Mi espacio utópico y catártico

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What would XXX do?

Pienso que alguna vez en nuestra vida hemos escuchado a alguien decir la frase: “¿Qué haría _____ en esta situación?” Donde ____ varía dependiendo de la persona, sus creencias o hasta su humor. Los americanos mencionan a Jesús usando “What would Jesus do?” y es el título de esta columna (Me da risa los que usan la palabra “columna” para denominar a sus escritos) entrada.

La semana pasada estuve en San José, Costa Rica y ya tengo una entrada al respecto ya que me gustó la cultura ecológica que ahí se vive – pero eso es tema para otra ocasión – Estando en el hotel y regresando de trabajar con el cliente que fui a visitar, me encontré en una disyuntiva: eran alrededor de las 7 de la noche (8 en México de donde soy ouriundo ;)) y acababa de cerrar la puerta de la habitación del Holiday Inn donde me hospedé. Desabroché el pantalón – había comido abundantemente – me quité los zapatos y calcé unas pantuflas de $40 pesos de supermercado para descansar un poco los pies.

El confort que sentí al estar en mi habitación fue delicioso: 22°C según el clima automático. Las pantuflas acariciaban la planta de mis pies en cada paso. Tenía conmigo una botella con agua que había comprado en el Wal Mart cerca de las oficinas de mi cliente y en el iPad me esperaba un App que recién había comprado para llevar una bitácora.

Me había prometido llegar al hotel e ir a nadar o al gimnasio – generalmente no me cumplo esas “promesas” que surgen de la emoción de un momento de culpa como ese día por haber comido postre y café por gula.

“¡Joder! he comido demasiado hoy así que llegando voy al gym o me echo una buena nadada en la alberca”

Estrictamente hablando, no fue una promesa pero así me la tomo. Ahhh pero la habitación estaba más que deliciosa, me encontraba algo cansado y con el delicioso sopor de cuando al interior de mi panza los procesos digestivos están haciendo su chamba.

“Bueno. 10 minutitos de escuchar música y ver mis correos y luego parto.” – me dije a mi mismo en voz alta y tono condescendiente.

Me puse los audífonos que ahora  llevo cuando vuelo en avión: Unos Sony NC-60 que tienen una excelente fidelidad y además cancelan los sonidos parásitos del ambiente. Al escuchar Pink Floyd en ellos me transporté a una sala de conciertos con mi mismo como único espectador. Me senté en el coach y subí los pies a la cama para poder disfrutar “Hey you” Ahhh tuve un eargasm(orgasmo auditivo) cuando llegó la parte final y gritan: “Hey you, don’t tell me there’s no hope at all. Together we stand, divided we fall.”

Abrí el iPad y me puse a navegar por Apps y me detuve en el Eye Witness del diario británico The Guardian. Las fotografías son impresionantes y puede uno perderse varios minutos observando los detalles, el contexto y los tips de cómo se tomó cada una. Luego se me antojó jugar Plants vs Zombies y fue en ese momento cuando la “promesa” del gimnasio se hizo presente en mi mente.

“Fuck!, pero estoy bien rico” – pensé mientras me estiraba cual perro negro 😉

Apagué la música y me detuve un momento para tomar energías y, según yo, prepararme para ir al quinto piso donde se encontraba la alberca y el gimnasio. Entonce vino la trillada cuestión “Qué es lo que Jesús haría?” Pero ¿por qué Jesús? yo ni siquiera soy católico o religioso. ¿Por qué llegó a mi cabeza eso? … entonces, me quedé en la habitación.

¿Por qué me quedé en la habitación si seguramente Jesús de Nazareth hubiera tomado su túnica y sandalias deportivas para dirigirse al gimnasio?

Bueno, yo no soy Jesús. Soy Rodrigo y como tal, decidí quedarme en la habitación y echar la huevita cual salmón en temporada de desove. Pero el hacerme la pregunta de qué haría otra persona en mi lugar me dejó pensando. A veces actúo de acuerdo a lo que terceros esperan de mi. En el caso de mi vida profesional, es un hecho que a quien reporto espere que haga mi trabajo, pero fuera de eso, pienso que no deberíamos actuar acorde a lo que otros esperan que hagamos.

