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Historias de cafetería S1-E02 … Starbucks 2

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Ahora me tocó estar en el Starbucks de Patio Pedregal. Me queda cerca de uno de los clientes que veo y en caso de necesitar visitarles, puedo caer rápidamente. Dado que la madrugada del lunes se robaron 47 metros de cable de la calle donde vivo y la CFE no ha colocado el nuevo cable, al menos 20 familias nos encontramos en el limbo de la ausencia de energía eléctrica. Por lo tanto, agoté la maravillosa batería de la Macbook Pro de 13″ (hasta 5 horas algunas veces) y me dirigí a trabajar a esta cafetería.

Se encuentra ubicada en la plaza “Patio Pedregal”. La mayoría de sus clientes son empleados de las empresas aledañas o, como en mi caso, proveedores o visitantes de las mismas. Aquí no hubo mayoría de algún género, entraban hombres y mujeres por cantidades similares.

Pedí un Caramel Machiatto Light y un Panini de pavo y queso panela. Hoy fue de esas veces que me sentí ridículo pidiendo: “¡Hola! Quiero un grande caramel machiatto light deslactosado y un panini de pavo y queso panela para comer aquí” ¡Qué mamada! pero bueno… es el café que me gusta y es el sandwich que más me latió.

El café lo prepararon más o menos, no me hizo sonreír como otras veces en otras sucursales de la sirena contorsionista y el panini estuvo realmente de la chingada. El pan seco, sin chiste, sin mayonesa, sin mantequilla, sin salsa, sin jalapeños, sin sabor. Me lo tragué porque era media mañana y ando manteniendo el metabolismo activo… shit fucking happens.

Mientras esperaba mi orden, me senté en una “periquera” (silla alta donde, para sentarte tienes que dar un saltito y te quedan las piernas colgando. Además no tiene respaldo por lo que te sientes incómodo a los 40 segundos de haberte sentado) De la fila de comensales escuché una señora joven con voz chillona y desagradable

– “¿Podrías por favor tirarle un poco de agua al té?”

Segundos después la misma señora salió con

– “Por favor ya cambia el vaso y ponle los hielos”

El barista (Güey que te prepara y sirve la bebida) no estaba de ocioso, estaba preparando el té de la señora, pero por lo que noté, en estas cafeterías llega la gente a sacar sus complejos y a sentirse nice. ¡Qué hueva!

Segundos después, como si con mi reflexión la hubiera llamado, entró una entidad que bien pudo haber sido César Romero, el actor que interpretaba a The Joker en la serie de Batman de los 60s. Un escalofrío recorrió mi espalda. El señor lucía irreal, vestía una camisa tejida color hueso y del pecho salía una mascada como la usaban los directores de cine de antaño. Los kakhis algo viejones y mocasines blancos perforados… scary dude.

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Y la voz… la voz literalmente hacía que voltearas a ver de dónde venía esa voz. Parecía que el tipo traía un megáfono pegado a la garganta.

– “Señorita, quiero que me dé…”

1, 2, 3, 4, 5… segundos pasaron mientras fijaba la mirada en la barista a la que se dirigió este personaje.

– “… un grande expreso doble.” Evidentemente tenía implícito un doble sentido esa incómoda pausa en su solicitud. La chavita que no tenía mal ver le preguntó con un leve dejo de molestia en la voz si lo quería “cortado”.

– “No. Me gusta así como sale”

¿Así como sale? What the fucking fuck con este guasón? Me dio pena ajena por la chavita. Ya me imagino cuántos seres extraños han de atender y por qué luego son jetonas cuando es tu turno.

Un lugar “normal” en una silla y mesa de altura estándar se liberó a un lado del lugar donde se encuentran las servilletas, el azúcar y demás. Me moví ahí para estar más cómodo quedando el área de entrega frente a mi.

– “Mocha latte deslactosado light para Chucho. Chai, fruit passion helado shaken para Carol. Half half, cinamon dolce, double shot para Tyler” gritaba el barista para que el cliente pasara por su bebida.

Efectivamente… en este lugar, la gente puede sentirse por un instante mínimamente interesante o por lo menos, salir de su monotonía.

Curiosamente, yo era el único vestido con jeans y polo. Los hombres iban trajeados y las mujeres con traje sastre o en su defecto, blusa, falda y tacones… formales en su mayoría, algunos de buen gusto, otros no tanto, pero en “gustos se rompen géneros”

Finalmente ya cuando había cargado la batería de la Mac y había terminado con los pendientes del día, volví a presenciar una entrevista de trabajo. No me parece un lugar adecuado para llevar a cabo una entrevista pero parece que es la moda o, por lo menos, algunas personas creen que así es.

