Y viendo los techos de casas y de coches decidí mejor irme caminando desde ahí e ir descubriendo las cosas que me he perdido por ir conduciendo el auto.

Después de bajar el puente me encontré con todo pequeño nuevo mundo del cual no estaba consciente. Un mundo lleno de colores, personas, lugares y sobretodo de aromas que me encanta percibirlos aunque a veces no tanto.

La mayoría de las calles por esta zona tienen una banqueta, pero es tan pequeña que, difícilmente se puede caminar por ellas. Hmmm y pensar que yo criticaba a esas personas que van debajo de la acera cuando yo voy circulando en mi coche. Voy a buscar ponerme en el lugar de las personas antes de hacer conclusiones.

Es curioso encontrar fachadas de casas y negocios cubiertas de garabatos y wannabes de grafitti, mientras que otras se encuentran sin rastro alguno de vandalismo. Perfectamente pintadas e intachables. ¿Será que los que viven en ellas son los que pintan y dejan su casa libre de estas rayoneadas?

Mientras iba caminando algo curioso sucedía. Mi nariz pasaba de percibir incienso a percibir aromas frutales. Luego, olor a encerrado, a humedad, a flores, a mercado, a carne, a humanos… Algunas casas despedían sus aromas individuales otras, “ni fú ni fa”. Al principio no le dí mucha atención, pero cambiaban tanto los aromas que me regresé más de dos veces a verificar que efectivamente el olor saliera la casa por la que estaba pasando.

Si lo pienso dos veces, no es raro el fenómeno. No acostumbro caminar por las calles – de hecho, me sentía como turista – y dado que el camino es todo el tiempo de subida – al menos 30 metros desde donde comencé a caminar – entonces por el esfuerzo iba hiperventilando. Quiero pensar que eso estimuló a la nariz y bueno.. . fue, como canta Enrique Iglesias, una “experiencia religiosa” La voy a repetir más seguido y voy a turistear por el D.F. para seguir percibiendo “los aromas de la ciudad”

🙂