Alguna vez alguien me cuestionó acerca de convivir con una sobrina que en aquel entonces era menor de edad.

“Güey no mames. Está chiquita. ¿Qué es lo que estás buscando ahí? – recuerdo que me dijo en tono de sorpresa.

“No estoy buscando algo. Me gusta su compañía y en este momento tenemos algo en común de lo cual platicamos y compartimos.” – le contesté; palabras más, palabras menos.

“Pero es que, ¿qué va a pensar la gente? ¿Qué harías si fueras tú su papá? – me cuestionó en un tono inquisitivo.

“Si fuera su padre seguramente respetaría la decisión de mi hija de… Espera. No sé qué chingados haría si lo fuera, pero no lo soy. Creo que te estás proyectando. Has de pensar que voy a hacer algo que tú harías con ella o te tienes alguna especie de celo o incomodidad porque me siento en la libertad de hacer lo que me venga en gana sin preocuparme por gente como tú que hasta lo que no come les hace daño.”

Al final, mi amigo abrió su criterio y entendió mi punto y hasta se disculpó por haberme cuestionado.

Entiendo que por sociedad, tradición, medios de comunicación masivos y el “sentido común”, se pueden pensar cualquier cantidad de cosas de una situación extraordinaria. Y si nos preguntamos antes de actuar qué haría “fulanito de tal” sea Jesús de Nazareth, William Wallace, Batman, Hitler, la madre teresa de Calcuta, Ghandi o quién sea, no pasarían las cosas. No tendríamos oportunidad de vivir, experimentar y a veces equivocarnos.

Según los sacerdotes católicos y su biblia, Jesús era un bienhechor que no le interesaban las mujeres. Yo no lo creo. Si estaba galán, popular y además convertía el agua en vino, estoy seguro que tenía sus very own groupies. Su grupo de fans from hell que en la primera oportunidad le robarían un beso o todo si lo pudieran lograr. No me puedo imaginar un Jesús ajeno a ello, pero según la iglesa católica y en este caso mi amigo, no debería tratar a mi sobrina. Primero porque es menor de edad y segundo porque es eso: mi sobrina.

Mi recomendación, en vez de preguntarnos ¿qué haría XYZ en tal situación? podríamos preguntarnos lo siguiente:

  1. Si lo que haré va a afectarme o a terceros.
  2. Si al hacerlo obtendré algún beneficio, conocimiento, experiencia o simplemente seré mejor persona haciéndolo que dejándolo de hacer.
  3. Si al no hacerlo me sentiré inquieto o a disgusto por la omisión.

No soy autoridad moral, pero escribo lo que pienso y lo que vivo. Si te sirve amable lector, te lo regalo. Si no… bueno, te entretuve unos minutos 😉

Abur.

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El mejor regalo del día del padre.. para el hijo

Horno cool

Horno cool

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Hoy es otro de esos días comerciales impuestos por la tradición en un afán de recordar a una de las partes que nos dio la vida, crió y nos dio una oportunidad para estar en este planeta: nuestro padre.

Respeto al mío y la mayoría del tiempo podemos comunicarnos bien y tener conversaciones enriquecedoras. Todavía nos reímos y podemos enojarnos con los comentaristas de box. Claro, como todos y cualquier persona, tiene sus detalles no tan agradables y otros que rayan en la incomodidad y molestia. Pero no deja de ser mi padre y no dejo tampoco de quererlo. Hoy tuve una desilusión que, en pocos minutos, convertí en alegría y en algo sumamente valioso.

Mi papá siempre ha sido la persona que más me agobia al querer hacerle un regalo. Desde hace 15 años que empecé a trabajar, quise darle presentes que expresaran mi agradecimiento y admiración aprovechando ocasiones como su cumpleaños o, como esta vez, el famoso día del padre. Las historias son varias, así que sólo compartiré las más representativas.