El empleador era un señor que rondaba los 70 años, vestía un traje café claro que exudaba calidad. Sin embargo, la cagó en la corbata: el nudo excesivamente grueso, chueco y dependiendo del ángulo que la vieras, aparecía y desaparecía una mancha como si fuera billete con tinta iridiscente. Los zapatos lucían limpios y de buena calidad pero al cruzar una pierna sobre la otra se evidenciaba un tacón gastado supinador. Sin ver los detalles, bien podía dar el “gatazo”

La futura o posiblemente futura empleada era una mujer de unos cincuenta y tantos años. Vestida con una blusa que podría ser seda, una mascada floreada en tonos pastel alrededor de su cuello, falda de lana color beige, medias obscuras y zapatos de tacón medio color café impecables. ¡Ah! y la clásica bolsa de mano con las LVs por todos lados.

No podía escuchar bien su plática pero de repente notaba, palabras más, palabras menos, que el empleador decía “… y la persona debe ser de mi entera confianza porque si no confían en mi no puedo trabajar así. ¿Usted podría tenerme toda la confianza?” La señora hablaba bajo y no entendí nada de lo que decía, pero no se veía muy entusiasmada… yo tampoco lo estaría.

Después de hacer unas llamadas cerré el changarro y pregunté si perforaban el boleto de estacionamiento. Con la perforación “regalaban” 1 hora de estacionamiento de las casi 4 que estuve ahí. Ya no pasé con mi cliente porque necesitaba confirmación de algunas cosas antes de la visita por lo que tal vez mañana regrese y dependiendo de lo que vea u oiga, podría escribir entonces un 3er episodio de Historias de cafetería.

Abur

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Historias de cafetería S1-E01 … Starbucks

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Hoy me encuentro en el Starbucks de Interlomas. Generalmente no ando por estos rumbos y como casi siempre que acudo a estas cafeterías, me encuentro con personalidades diversas. No me refiero a personalidades de la farándula, como el uso coloquial del término sugiere, sino a seres humanos con personalidades variadas y únicas y que al mismo tiempo, tienen características comunes entre sí dependiendo de la zona donde se encuentre el local.

Es evidente que los comensales que acuden a estos sitios son aquellos que les queda de paso a sus actividades diarias, ya sea casa, trabajo, mandados, etc. Es por esto que dichos comensales logran tener entre sí ciertos puntos de convergencia en su personalidad. En mi caso, depende de mis antojos, de la parte de la ciudad en la que me encuentre cuando se da el antojo o la necesidad de sentarme en un lugar con Internet y que me permita estar “cómodamente” trabajando.

Los clientes de este local a esta hora – 13:50 – son, en su gran mayoría, mujeres jóvenes. Tal vez con negocios propios o con maridos que les permiten estar en horas laborales tomándose un café. En la parte superior, casi nunca falta una persona con su laptop conectada en el “latptop bar” haciendo llamadas de negocios mientras su vaso vacío le hace compañía por horas.

Uno que otro hombre ha entrado, pero compra la bebida deseada y se va sin quedarse a degustarlo o a esperar algún interlocutor que le haga compañía.

De las mujeres que se encuentran aquí, casi todas visten a la moda. Están perfectamente maquilladas, sin excesos y sus edades rondan los treinta años. El tono de su voz y la cantaleta que usan al hablar es un denominador común de su personalidad, donde parece que cada frase que dicen es una pregunta. Se refieren a los demás con diminutivos pseudo cariñosos como “chaparrita”, “nena”, “bombón”, etc. Entre sí, parecen amigables, amables y respetuosas. Sin embargo parecen militares on-duty cuando van caminando o arriba de sus medios de transporte.

En la entrada se encuentra un ser humano de más de 120Kg vestido de azul navy con macana al cinturón. Es el personal de seguridad. Me pregunto qué tan interesante podrá ser su trabajo… bastante yo creo. La gente que acude se le puede clasificar como “bonita”. Las conversaciones que se escuchan pueden ser aburridas y frívolas, pero otras no tanto. Acabo de escuchar alguien criticando a su pareja por tener gustos extravagantes. Si “para oreja” de repente debe divertirse mientras observa sin disimulo a todos los que nos encontramos dentro del local.

Curiosamente todos los comensales que se encuentran aquí, incluyéndome, traemos un iPhone con nosotros. El mismo descansa en las mesas boca arriba siendo tomado múltiples veces al emitir el clásico tri-tono de la alerta de que algún mensaje acaba de ser recibido.

Las bolsas que traen algunas mujeres son espectaculares. El tamaño, la calidad de la piel con la que están hechas que salta a la vista al observarla y las formas que tienen. Es evidente que tienen un alto poder adquisitivo que también se evidencia en los zapatos. No entiendo cómo pueden caminar con semejantes plataformas y tacones.

Acaba de entrar otro hombre, pero éste se sentó con una mujer que estaba sola en las mesas de afuera fumando y sorbiendo de un vaso grande.