Alguna vez, estuve recorriendo tiendas durante días de nevadas por las calles de Munich. Quería encontrar una Meisterstück de Mont Blanc que no fuera la “clásica” negra que tiene todo el mundo. Encontré una color marrón que parecía dedicada a la realeza. La pluma está guardada en algún lugar de su oficina. Nunca se la he visto en la bolsa de la camisa o que siquiera la use.

En otra ocasión, llegué a oler decenas de fragancias y a donde llegara, incluso en los SkyMall y tiendas de aeropuertos, preguntaba y pedía muestras. Quería darle opciones para comprar la loción perfecta para él. Sin embargo, al llegar y preguntarle y decirle y mostrarle, él prefirió su loción de siempre: Guerlain Vetiver que, por cierto, tenía dos botellas sin abrir todavía.

Varias veces he querido invitarlo a un restaurante de mejor categoría que los Vips, Toks que, por cierto, le encantan. Casi en todas las ocasiones y salvo una o dos excepciones, se siente incómodo y termina peleándose con el mesero, el gerente o al que ose traer su corte menos que bien cocido o sus ya famosos “dos chipotles aparte” No es buena idea ir a comer con él.

La única vez que le ha gustado un regalo y que usa prácticamente todos los días fue la vez que le regalé un Gameboy rojo que le traje de los Estados Unidos cuando aquí todavía no llegaban. Recuerdo que no estaba tan seguro porque era rojo, pero era el único que había. Tenía un solo cartucho con un juego muy parecido a Tetris; pero a él le encantó. Hasta la fecha, lo juega antes de dormir y a veces o por la mañana para distraerse. Dado que se “comía” las baterías en menos de una semana, optó por comprarle un eliminador y un adaptador para la corriente; mismo que ha mandado reparar como 3 veces de que se trozan los alambres por el uso. Fue el mejor regalo que jamás le haya dado.

El día de ayer pensé que tenía otro regalo que podría ser útil, que no guardaría o le haría cara como los otros fuera del Gameboy. Había escuchado que se quejó alguna vez con mi mamá de no poder calentar su comida porque se había descompuesto el microondas de su oficina. El viernes aún no había ido el “técnico” que llamó para que se lo reparara, así que pensé: “un nuevo horno de microondas para su oficina será el regalo perfecto parte 2”. Lo usaría todos los días, se evitaría de esperar la reparación del otro y además le permitiría tener café caliente y tal vez saciar el antojo de comer palomitas de maíz o una maruchan.

Cerca de las 9 de la noche estaba ya en WalMart comprando el microondas. No tenía que ser el más caro, tenía que ser pequeño, elegante y fácil de usar – mi padre, como la mayoría de las personas mayores de 65 años, no comulga, ni tiene interés en la tecnología. Hace uso de ella sólo que le sea indispensable – por lo que opté por un LG pequeñito con puerta de aluminio y cristal negro que se veía elegante.

Hoy por la mañana saliendo a desayunar quise darle la sorpresa. Le pedí que abriera la cajuela de su coche para que me ayudara con algo. Estaba ansioso por ver su cara al ver el microondas y saber que mañana podría calentar su comida, café, o lo que fuera. Al abrir la cajuela y sacar la caja le dije: “Es para ti, lo compré para que ya no sufras con el tuyo que está sin servir”

Silencio.

Una pequeña mueca con la boca medio abierta fue todo lo que acertó a expresar.

Más segundos… más silencio.

Al ver su cara, el corazón me dio un vuelco y la expectativa se tornó en decepción.

“¿No te gustó? ¿Está muy grande?” –le cuestioné rompiendo el silencio incómodo que se generó. “No. No es eso.” “Es que el mío todavía está en garantía y pues ya lo voy a reparar.” – me dijo él con un tono que no acerté a descifrar.

He desarrollado cierta habilidad para descifrar diversos comportamientos en algunas personas: Clientes, amistades familiares y gente que acabo de conocer. Pero con mi padre, es imposible saber qué piensa o por qué hace lo que hace.

“Ok, te lo dejo en la cajuela y al rato vemos.” –  cerré la conversación y me subí a mi auto.

Odio cuando una situación me descontrola y esta vez odié más porque una lágrima peleaba por salir de un ojo.

“¿A dónde vas cabrona lágrima?” “No se te ocurra salir ahorita” – Me acomodé las gafas de sol y camuflé mi decepción e impotencia con lo que acababa de suceder.

Suena ridículo y simplista. Pero era mucha la expectativa de que después de años, por fin iba a poder regalar a mi papá algo que le gustara y el que se hubiera caído en sólo 5 segundos golpeó duramente mi orgullo y sistema emocional.

Ya en el coche conduciendo y teniendo la odisea de ver dónde desayunar, volví a tomar color y tranquilidad. El esquivar microbuses y la plática que derivó de encontrar periférico cerrado por la carrera del día del padre lograron la magia: paz.

Llegando a su casa le pedí la caja del microondas comentando que no se preocupara, dado que estaba cerrado y la compra había sido apenas ayer, lo iba a regresar y no habría cargo extra ni nada. Dudó en aceptarlo cuando mi mamá comentó que era mejor tener uno nuevo que esperar a que le repararan el viejo, pero interrumpí la escena metiendo el horno a la cajuela de mi coche.

Esto pudo ser un capítulo más de la serie “Dale de regalo a tu padre algo que no le guste y que no use” pero no me enganché. Quise compartir lo que pasó por mi mente antes de llegar a comprender nuevamente el equilibrio de las cosas en el universo, por más ridículo que suene.

Mi padre es así, es difícil de complacer y casi siempre pone un “pero” a las cosas. Si compro algo, siempre pregunta el precio y sale con que él lo puede conseguir más barato a excepción de cuando hablo de cualquier cosa con chips o metales que no entiende.

Cuando iba en tercero de primaria hubo una competencia de natación. Me partí el lomo y luché contra un calambre y contra el chavito que ganó el primer lugar. Al terminar y salir de la alberca volteé hacia las gradas buscando a mis papás con la convicción de que habían notado el titánico esfuerzo que acababa de hacer. No fue así. El recuerdo de mi papá moviendo la cabeza oscilando de lado a lado mientras levantaba su mano con el pulgar apuntando hacia abajo en desaprobación, todavía me estremece y hace que me duela el pecho al recordarlo.

Así es él. No piensa en lastimar a alguien al ser como es. Es su forma de ser y su cariño lo ha demostrado siempre proveyendo lo que necesitábamos, preguntando cómo nos iba en la escuela, el trabajo, etc. Haciendo todo por satisfacer nuestros caprichos: mi Commodore 64, mi primer cámara fotográfica, el Atari, el reproductor de CDs para la casa en los 80s, las llantas y el equipo de sonido para el coche que él manejaba pero que nosotros presumíamos, toda la escuela de mi hermano y la mía, vacaciones dos o tres veces al año, los Reebok, luego los Nike, los Guess, los RayBan, mi tarjeta de crédito y un larguísimo etc. No nos ha fallado y ahora que a mí me cuestan las cosas, me doy cuenta que debe haber sido un esfuerzo brutal de su parte para que no nos faltara eso y más.

Sus regalos favoritos que le damos son el platicar con orgullo cada vez que salgo de viaje. Contar a los familiares que compré un coche deportivo o que cambio de computadora más que de calzones. Él puede ver que su esfuerzo no se fue a la basura del todo; hasta eso, no salí tan mal 😉

Gracias a que fui ayer a comprar su horno, encontré que los electrónicos tienen descuento y están a 24 meses en WalMart. Quiero regalarme una pantalla de LED y gracias a que fui por su regalo ahora no será de 40” sino de 46”y por el mismo precio.

Entonces, recordando las veces que ando sufriendo – por mi elección porque el único que se pone en posición incómoda soy yo – buscando qué regalarle, siempre ha habido algo positivo y una sorpresa que resulta ser un regalo para mí.