Curioso… este local se encuentra dentro de una plaza con un supermercado… el del pelícano blanco en fondo naranja. No es tan nice como el de un centro comercial, pero vaya que tienen clientela.

En fin… sólo compartiendo el 1er capítulo de la 1er temporada de “Historias de Cafetería”


Green Tea Frapuccino con un shot de vainilla – Voyeureando en Starbucks

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13:00 horas de un 7 de  agosto del 2009. Me acerco con case de laptop en el hombro al Starbucks más cercano de mi locación actual. Creo que omitiré la locación real para evitar que la gente mencionada en el mismo se sienta aludida 😛

Me acerco a la caja donde se encuentra una mujer con cara de “… qué chingaos?” Los dependientes la miran con cara de falsa paciencia mientras yo les busco la cara para que me atiendan a mi primero. Carraspeé discretamente para hacerme notar y después de unos segundos, me sonríe la mujer preguntándome qué quiero pedir. Le recito mi ya clásica letanía: Green Tea Frappuccino grande sin crema batida y con un shot de vainilla. Amén.

Localicé un sillón donde mi detector de corriente alterna fijó la mirada y me dispuse a abrir mi incase case 😉 para sacar mi laptop y adelantar los proyectos que tengo corriendo. Recogí mi bebida y noté que la mujer con cara de “… qué chingaos?” ahora tenía cara de “… para qué me metí aquí?” mientras le indicaban las combinaciones que podía pedir para su bebida. Cabe mencionar que el “chavo” que la atendía se veía amable y sinceramente interesado en ayudar. – Punto a favor de Starbucks –

Ya sentado y con laptop en pierna, esperaba que saliera de su estado de hibernación. Frente a mi, un par de mujeres de no más de 15 años compartía un clásico Cappuccino. me dio curiosidad cuando escuché que una dijo algo respecto a que nunca iba a volver a hablarle a “fulanito”. Chocaron palmas con un juego de manos parecido a los saludos entre bandas, se levantaron y se fueron. Inmeditamente me senté donde estaban ellas. El contacto de energía estaba más cerca y así podía poner la laptop conectada en mis piernas. La pila marcaba 25% y cargando.

Sorbía con placer del popote de mi bebida… me encanta este tecito. Es muy caro, tiene 380 calorías y 20gramos de grasa según el sitio oficial del café, pero me encanta. Es un pequeño vicio pero creo que lo valgo 😉 Observaba a mi alrededor y parecía como si hubiera seleccionado el mejor spot para observar a casi todo el lugar. Sólo me faltaba un área de 2 mesas donde se sentaban pseudojecutivos con sus laptops.

A mis 13 – según el argot aeronáutico – había 2 sillones individuales dándome la espalda. En ellos, un niño de unos 10 años en uno; sorbiendo un frappuccino de algo y regresándolo por el popote :s. En el otro, una señora que hablaba sin cesar ignorando por completo su bebida: un posible cappuccino. Frente a ellos un love seat con dos jóvenes: una delgada de bellísimos ojos verdes y seguramente consciente de su belleza; tomaba un frappuccino de forma demasiado insinuante para su edad; su expresión un tanto arrogante. Cuando mi mirada se cruzaba con la de ella, noté su expresión – ya estudiada varias veces en un espejo – de semi coqueteo indiferente. Me contuve para no arrojar una carcajada… oops vengo simple. Creo que es buen momento para escribir. La otra niña, un poco llenita y sumamente relajada y con mirada amigable, devoraba su frappuccino. Como experimento, también le busqué la mirada y me regaló una sonrisa de esas que te hacen el día 🙂

En los sillones más a mis 14, una señora que parecía estar esperando a su acompañante o simplemente le gustó el lugar para sentarse y descansar. Observaba por el vidrio, tal vez, de la misma manera voyeur que yo. Su mirada era triste. Parecía que estaba a nada de derramar una lágrima. La observé varios minutos mientras abrí el documento para el blog y apenas volteó un momento. Se acaba de dar cuenta que la observo y me mantiene la mirada. Por dentro dialogo con ella: “Hola. ¿No va a pedir un café señora? Están caros pero vale la pena la experiencia. No la vayan a correr por no consumir” Ya me quitó la mirada, se rasca la nariz y hace una expresión de perro Shar pei por las arrugas que salieron con la mueca. Una blusa roja ceñida al regordete cuerpo, una cola de caballo, unos pantalones de manta blancos y una chamarra “Preslow” amarrada a su cintura.