Me siento egoísta porque ahora me doy cuenta que quiero ver su rostro de satisfacción al darle mi regalo. Sí pienso en él y en qué le puede gustarle o serle útil, pero estoy esperando su aprobación. ¿Entonces el regalo es para él o es para mi?

Finalmente, él es como yo; o más bien, yo soy como él. A mí tampoco me gustan mucho los regalos. Prefiero comprarme las cosas porque siento que nadie me da lo que realmente me gustaría… hmm ¿Entonces de qué me quejo?

Ambos somos felices como estamos. Yo no tengo problema si no me felicitan en mi cumpleaños o si no me dan regalos, él es así también. Es feliz teniéndonos cerca y estando con mi mamá. Los que buscamos regalarnos algo al darle a él, somos los demás.

Lo admiro y me siento contento de tenerlo conmigo al igual que a mi mamá.

Gracias por el regalo papá. Porque sin saberlo, el que me regaló algo muy valioso desde que nací y  esta vez hoy, eres tú…

Feliz día del padre.


Cada decisión que tomamos cuenta…

Eric Draven & Shelly WebsterHoy quiero compartir esta experiencia que tuve y que me hace reflexionar acerca de las decisiones triviales que tomamos todos los días. Algunas pueden parecer irrelevantes como el decidir qué ropa ponernos, si levantar o no la basurita que aparece en la alfombra o si encendemos el motor del auto antes de ponernos el cinturón de seguridad. Son decisiones triviales y a veces hasta automáticas, pero no dejan de ser importantes por ello.

Por la mañana, después de bañarme y vestirme, miré en el buró los dos únicos relojes con pila que tengo: un Timex Iron Man y un Polar FT80. Generalmente uso el Timex porque a veces tengo que meter las manos en computadoras o en lugares donde suelen rayarse los relojes. Pero esta vez, decidí por el Polar porque me gusta mucho… me siento como cuando iba al gimnasio, mismo que no he visitado desde hace más de 6 meses.

Visité el primer cliente del día, estaba haciendo auditoría a los equipos cuando llega a su oficina y menciona que compartíamos el mismo modelo de reloj. Es curioso porque, aunque es una maravilla electrónica (más detalles aquí) pocos lo compran, no sólo porque es caro para ser una microcomputadora con monitor cardiaco, no es tan sencillo de programar y cuenta con muchas funciones que para algunas personas están de más.

En la plática surgió si estaba haciendo ejercicio o no y recibí un reality check que me hacía mucha falta. Estaba haciendo ejercicio a lo güey, casi siempre empujando más allá de lo recomendado porque, según yo, así quemo más calorías o porque así hago más músculo o simplemente, porque tenía que hacer más que el resto de los mortales. Pero más equivocado no podía estar.

Resulta que desde hace tiempo he estado teniendo dolores de cabeza derivados de hipertensión. Yo iluso pensaba que era solamente el estrés y no me preocupé mucho. Sin embargo, este cliente y amigo me abrió los ojos a algo que no quería ver por mi necedad: tengo un sobrepeso importante y eso es la principal razón por la cual  aumenta mi presión arterial. Por lo tanto,  cada vez que hago ejercicio me estoy matando poco a poco.  En mi caso, es más sano, no hacer ejercicio que hacerlo de la forma que lo hago porque siempre me exijo más allá de lo normal.

Pesaba bellos 82Kg que puede parecer exceso. Sin embargo tengo complexión mesomórfica y es un peso sano. A principios de año dejé de ir al gimnasio por falta de tiempo y luego por falta de $$$ por lo que decidí mejor ya no ir hasta que me pusiera la disciplina de poder pagar la cuota y asignar, al menos, 4 días de la semana para acudir a hacer ejercicio.

Para Mayo ya estaba cerca de los 100Kg dado que comía igual y no realizaba ninguna actividad física. Hoy día peso 105Kg, es decir que traigo 25Kg extras empacados en 8 meses con tendencia a aumentar si sigo comiendo igual y sin hacer ejercicio.

Hoy estoy cuidando mis alimentos: bebo refresco al mínimo – 1 vez por semana -, ceno cereal – aunque me chillan las tripas en la noche -, trato de no comer nada frito y cuando puedo, cambio la carne que tanto me gusta por una ensalada.

Por las mañanas estoy haciendo estiramientos por 15 minutos y estoy buscando hacer actividad física. Si no camino lo suficiente durante el día (30 minutos) en casa tomo una elíptica abandonada y hago 20 minutos muy ligeros con el ritmo cardiaco entre 130 y 140 pps.

En fin… una simple decisión llevo a un cambio de percepción y a concientizar una situación que, seguramente me hubiera sido detectada cuando el daño fuera mayor. Me gusta una frase de la película “The Crow” misma en la que murió el protagonista Brandon Lee, hijo de Bruce Lee la leyenda del Kung Fu. Ésta aplica para las relaciones humanas, tanto como para el día a día, como en mi caso.

“Little things used to mean so much to Shelly. I used to think they were kind of trivial. Believe me, nothing is trivial.”

“Las pequeñas cosas significaban mucho para Shelly. Yo pensaba que eran triviales. Créeme, nada es trivial.”


El que se enoja pierde o la tecnología no es infalible.

Todos en algún momento hemos escuchado ese dicho de “el que se enoja pierde” y lo único que pregona es paciencia. Hoy lo viví de manera empírica y vaya que aprendí la lección. Todo comenzó ayer… (sonido de arpas mientras se recrea la escena del flashback)

Ayer sábado visité a un par de clientes, ambos a más de 30Km de la montaña. Los primeros equipos auditados fueron bastante rápidos, pero los 3 últimos fueron una verdadera pesadilla: Windows Vista Starter, con 1GB en RAM, fragmentación de registro del 60% y 50% de disco duro. Sólo en arrancar tardaba casi 5 minutos. Otros con el clásico malware que identifica cuando lo quieres remover y empieza a bloquear tus intentos reproduciéndose como loco y tratando de infectar todo equipo que encontrara en red. Me enfoqué en este último y me enterqué hasta que saliera. Pero me tardé el doble de lo que pensé.

Ya en la noche después de actividad y media recordé que no pasé a Cablevisión a hacer el pago que había vencido. No iba a tener señal de Internet ni tampoco de TV, pensé que iba a poder sobrevivir con la señal intermitente del iPhone entre EDGE y 3G; qué equivocado estaba.

Casi para dormir, cayó una tormenta en la montaña y la señal en el teléfono simplemente no servía. Marcaba EDGE por unos instantes y luego perdía la señal. Me agobió no poder ver los pendientes a los que estoy acostumbrado y el hecho de que la señal fuera tan mala precisamente esa noche que no tenía Internet.

Me acosté enfadado por haber olvidado pasar a pagar Cablevisión y me propuse ir temprano a hacer el pago. Además dado que mi hermano andaba fuera de la ciudad, mi padre iba a querer ver el mundial aquí en la casa. Así que estaba decidido: tenía que ir aunque fuera en domingo.

Hoy desperté a las 7 y busqué en el teléfono la locación de las sucursales donde podía hacer el pago en domingo. Me enfadaba ver la E junto a 5 rayitas que indicaban que supuestamente tenía todo para que apareciera el 3G y nada. Después de casi 10 minutos para una búsqueda que debió tomar segundos, identifiqué la sucursal de Coapa y salí sin desayunar a las 8:40 esperando llegar en el momento que abrieran las puertas y regresar a las 9:20 para desayunar bien y con calma.

Llegué a las 9 y me encontré la sucursal cerrada. Pensé – estos huevones seguro van a abrir onda 9:20 – así que decidí estacionarme fuera de Coaplaza y esperar a que abrieran. A las 9:15, impaciente y aprovechando la maravilla del 3G revisé de nueva cuenta el horario de la sucursal.

“Horario: De 9:00 a 20:00 hrs lunes a sábado” ¡ARGHHH! ¡Carajo! Por andar enojado con la señal no leí bien que era lunes a sábado. Decidido y aprovechando que ya estaba fuera de casa, busque una sucursal que abriera en domingo y la única que abría a las 10 era Iztapalapa en la Plaza Aristeum.