Me distrae una “pareja” que me pregunta si se pueden sentar en el love seat frente a mi. Les contesto con un amigable “adelante” Ella viste unos jeans deslavados y una blusa roja con un gran escote que permite asomarse a unos senos llenos de barros pobremente maquillados. Yikes! 😐

Él viste un traje azul marino con rayas de tela y corte baratos. Las costuras se notan y la caída de los hombros le crea unas alitas a la altura de los hombros. Su camisa a cuadros color rosa claro contrastaba con su corbata Scappino de hace unos 10 años, evidentes en el nudo acatornado y con la marca de mugre que indicaba las pocas o nulas veces que la lleva a la tintorería.

Resulta ser una entrevista de trabajo. Escucho los clásicos ¿Cuánto tiempo tiene de experiencia?, ¿Cuál es su máximo nivel escolar? ¿Ha tenido gente a su cargo? Mientras tanto, pienso para mis adentros “Bueno mujer, ¿qué no pides un CV antes de hacer la entrevista?” el joven de 35 según dijo, contestaba con una teatralidad que era obscena. Fue más natural la ojiverde de hace rato al sorber su bebida que este individuo al responder. Usaba palabras que ni el podía pronunciar correctamente y su nerviosismo se notaba horriblemente en el exagerado mover de manos y su gesticular.

Me recordó los días en los que pasaba toda la gente de sistemas por mi oficina en el lugar donde trabajaba. Fueron buenos días, me divertí mucho, no sólo por el excelente e irrepetible ambiente de trabajo que generamos, sino porque las entrevistas eran un lugar donde podía jugar con la gente, sus expresiones, fortalezas y debilidades y además, nunca podía perder. Sip, soy un cabrón jajajaja (risa malévola) 😀

La señora de la blusa roja sigue absorta en su voyeurismo y vuelve la mirada hacia mi. Yo me volteo fingiendo ver al grupo de señoras que está a mis 14:30. Parece que se dedican a algo relacionado con la educación. Ha terminado la entrevista. Después de varias bromas de mal gusto que no hicieron ni reir al que las expresó, se levantan y se despiden mutuamente. La mujer se sienta en otra mesa al lado de la señora voyeur y le informa al que debe ser su jefe. La mirada burlona de él me dice que no necesitó decirle mucho su subordinada. No creo que lo contraten.

Una de las señoras educadoras llega al sillón ahora vacío y me sonríe mientras conecta su Toshiba al plug de corriente. Le digo “Justo y necesario, ¿cierto?”. “Sí así es”. Me responde sentándose junto con su colega. Noto 3 USB Flash drives – si suena mamón pero asi se llaman – 😉 conectados al equipo. Ojalá y no se les vaya de lado la lap con los drives dentro y se rompan. Saco una tarjeta de presentación para dársela cuando se vayan. Nunca se sabe cuándo pueden necesitar de un consultor en Tecnologías de Información.

Afuera del “estarbucs” como dijo la colega de la dueña de la laptop sucede un desfile de entidades digna de un zoológico. Parejas de jóvenes tomadas de la mano. Muchísimo oficinista de todos los niveles, predomina la camisa blanca y las corbatas oscuras. Por otro lado, pienso “¿Serán tal vez estudiantes de medicina?” aquellos que desfilan con su bata blanca y el cuello levantado jajaja parecen condecitos.

Acaba de salir la niña de la caja con un vaso con agua y un popote en mano. Al unísino noto varias cabezas de hombres en el local que se dirigen hacia sus bien torneadas nalgas. Mea culpa, a mi también me llamaron la atención; son demasiado fuera de lo común en esta ciudad de México. Regresando al desfile, las de moda más atrevida son las mujeres. Vestidos ceñidos al cuerpo que dejan ver sus curvas, tanto las que deben estar naturalmente ahí, como los excesos de tejido adiposo que se desparraman como una fila adicional de senos. Sin embargo, los de peor gusto son los hombres. Pantalones cuyo tiro llega casi a las rodillas dejando ver unos boxers tan viejos que algunos brillan con el sol. Playeras playeras de Acapulco o Cancún y uno con una donde se lee “Hard Rock Nuevo Vallarta” … ah chingá, ¿será nuevo ese jar roc?

Ya casi son las 15 horas por lo que que ha llegado mi momento para partir. El local casi se ha vaciado; sólo queda un ser humano bien vestido frente a mi y la señora voyeur con una expresión ya no tan triste. ¡Joder! Acabo de notar que las mujeres educadoras partieron y me quedé con mi tarjeta de presentación. En fin ya será para la próxima. Ooops se acerca nuevamente la mujer del pantalón blanco del mostrador botella con atomizador en mano. Está limpiando la mesa a mi derecha dejando frente a mi, ese bello atributo que mencioné líneas arriba. Me pregunto si los calzones se los comió o de plano no trae.

Antes de partir, noto que la señora de rojo se encuentra roncando ajena a todo el movimiento a su alrededor 🙂 Casi dos horas sentada, sin consumir, voyeureando. Me dejó pensativo la señora. Ojalá se encuentre bien.

Abur

Foto tomada de engadget.com