Busqué en el Google Maps el 941 de Ermita Iztapalapa y lo ubicó casi a la salida de Puebla. – “No importa” – refunfuñé – “al fin y a estas horas que no hay gente llego en 20 minutos y a las 10:30 estoy de regreso en casa” – pobre iluso –

Aprovechando que estaba en Coapa decidí tomar la ruta “entre calles” que parecía la más directa. Lo más natural hubiera sido tomar Calzada de Tlalpan y dar vuelta en el Eje 8 que es Ermita Iztapalapa y seguirme derecho hasta que apareciera la plaza, pero no; el destino me tenía lista mi lección.

Después de dar como 10 vueltas (sin exagerar) en una calle y puentes cuyo sentido es imposible de determinar, noté que un coche tomó por donde parecía que iba a aparecer una horda de autos en sentido contrario pero no fue así. Tomé por ahí y aparecí en la Av. Tláhuac la cual estaba en obras. Sólo dos carriles de cada sentido estaban habilitados.

Eran ya las 9:30 y los comercios se veían muertos, sin gente. Delante de mí sólo había otro coche y las máquinas abandonadas sugerían una escena de película tipo “Terminator” o “I’m Legend” Me detuve un momento a escribir un reclamo al jefe de gobierno que mantiene la ciudad con obras tan inútiles y estúpidas como el metrobús en la Av. Insurgentes – sé que hay gente que le encanta el metrobús, pero son los que lo toman a horas no pico y que no tienen automóvil. – Tomé un par de fotos de la obra y de un motel con un nombre sugerente y seguí mi camino.

La calle parecía suelo lunar de tanto cráter y protuberancias y volvía el pensamiento de reemplazar mi adorado coche por un “todoterreno” El humor estaba ya incontenible, eran casi las 10 y yo todavía veía lejos el 941 de la mugre plaza. Llegué a Periférico y el tráfico parecía el de cualquier día entre semana. Los microbuses ocupando los 3 carriles buscando ganarse el pasaje entre sí. Los policías inútiles impávidos aleteaban las manos como si eso fuera a hacer más fluido el tránsito en vez de multar o meterles un balazo a esos parásitos que tratan a su pasaje como ganado en vez de como personas.

Mientras mentaba madres, no se me ocurrió buscar en la App “Estoy en el mapa” la localización de la Plaza Aristeum y me seguí por Ermita Iztapalapa observando el puntito rojo donde se suponía iba a aparecer Cablevisión como si fuera Jesús resucitado a sus discípulos.

10 de la mañana y observé la computadora de viaje con unas estadísticas de miedo: “1hr 40min, 25Km, 4.5Km/L” O sea que llevaba manejando casi 2hrs a una velocidad promedio de 15Km/hr y gastando 5 y medio litros de gasolina. Eso ameritó un “¡No mames!” de mi ronco pecho.

Al llegar casi a la salida de Puebla vi un súper y pensé – “Esa debe ser la jodida plaza Eliseo o como quera que sea su chingado nombre” – me dí vuelta en “U” y casi se me estampa del lado derecho una guayín Fairmont de los 80s.En ese momento me orillé para tomar un respiro y calmarme un poco.

10:20, abrí la App para localizar la plaza en el mapa y oh sorpresa. La plaza estaba en el cruce del Eje 3 y Eje 8, es decir, a 10Km al menos de donde yo estaba. Ok… tranquilo Rod. Puse en el iPhone la selección de música de los 80s aprovechando que un coche ochentero me iba a dar un reality check, respiré hondo y fue en ese momento cuando vino a mi mente el dichoso dicho “El que se enoja pierde” (y a mi me fue bien después de todo) Por andarme confiando de los mapas del GPS casi me chocan, gasté tiempo, gasolina y metí mi coche en unos lodazales que parecía que me había ido a jugar Gotcha con él. Si tan sólo me hubiera calmado y hecho mi búsqueda con calma, la búsqueda en la mañana!!!!

Lo natural hubiera sido: buscar serenamente la sucursal adecuada, seguro hubiera desayunado rico, nutritivo y a buena hora. Acudido a Plaza Loreto tranquilamente a las 11 de la mañana, hecho mi pago sin problemas y tal vez tomado un cafecito en algún Starbucks. O en su defecto, tal vez hubiera ido a la ahora sacrosanta plaza Aristeum, pero tomando Calz de Tlalpan y llegando a las 10 en punto o incluso antes. Pero hoy debía de aprender mi lección.

Eran las 10:41 y salía de la dichosa plaza con mi ticket de pago del servicio y pensando – “Nada más falta que activen el servicio hasta el lunes” – de haber sido así, esta entrada hubiera aparecido mañana por la tarde y no fue así. La lección está aprendida: el que se enoja pierde y no hay que confiarse de los GPS o de las rutas alternas 😉

Abur

Shortlink de esta entrada: http://tiny.cc/syu6p


Todo lo que ocurre en un mismo espacio, en un mismo tiempo…

Conduciendo mi coche por las calles por las calles de Jesús María – en el centro de la Ciudad de México – me encontré detenido por más de 30 minutos gracias a que – por alguna razón desconocida para mí – estaba cerrado el acceso a 20 de Noviembre para llegar a la Plaza de la Constitución. iPhone en mano me puse a leer Tweets, Facebook, noticias cuando a mi izquierda un señor llamó mi atención. Se pegó a una jardinera y volteaba rápidamente hacia todas partes, como esos niños que están a punto de hacer una travesura y se aseguran que sus padres no los vean. Con la mano derecha se detuvo de una barda y con la izquierda se dispuso a hacer lo que tenía que hacer.

Ya que tenía el teléfono en mano, dos clics en el “Home Button” ejecutan la App de la cámara y me dispuse a guardar el momento para la posteridad. Pasaba gente, algunos notaron al señor en “proceso” otros no. Espere unos segundos y tomé esta foto

091024JesusMaria

Interesante … gracias a que estuvimos detenidos tanto tiempo, pude captar el momento para siempre =)

El título de la entrada se lo debo a @catrielasoleri que hizo un RT en Twitter.

Feliz sábado por la noche


Lo más natural

091018JHetfieldMexicoManejando por Interlomas y con los vidrios abajo – ya que con el tránsito parado el AC gasta más gasolina que avanzando – Voy escuchando los sonidos guturales (gruñidos) que emite la garganta de George “Corpsegrinder” Fisher- actual vocalista de Cannibal Corpse – en el cover “No Remorse” original de Metallica.

Junto a mi varios autos, algunos también con los vidrios abajo. Uno de estos autos lo conducia una señora de unos 50 años. Lo más natural hubiera sido que me enviara una mirada de “qué es eso que oyes?” sin embargo no fue así.

Primero puso cara de extrañeza sin voltear todavía a buscar el origen de la música que llegaba a sus oídos. Después puso cara de “creo que ya la había oído” porque asintío con un movimiento de su cabeza de arriba para abajo y volteó a verme haciéndome una seña conla mano. Esa seña como apagando fuego 😉 y que me indicaba que bajara el volumen. En realidad no estaba fuerte; acostumbro usar un volumen moderado que no sea molesto para mis camaradas conductores 😉 En fin, – pensé – la señora es sensible y presione el “mute” en el volante.

Acto seguido, la señora saca un poco la cabeza por su ventanilla y me dice: “oiga joven, esa no la toca Metallica?” Wow! que agradable pregunta! – pensé – y le contesté “Así es, es original de ellos pero este es cover de Cannibal Corpse.” – le dije con una sonrisa de oreja a oreja en mi cara. Avanzamos un poco y la señora me alcanza a decir “suena bien también. Gracias. Suerte!” ya sólo alcance a hacer una reverencia con la cabeza en señal de afirmación.

Avanzamos yo dirigiéndome hacia Industria militar y ella hacia Conscripto. Qué curioso, eso fue lo más natural 😉 jaja tenía que compartirlo.

Abur